Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 18 febrero de 2025

Día Litúrgico 18 de Febrero de 2025
Martes de la sexta semana del tiempo ordinario.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (8, 13-21)

Jesús volvió a embarcarse hacia la otra orilla del lago.

Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: “Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes”. Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.

Jesús se dio cuenta y les dijo: “¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?” Ellos le respondieron: “Doce”.

“Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?”

Ellos le respondieron: “Siete”.

Entonces Jesús les dijo: “¿Todavía no comprenden?”

Palabra del Señor.

Reflexión

En el pasaje evangélico de hoy se combina un aviso de Jesús sobre la levadura de los fariseos con un fuerte reproche a sus discípulos por no haber comprendido la precedente multiplicación de los panes.

Jesús va sacando enseñanzas de las cosas de la vida, aunque sus oyentes esta vez, como tantas otras, no acaban de entenderlo. ¿Qué quiere decir Jesús con lo de la levadura de los fariseos y la levadura de Herodes? La levadura es un elemento mínimo, sencillo, pero que puede hacer fermentar en bien o en mal a toda una masa de pan. La levadura en este contexto ha de entenderse en sentido simbólico: una levadura buena o mala, dentro de una comunidad, la puede enriquecer o destruir. Jesús quiere que sus discípulos eviten la levadura de los fariseos y de Herodes. Esa “levadura” es equivalente a hipocresía, legalismo, superficialidad. Ellos no quieren que la Gracia de Dios sea conocida, más bien se la pasan cundiendo al mundo de mala levadura, sembrando cizaña. De todo eso quiere Jesús que se aparten sus discípulos.

Concretando un poco más, esa levadura no es otra cosa que el rechazo permanente que estas figuras tuvieron hacia Jesús, hasta condenarlo al suplicio de la Cruz.

El aviso de Jesús sobre la levadura es una salvaguardia contra las falsas esperanzas mesiánicas de tipo temporal y triunfalista; y, al mismo tiempo, es una invitación a reconocer su auténtica mesianidad. Todo el pasaje prepara la confesión de fe en Jesús como mesías de Dios. El apóstol Pedro será el portavoz de sus compañeros.

Como veíamos ayer, la tentación que repetidas veces se le sugirió a Cristo fue la del poder y la fuerza. Esta ha sido también la tentación de la comunidad eclesial desde los tiempos del emperador Constantino hasta nuestros días. Sin embargo, “lo mismo que Cristo realizó la obra de la redención en pobreza y persecución, de igual modo la Iglesia está destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvación a los hombres”.

Tenemos que aprender bien esta lección: la flaqueza de la cruz de Cristo es la fuerza salvadora de Dios. Como decía san Pablo: “Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos y necedad para los griegos; pero para los llamados a Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios”.

En los fariseos la levadura mala podía ser la hipocresía o el legalismo, en Herodes el sensualismo o la superficialidad interesada: ¿cuál es esa levadura mala que hay dentro de nosotros y que corrompe todo lo que miramos, decimos y hacemos? ¿Qué hacemos para que esa levadura no contamine nuestra vida?

Guárdanos, Señor, de la levadura de la increencia y de avergonzarnos quizás del evangelio. Abre nuestros ojos, mente y corazón para captar tu cariño y responderte como tú mereces. Queremos borrar la vieja levadura y ser hombres y mujeres nuevos nacidos de tu Espíritu y de tu Palabra. Amén.

Bendiciones

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