Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 15 de marzo de 2024

Día litúrgico: Viernes 4 de Cuaresma

Texto del Evangelio (Jn 7,1-2.10.14.25-30):

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.

Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también Él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. Promediaba ya la celebración de la fiesta, cuando Jesús subió al Templo y comenzó a enseñar.

Algunos de Jerusalén decían: “¿No es éste Aquél a quien querían matar? ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es éste; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es”.

Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: “¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy?

Sin embargo, Yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen.

Yo sí lo conozco, porque vengo de Él y es Él el que me envió”.

Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre Él, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor.

Reflexión

El pasaje del evangelio de hoy nos presenta una escena ambientada en el templo de Jerusalén. Primeramente Jesús se encuentra en Galilea, y no quiere ir a Jerusalén porque ya era algo sabido que las autoridades del pueblo querían matarle para impedir que siguiera predicando. Sin embargo, al acercarse la fiesta de las Tiendas decide ir al templo evitando dejarse ver. Mientras está en Jerusalén probablemente es reconocido, y en seguida se abre entre la gente, un debate sobre Él.

El texto nos permite contemplar la confusión que surgió sobre la identidad y la misión de Jesucristo. Cuando la gente es puesta cara a cara ante Jesús, hay malentendidos y presunciones acerca de quién es Él, cómo en Él se cumplen o no las profecías del Antiguo Testamento y sobre lo que Él realizará. Las suposiciones y los prejuicios conducen a la frustración y a la ira. Esto ha sido siempre así: la confusión alrededor de Cristo y de la enseñanza de la Iglesia despierta controversia y división religiosa. ¡El rebaño se dispersa si las ovejas no reconocen a su pastor!

También en el mundo de hoy, junto a muchas personas que creen y aceptan a Cristo, hay otras muchas que han optado por ignorarlo, o incluso por perseguir toda idea suya.

Sus seguidores corren igual suerte. Una sociedad que va perdiendo valores fundamentales, acusa el impacto del testimonio de los creyentes. Los verdaderos profetas son con frecuencia perseguidos. Los falsos, los que no se preocupan de transmitir lo que Dios dice, sino lo que gusta a la gente, esos sí que prosperan.

Lo de perseguir al profeta le puede pasar al Papa, si lo que dice no gusta. A unos obispos o a unos misioneros, si su voz se levanta para denunciar injusticias o situaciones que afectan a intereses de poderosos. También nos puede pasar a cada uno de nosotros, si con nuestra vida damos un testimonio de valores diferentes, porque vivimos en sentido inverso de lo que es moda o de lo que dicen las estadísticas sociológicas. O sea, si damos testimonio del evangelio de Jesús, que no coincide con el del mundo.

Tal vez no llegaremos a ser perseguidos y amenazados de muerte, pero sí desacreditados o ridiculizados o simplemente ignorados. No deberíamos asustarnos demasiado. Todos estamos comprometidos en la batalla entre el bien y el mal. Jesús fue signo de contradicción, como les anunció el anciano Simeón a María y a José. Los cristianos, si somos luz y sal, podemos también resultar molestos en el ambiente en que nos movemos. Lo triste sería que no diéramos ninguna clase de testimonio, que fuéramos insípidos, incapaces de iluminar o interpelar a nadie.

Definitivamente seguir al Señor no nos va a hacer populares, todo lo contrario, vamos a encontrar oposición, vamos a causar incomodidad. Y esto es así no porque seamos unos conflictivos o busca pleitos, sino porque estamos llamados a traer este mundo a Cristo, a vivir la caridad, a ser luz en medio del mundo. Pero en un mundo que vive en la oscuridad, prender una luz incomoda, molesta, irrita los ojos. Vayamos con valentía junto a Cristo. Hagamos lío, como nos dijo el Papa Francisco. Lío porque queremos vivir la caridad, porque queremos ser más misericordiosos con nuestros hermanos. Lío porque queremos amar a Dios sobre todas las cosas, en medio de un mundo que se ha olvidado de Dios.

¿Nuestra opción por Cristo nos mueve también a la aceptación de su cruz y de su testimonio radical? ¿Cómo asumimos los rechazos y sufrimientos a causa del bien y la verdad? ¿Estamos dispuestos de verdad a celebrar la Pascua con Él?

Señor Jesús, que fuiste fiel a la misión que el Padre te confió, a riesgo de tu propia vida, danos valor y entusiasmo para seguir tus huellas. Amén.

Bendiciones.

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