Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 3 de enero de 2025

Día litúrgico: Navidad: 3 de enero

3 de enero: El Santísimo Nombre de Jesús

Texto del Evangelio (Jn 1,29-34):

Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.  A él me refería, cuando dije:

Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.

Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel”.

Y Juan dio este testimonio: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre Él.  Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo».

Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy, inmersos en el ciclo de Navidad, celebramos el Santísimo Nombre de Jesús. La veneración del Nombre de Jesús surgió en el siglo XIV. San Bernardino de Siena y sus discípulos difundieron esta devoción: «Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los patriarcas, esperado con ansiedad, suplicado con gemidos, invocado con suspiros, requerido con lágrimas, dado al llegar la plenitud de la gracia» (San Bernardino).

Después de diversas vicisitudes litúrgicas, san Juan Pablo II restableció esta celebración en el misal romano. En este día —justamente— los jesuitas celebran el título de su “Compañía de Jesús”.

Jesús es perfecto Dios y perfecto hombre. Y, como tal, sus padres «le pusieron el nombre de Jesús» (Lc 2,21). “Jeshua” significa “Dios es salvación”. He aquí un Nombre —el Santísimo Nombre de Jesús— que merece toda la veneración y total respeto. Así lo indica el segundo mandamiento de la Ley de Dios… Y así nos lo enseñó el propio Jesús: «Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre…».

En el evangelio nos encontramos ante el testimonio de Juan el Bautista sobre Jesús. «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Esta confesión de fe del Bautista ha pasado a formar parte de la vida de todos los creyentes. La escuchamos en cada Eucaristía, la repite el sacerdote antes de la comunión. Quizá por eso nos hemos acostumbrado y no nos asusta la grandeza que encierra este Misterio de amor.

Jesús es el portador de la salud, de la salvación que quita el pecado del mundo y de todos nosotros. Algo que necesitamos. Juan insiste afirmando que Jesús es superior a él: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo» “Vi descender el Espíritu sobe él”, “doy testimonio de que es el Hijo de Dios”.

Jesús va más allá del bautismo de Juan pues “es el que ha bautizar con Espíritu Santo”. El resumen de la vida de Juan el Bautista está en su frase referida a Jesús: “Conviene que el crezca y yo disminuya”.

Las lecturas de hoy nos hacen mirar a los demás con ojos nuevos: porque ellos también son hijos del mismo Dios, y por tanto hermanos nuestros. Si queremos ser testigos auténticos de Jesús en el mundo, debemos esforzarnos por vivir una relación de comunión cada vez más estrecha con Él. Y esto no solo se logra en la oración, sino con nuestras actitudes de servicio y solidaridad con los hermanos más necesitados. Así también nosotros a imitación del Bautista, podremos seguir mostrando a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Cada Eucaristía debería aumentar nuestro amor de hijos, nuestra confianza en el poder perdonador de Cristo, y a la vez nuestra actitud más fraterna con todas las personas que encontramos en nuestro camino.

Como fruto de esta Navidad, ¿seremos mejores testigos de Cristo, como el Bautista? ¿Nuestra vida y todo lo que hacemos tiene como referencia a Jesús? ¿Qué estoy diciendo de Él con mis gestos y palabras?

Señor Jesús, ayúdanos a no quedarnos en la superficialidad de quienes solo oyen hablar de ti, pero no tienen una relación personal para conocer tu voluntad. Amén.

Bendiciones.

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