Día litúrgico: Martes 17 del tiempo ordinario
1 de Agosto: San Alfonso Mª de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia
Texto del Evangelio (Mt 13,36-43):
Dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”.
Él les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviara a sus ángeles, y éstos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.
¡El que tenga oídos, que oiga!”
Palabra del Señor.
Reflexión
En el evangelio de hoy, encontramos la explicación de la parábola del trigo y la cizaña. Jesús usa la imagen del campo para explicar tanto la presencia del bien como la del mal en el mundo y para ilustrar cómo esas fuerzas se manifestarán al final de los tiempos.
La parábola del trigo y la cizaña nos habla de que nuestra vida será sometida a evaluación y juicio, una especie de revisión de vida definitiva. Para que quede claro que no todo da igual en la vida, que no es lo mismo la verdad que la mentira, la justicia que la injusticia, el amor que el odio, la paz que la violencia.
En este mundo andan mezclados el trigo y la cizaña, el bien y el mal. Dios actúa pero también el enemigo «encizaña». Es cierto que un Dios misericordioso invita a la misericordia, a la compasión, al perdón, a la paciencia, a la tolerancia. Pero también la parábola deja claro que no todo da lo mismo, que habrá un momento final en el que sólo el trigo valdrá la pena.
Mientras tanto, el bien y el mal coexisten en nuestro campo. No nos deberíamos escandalizar demasiado fácilmente del mal que nos parece ver a nuestro alrededor. Y, en todo caso, hemos de ser tolerantes, con paciencia “escatológica”. Al que mas le tendría que afectar que haya nacido cizaña en su campo es al Sembrador. La parábola nos enseña que hay que saber esperar, respetando la libertad de las personas y el ritmo de los tiempos, pues Dios sigue creyendo en el hombre, a pesar de todo.
A nosotros nos corresponde discernir el bien y el mal, pues no todo es trigo y luchar para que triunfen los valores que ha sembrado Jesús. Debemos seguir rezando “venga a nosotros tu Reino” y “líbranos del mal, es decir del maligno”. Convivir con el mal no significa aceptarlo.
En nuestra oración, ofrezcamos a Dios el bien qué hay en nosotros y el bien que hacemos a los demás para que lo fortalezca; presentémosle también lo que es débil y frágil para que lo sane.
Demos gracias por los frutos de la fe y por la bondad que Jesús infunde en nuestra vida. Reconozcamos en su presencia cualquier debilidad que nos impida florecer como hijos o hijas de Dios, y a la luz de su gran amor por nosotros pidámosle que nos perdone.
¿Favorecemos el crecimiento del Reino de Dios en nosotros y en nuestras comunidades mediante la escucha atenta y efectiva de la Palabra y el cultivo de la vida sacramental? ¿Somos conscientes de que no todo es trigo y que debemos luchar para que triunfen el bien y los valores que ha sembrado Jesús? ¿En el campo de mi vida, prevalece el trigo o la cizaña?
Pidamos al Señor que nos ayude a crecer en la paciencia, en la esperanza y en la misericordia con todos los hermanos, para que al final de la vida la cosecha de amor sea abundante a sus ojos. Amén.
Bendiciones
Regina Coeli Una Señal de Esperanza