Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 13 de junio de 2023

Día litúrgico: Martes 10 del tiempo ordinario

13 de junio: San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Mt 5,13-16):

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy y después de las bienaventuranzas, Mateo nos trae dos imágenes que usa Jesús para indicar el estilo de vida que quiere de sus discípulos: la sal y la luz. Mediante estas imágenes llenas de significado —la «sal de la tierra» y la «luz del mundo»—, Jesús quiere transmitir a sus discípulos el sentido de su misión y de su testimonio. La «sal», en la cultura de Oriente Medio, evoca varios valores como la alianza, la solidaridad, la vida y la sabiduría. La luz, por su parte, es la primera obra de Dios creador y es fuente de la vida; la misma Palabra de Dios es comparada con la luz.

La sabiduría sintetiza en sí los efectos benéficos de la sal y de la luz: de hecho, los discípulos del Señor están llamados a dar nuevo «sabor» al mundo, y a preservarlo de la corrupción, con la sabiduría de Dios, que resplandece plenamente en el rostro del Hijo.

Ser sal y ser luz son dos tareas que Jesús encomendó a sus discípulos y que nos encomienda hoy a nosotros, sus seguidores.

El uso más común que tiene la sal es para sazonar los alimentos, pero hay que ser muy precisos en las cantidades para que la comida esté buena. Si nos quedamos cortos decimos que la comida está sosa, que no sabe a nada; pero si nos pasamos, estropeamos el plato porque sólo sabe a sal. El secreto para que sea útil está en la cantidad y en el hecho de que tiene que desaparecer para cumplir su misión. Así también, la tarea del evangelizador será eficaz para la salvación de las almas, si no se anuncia a sí mismo, o sea, si desaparece; si no se pone en el centro; si no calla por miedo; si no es un surtidor de palabras sino que pronuncia las palabras oportunas para atraer a todos a Cristo.

La luz tiene la misión de iluminar. Cuando caminamos en la oscuridad de la noche, basta una pequeña luz que ilumine donde tenemos que pisar para poder avanzar. Así, nuestra vida tiene que ser una luz que marque el camino hacia Dios a los que nos rodean. Jesús nos invita a ser luz que ilumine, no que deslumbre y confunda.

Para ser sal que de sabor y luz que ilumine, es muy importante la mesura, un comportamiento sin estridencias, que nos permita estar en el mundo de un modo diferente pero que nadie se sienta invadido en su intimidad, sino invitado a vivir una nueva vida.

Nos ayudará en esta tarea no dejarnos arrastrar por la tibieza, enfermedad del alma que nos atrofia el entendimiento y la voluntad. La tibieza desvirtúa la vida del creyente, porque apaga el amor y oscurece la fe; pudiendo convertirse en un estorbo en la tarea de la evangelización.

No podemos perder el sabor y la luminosidad cristiana diluyéndolos en palabrerías, ni siquiera en meras prácticas piadosas. Si la gente ve nuestra fe y nuestra conducta orientada a la fraternidad y al amor, nos reconocerán como portadores de la luz de Cristo y darán gloria al Padre. Como la sal y la luz, nuestra fe y vida cristiana no admite términos medios: o transforma e ilumina la vida, o no sirve para nada.

Nuestra Iglesia necesita de tu vida de santidad, de tu testimonio; no escondas a Jesús, déjalo obrar en tu vida, para que se note.

¿Nuestras obras son realmente “buenas”, hasta el punto de invitar a quienes las observan a dar gloria a Dios? ¿En qué ocasiones de nuestra vida perdemos “luminosidad” y “sabor”? ¿Cuál de estas dos imágenes me cuesta más vivir?

Señor, tú que eres la luz del mundo, haz que nuestra vida sea “luminosa” y “sabrosa”. No permitas que nuestros días transcurran en lo trivial y en lo superficial. Dale sentido a nuestras acciones, llena nuestros vacíos e ilumina nuestras tinieblas. Amén.

Bendiciones.

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