Cartas Pastorales
El sábado 21 de octubre a las 19 hrs. se celebró la Eucaristía y Confirmación de 77 hermanos; 66 jóvenes y 11 adultos, presidida por Nuestro Obispo Monseñor Felipe Bacarreza, concelebró el Padre Rogelio Azócar, con los Hermanos Diáconos Mamerto y Patricio, y el Acólito David.

Confirmaciones parroquiales p. Nuestra Señora de Las Mercedes de Quilleco

Presentados por el Párroco al Obispo, los jóvenes y adultos provenían de la sede parroquial Quilleco, las capillas de Nuestra Señora Del Carmen de Canteras, Inmaculada Concepción de Villa Mercedes, San Lorenzo de Población San Lorencito, San Juan Pablo II de Villa Las Flores, entre otras localidades rurales de la Parroquia. La Comunidad agradece la labor catequística de Hermanos y Hermanas que trabajan pastoralmente llevando el anuncio de la Buena Nueva.

“Ustedes serán la fuerza de Dios para que sean mis testigos”, fue parte del mensaje de Monseñor, además en su homilía, instó a las personas que asistieron acompañando a los confirmados a considerar la Eucaristía como el centro de nuestra vida cristiana, constituyéndose como el sacramento más importante, y la asistencia a la misa dominical el sentido real de nuestra participación en la Iglesia.

La confirmación en la Biblia y en la historia de la Iglesia

En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado. En el libro del Profeta Isaías se pone en labios del Mesías las siguientes palabras «El espíritu del Señor Yahvéh está sobre mí, por cuanto me ha ungido Yahvéh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado» (Isaías 61 1-2).

Algo similar se anuncia también para el entero pueblo de Dios; a sus miembros Dios dice: «infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos» (Ezequiel 36,27).

El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que Él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios. Habiendo sido concebido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre le da «sin medida».

En repetidas ocasiones, Cristo prometió esta efusión del Espíritu, promesa que realizó primero el día de Pascua y luego, de manera más manifiesta, el día de Pentecostés. Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar las maravillas de Dios y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos. Los Hechos de los apóstoles cuentan que los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo mediante la imposición de las manos y la oración. Es esta imposición de las manos la que ha sido con toda razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen del sacramento de la Confirmación, el cual perpetúa en la Iglesia, la gracia de Pentecostés.

Este cuadro bíblico se completa con la tradición paulina y joánica que vincula los conceptos de «unción» y «sello» con el Espíritu infundido sobre los cristianos. Esto último encontró expresión litúrgica ya en los más antiguos documentos, con la unción del candidato con óleo perfumado. Esta unción ilustra el nombre de «cristiano», que significa «ungido», y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que «Dios ungió con el Espíritu Santo». Y este rito de la unción existe hasta nuestros días tanto en Oriente como en Occidente. Por eso, en Oriente se llama a este sacramento crismación, unción con el crisma, o myron, que significa «crisma». En Occidente el nombre de Confirmación sugiere que este sacramento al mismo tiempo confirma el Bautismo y robustece la gracia bautismal.

Como se lee en los Hechos de los apóstoles, este sacramento se vivía ya en la Iglesia primitiva: «Al enterarse los Apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaría había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo» (Hechos de los Apóstoles 8,14-17).

Cristian Escobar San Martín

Corresponsal

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