Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 29 de octubre de 2024

Día litúrgico: Martes 30 del tiempo Ordinario

Texto del Evangelio (Lc 13,18-21):

Jesús dijo:

“¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas”.

Dijo también: “¿Con qué podré comparar el Reino de Dios? Se parece a un poco de levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa”.

Palabra del Señor.

Reflexión

El evangelio de hoy, mediante dos parábolas, pone ante nuestros ojos una de las características propias del Reino de Dios: es algo que crece lentamente, como un grano de mostaza, pero que llega a hacerse grande hasta el punto de ofrecer cobijo a las aves del cielo, y como la levadura, tan frágil, pero resulta ser la fuerza vital y transformadora de la masa.

Aunque hoy día tengamos sobrados motivos para la preocupación, aunque parezca que el mundo va a la deriva, en su entraña hay ya una fuerza capaz de transformar la humanidad y las relaciones entre los hombres. Es la diminuta simiente y el fermento del Reino de Dios. Esa semilla y ese fermento es Cristo Resucitado que en su misterio pascual de muerte y resurrección transforma desde dentro el curso de la historia humana.

A veces nos podría dar la impresión de que nada ha cambiado en nuestra vida o en nuestros ambientes; que todo nuestro trabajo apostólico y nuestro esfuerzo por instaurar «el Reino de Dios» ha sido en vano. Tantos años de evangelización y aún el pecado reina en tantos lugares, esto sería como para desanimar a cualquiera.

Sin embargo, si miramos atentamente, nos daremos cuenta que «la levadura» está haciendo su efecto y que la masa, aunque despacio, va fermentando. Lo importante para que fermente la masa es que tenga levadura; si la levadura está presente, tarde o temprano toda la masa terminará por fermentar.

De manera que no nos desanimemos; Dios nos pide ser «levadura», llevar a todos nuestros ambientes el «buen aroma del evangelio»; de lo demás, él mismo se encargará a su debido tiempo. Si tu vida y tu testimonio son acordes con el evangelio, tarde o temprano el Reino será una realidad visible como el árbol de mostaza.

Así crecen las iniciativas de Dios. Esa es la fuerza expansiva que posee su Palabra, como la que ha dado en el orden cósmico a la humilde semilla que se entierra y muere. Estas palabras de Jesús corrigen nuestras perspectivas. Nos enseñan a tener paciencia y a no precipitarnos, a recordar que Dios tiene predilección por los humildes y sencillos, y no por los que humanamente son aplaudidos por su eficacia. Su Reino –su Palabra, su Evangelio, su Gracia– actúa, también hoy, humildemente, desde dentro, vivificado por el Espíritu.

No nos dejemos desalentar por las apariencias de fracaso o de lentitud: la Iglesia sigue creciendo en silencio, con la fuerza de Dios. Un árbol seco que cae estrepitosamente hace mucho ruido, y puede provocar un escándalo en la Iglesia. Fijémonos más bien en tantos y tantos árboles que, silenciosamente, viven y están creciendo. Abunda más el bien que el mal, aunque este se vea más.

Lo que sí tenemos que cuidar es el no caer nosotros mismos en la pereza y en el conformismo. Estamos destinados a crecer y a producir fruto, a ser levadura en el ambiente en que vivimos, ayudando a este mundo a transformarse en un cielo nuevo y en una tierra nueva.

¿Caemos fácilmente en el desánimo y la desesperanza, creyendo que estamos perdiendo el tiempo y el esfuerzo cuando no vemos resultados inmediatos en nuestro crecimiento espiritual? ¿Somos conscientes de que el Reino de Dios está presente en medio de nosotros y que crece de manera misteriosa difundiéndose en la historia de cada hombre, en la Iglesia?

Señor Jesús, ayúdanos a ser como la semilla que necesita de la fecundidad del Espíritu Santo para crecer y dar frutos buenos y abundantes, que agraden a Dios. Amén.

Bendiciones.

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