Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy lunes 16 de enero de 2023

Día litúrgico: Lunes 2 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 2,18-22):

Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?” Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!”

Palabra del Señor.

Reflexión

En el Evangelio de hoy nos encontramos con un tercer motivo de enfrentamiento de Jesús con los fariseos: después del perdón de los pecados y la elección del publicano, ahora murmuran sorprendidos que Jesús no inculque el ayuno a sus discípulos y a los que le escuchan. Los argumentos suelen ser más bien débiles, pero muestran la oposición creciente de sus enemigos.

Los judíos ayunaban dos veces por semana, los Lunes y Jueves, dando a esta práctica un tono de espera mesiánica. También el ayuno del Bautista y sus discípulos apuntaba a la preparación de la venida del Mesías.

Jesús les da una razón fundamental: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?». El esposo, según la expresión de los profetas de Israel, indica al mismo Dios, y es manifestación del amor divino hacia los hombres. Es decir, Jesús se equipará a Yahvé. Está aquí declarando su divinidad: llama a sus discípulos «los amigos del esposo», los que están con Él, y así no necesitan ayunar porque no están separados de Él.

La Iglesia ha conservado fielmente esta práctica de ayunar, y hoy sigue teniendo sentido en nuestra vida de seguidores de Cristo, pero no como fin en sí mismo, ni como sustituto de la fe verdadera, sino más bien, como expresión de dicha fe, y según las circunstancias. Tanto humana como cristianamente nos hace bien a todos saber renunciar a algo y darlo a los demás, saber controlar nuestras apetencias y defendernos con libertad interior de las continuas urgencias del mundo al consumo de bienes que no suelen ser precisamente necesarios. Por ascética, por penitencia, por terapia purificadora. Y porque estamos en el tiempo en que la Iglesia “no ve” a su Esposo: estamos en el tiempo de su ausencia visible, en la espera de su manifestación final.

Ahora bien, este ayuno no es un “absoluto” en nuestra fe. Lo primario es la fiesta, la alegría, la gracia y la comunión. Lo prioritario es la Pascua, aunque también tengan sentido el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo como preparación e inauguración de la Pascua. También el amor supone muchas veces renuncia y ayuno. Pero este ayuno no debe disminuir el tono festivo, de alegría, de celebración nupcial de los cristianos con Cristo, el Novio.

Seguir a Jesús no consistirá nunca en el cumplimiento de una batería de obligaciones. Supone más bien, abrir la mente, el corazón, las entrañas, todo nuestro ser; para recibir cada día con asombro y alegría la «novedad» del evangelio.

¿Somos comprensivos como Jesús? ¿Aceptamos a los demás tal como son, también con sus defectos, para ayudarlos en su camino? ¿Estamos dispuestos hasta la renuncia y el dolor para poder hacer el bien a nuestro alrededor?

Gracias, Señor, porque a través de tu sacrifico en la cruz, expresión de tu sacerdocio eterno, la humanidad ha sido renovada y es posible la esperanza. Amén.

Bendiciones.

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