Día litúrgico: Lunes 19 del tiempo ordinario
12 de agosto: Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa
Texto del Evangelio (Mt 17,22-27):
Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres: lo matarán y al tercer día resucitará”. Y ellos quedaron muy apenados.
Al llegar a Cafarnaúm, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: “¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?” “Sí, lo paga”, respondió.
Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: “¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?” Y como Pedro respondió: “De los extraños”, Jesús le dijo: “Eso quiere decir que los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti”.
Palabra del Señor.
Reflexión
En el evangelio de hoy vemos, por una parte, a Jesús que anuncia a sus discípulos por segunda vez, su pasión, muerte y resurreccion y luego la conversación que sostuvo a solas con Pedro, sobre el pago de los impuestos al templo.
Es digno destacar algo que está presente a lo largo de todo el texto: el trato familiar de Jesús con los suyos. Dice san Mateo que Jesús y los discípulos iban juntos por Galilea. Pudiera parecer algo evidente, pero el hecho de mencionar que iban juntos nos muestra cómo el evangelista quiere remarcar la cercanía de Cristo. Luego les abre su Corazón para confiarles el camino de su Pasión, Muerte y Resurrección, es decir, algo que él lleva muy adentro y que no quiere que, aquellos a quienes tanto ama, ignoren.
La reacción de los discípulos ante este anuncio, es de tristeza, pero parece que los apóstoles han comprendido que el camino de Jesús no está exento de dificultades, que su proyecto trae consigo el dolor, la muerte, pero también la esperanza de una nueva vida.
Posteriormente, el texto recoge el episodio del pago de los impuestos, que según la respuesta de Pedro solo están obligados a pagarlo los extraños y no los hijos. Parece una situación casi surrealista: el hombre reclama pago de impuestos a Dios. ¡El Rey de reyes! ¿Tiene eso sentido? Él lo ha dado todo, incluso su propia vida. El mayor tributo que pagó fue su propia Sangre. ¿No somos nosotros quienes debemos rendirle tributo a Él?
Pero como Jesús «no va de Dios por la vida» pues se ha hecho Hombre, es consecuente y cumple como todos, finalmente le muestra a Pedro como conseguir el dinero necesario para pagar el tributo no sólo por él, sino por los dos para no provocar conflictos ni ser motivo de escándalo.
Jesús, aún teniendo la calidad de Hijo de Dios, no hace uso de algún privilegio sino más bien, cumple con su deber en todo. Con su ejemplo nos enseña a saber cumplir como cristianos, con los deberes sociales, políticos y religiosos, colaborando al bien común.
No pertenecemos a este mundo, pero vivimos en él y tenemos la encomienda recibida de Jesús de transformarlo. Seamos responsables en todo lo que concierne a la vida civil, política y social de nuestro país, hagamos de él (cada uno de acuerdo al don que Dios le ha dado) un lugar en donde el amor y la paz sean una verdadera realidad.
El sufrimiento y la cruz ¿Nos desaniman y entristecen como a los discípulos? ¿Somos ciudadanos responsables en el cumplimiento de nuestros deberes cívicos y religiosos? ¿Vigilamos para que los administradores de los bienes comunes sean honestos?
Ilumina, Señor, la mente de jueces y gobernantes para que procedan siempre en defensa de la vida y la dignidad de las personas, siendo heraldos de la justicia. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza