Día litúrgico: Viernes 34 del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 21,29-33):
Jesús, hablando a sus discípulos acerca de su venida, les hizo esta comparación:
Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Palabra del Señor.
Reflexión
Estamos al final del tiempo litúrgico, y el evangelio de hoy nos trae las recomendaciones finales del discurso Apocalíptico que a veces incomoda o preocupa. Jesús nos invita ver las señales que se muestran en nuestro tiempo y época y, a reconocer en ellas la cercanía del Reino de Dios, del mismo modo que los frutos de los árboles anticipan el comienzo del verano. La gente que vive en el campo entiende muy bien los signos de la naturaleza de los que habla Jesús: lo que anuncia el brote de una higuera, qué signo anuncia el frío o el calor, cuándo va a llover…, signos que avisan de lo que está a punto de acontecer.
Las palabras de Jesús siguen hoy más presentes que nunca para el que sepa ver con los ojos de la fe y los dictados de Amor que el Señor nos suscita en los acontecimientos de cada día. El problema radica en nuestra ceguera: tenemos unos ojos y un corazón acostumbrados “a lo de siempre”, a esa rutina que, sin darnos cuenta, nos introduce en una dinámica de “visible” oscuridad que nos impide ver que la higuera comienza a producir sus frutos.
La primera lectura de hoy tomada del libro de Daniel, nos ayuda a situarnos en una actitud de mirada profética hacia el futuro, al final de los tiempos, con el reinado universal y definitivo de Cristo, el Triunfador de la muerte, como celebramos el domingo pasado en la solemnidad de Cristo, Rey del Universo, y que seguiremos haciendo durante el Adviento.
Jesús inauguró ya hace dos mil años el Reino de Dios. Pero todavía está madurando, y no ha alcanzado su plenitud. Eso nos lo ha encomendado a nosotros, a su Iglesia, animada en todo momento por el Espíritu. Como el árbol tiene savia interior, y recibe de la tierra su alimento, y produce a su tiempo brotes y luego hojas y flores y frutos, así la historia que Cristo inició.
Mientras el Reino acontece, nos queda ir descubriéndolo y viviéndolo. En la vida del día a día debemos descubrir su presencia, aprender a descifrarla ¡porque no es muy evidente! ¡Tantas veces experimentamos la presencia del antirreino!. Esto nos exige permanecer atentos, abiertos a las diferentes realidades, también a las que son nuevas. En fin, la relación con los demás, con el mundo y con Dios, nos llevará a experimentar que se hacen realidad las palabras de Jesús.
No hace falta que pensemos en la inminencia del fin del mundo. Estamos continuamente creciendo, caminando hacia adelante. Cayó Jerusalén. Luego cayó Roma. Más tarde otros muchos imperios e ideologías. Pero la comunidad de Jesús, generación tras generación, estamos intentando transmitir al mundo sus valores, evangelizando, animados en todo momento por el Espíritu Santo, para que el árbol dé frutos y la salvación alcance a todos.
En el Adviento, que empezamos mañana por la tarde, en vísperas del primer domingo, se nos exhortará a que estemos atentos a la venida del Señor a nuestra historia. Porque cada momento de nuestra vida es un “kairós”, un tiempo de gracia y de encuentro con el Dios que nos salva.
¿Descubrimos en los signos de los tiempos la presencia amorosa del Padre? ¿Tenemos temor a la segunda venida del Señor, o la esperamos, anticipándola con alegría y fe firme? ¿soy testigo de esperanza en medio de las situaciones de muerte que aparecen a mi alrededor?
Señor Jesús, concédenos un espíritu de vigilancia, para que logremos descubrir los signos que anuncian la presencia del Reino de Dios en nuestras comunidades. Amén.
Bendiciones
Regina Coeli Una Señal de Esperanza