Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy lunes 8 de enero de 2024

Día litúrgico: Lunes 1 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 1, 7-11):

Juan Bautista predicaba, diciendo:

“Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo”.

En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre Él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. Concluye el ciclo de Navidad e iniciamos la primera etapa del tiempo ordinario. Este año contemplamos la escena del Bautismo del Señor, en la narración de San Marcos. El bautismo del Señor, o «teofanía del Jordán», es un misterio importante de nuestra fe, pues funda el sacramento del bautismo cristiano.

Juan se había presentado en el desierto y predicaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. La gente iba a escucharlo, confesaban sus pecados y se hacían bautizar por él en el río Jordán. Entre aquella gente se presentó también Jesús para ser bautizado.

En las fiestas de Navidad hemos visto como Jesús se manifestó a los pastores y a los magos que, llegando desde Oriente, lo adoraron y le ofrecieron sus dones. Y allí, en el Jordán, se produjo una nueva manifestación de la divinidad de Jesús: el cielo se abrió y el Espíritu Santo, en forma de paloma descendió hacia Él y se oyó la voz del Padre: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco». Es el Padre del cielo en este caso y el Espíritu Santo quienes lo manifiestan. Es Dios mismo que nos revela quién es Jesús, su Hijo amado.

Esta revelación no era sólo para Juan y los judíos. Es también para nosotros. El mismo Jesús, el Hijo amado del Padre, manifestado a los judíos en el Jordán, se manifiesta continuamente a nosotros cada día. En la Iglesia, en la oración, en los hermanos, en el Bautismo que hemos recibido y que nos ha hecho hijos del mismo Padre y hermanos entre sí.

Esta fiesta es una bella oportunidad para reflexionar sobre el significado de nuestro propio bautismo y renovar los compromisos que en él hemos adquirido, así como dar gracias a Dios por el gran regalo de hacernos hijos suyos. Dice el Papa Francisco: «Lo que Dios quiere del hombre es una relación “papá-hijo”, acariciarlo, y le dice: ‘Yo estoy contigo’».

También a nosotros el Padre del cielo, en medio de nuestras luchas y dificultades, nos dice: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».

Termina la Navidad. Pero a partir de hoy seguiremos desarrollando la gracia de nuestro bautismo y nuestra respuesta de fe, escuchando, ante todo, en las lecturas de la Eucaristía, cómo actúa Jesús durante su vida, curando a los enfermos, consolando a los atribulados, perdonando a los pecadores, resucitando a los muertos, enseñando los caminos de Dios y la buena noticia de la salvación.

¿Vivo una verdadera relación de amor filial con Dios? ¿Somos conscientes de la misión que nos ha confiado el Padre? ¿Logramos expresarla en la vida normal o nos limitamos a esperar las grandes ocasiones?

Mora en nosotros, Espíritu del Padre, y guíanos a la verdad y al conocimiento del Hijo de Dios que nos redime y nos hace ser una sola cosa con Él, para que en nosotros pueda también el Padre complacerse. Amén.

Bendiciones.

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