Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy jueves 17 de noviembre de 2022

Día litúrgico: Jueves 33 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 19,41-44):

Cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: “¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.

Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios”.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy, Tras su entrada triunfal en la ciudad de Jerusalén, Jesús se detiene un momento y llora por el destino de la ciudad, que no ha reconocido la presencia de su Salvador y ha traicionado la vocación que contiene su propio nombre: “Ciudad de la Paz”. Las palabras de Jesús hacen vislumbrar un futuro muy sombrío para la ciudad de Dios.

Es curioso que este breve pasaje sea la continuación del relato de su entrada triunfal en Jerusalén, en medio del júbilo y la aclamación de la gente. El contraste es estremecedor. De la alegría y la exaltación pasamos a una escena donde Jesús llora al contemplar a la “ciudad santa”. En esa contemplación de la ciudad, donde él sabía que iba a morir, Jesús expresa su profunda tristeza ante la cerrazón de sus paisanos. Llora ante el final que le espera y llora por lo que sufrirá ese pueblo al que él ama. Él ha venido como príncipe de la paz y ellos no han sido capaces de reconocer en su venida el gesto amoroso de Dios.

Las palabras de este evangelio parecen evocar una actitud dolorosa de ese pueblo, tal como nos lo narra el mismo san Lucas en el capítulo 13,34. En ambos textos destaca la actitud de entrega de Jesús, que llega en son de paz, y la dureza de los dirigentes del pueblo que lo rechazan y persiguen.

Sus palabras siguen resonando a lo largo del tiempo. Son muchos los que siguen rechazando el mensaje de paz que él nos trae. No solo las grandes guerras, como la que vemos en Ucrania y en otros países, sino las pequeñas batallas que se dan en nuestra vida cuando el odio, el desamor, o el rencor, manifiestan no haber acogido su mensaje con generosidad. El evangelio siempre es una llamada a depurar nuestro seguimiento desde dentro de nosotros mismos donde surge todo aquello que rompe la paz.

Orígenes tiene unas palabras que son una llamada a la reflexión: “Si, una vez instruidos sobre los misterios de la verdad, después de haber recibido la palabra del evangelio y la doctrina de la Iglesia…, alguien de entre nosotros peca, provocará lamentos y llantos, porque no se llora sobre los paganos, sino sobre aquel que después de haber formado parte de Jerusalén se ha separado de ella”.

Que la Palabra de Dios ilumine hoy todo cuanto llevemos a cabo y su fuerza nos conforte para mantener viva nuestra fe.

¿Somos como la Jerusalén por la que Jesús lloró: fríos, insensibles a todos los dones recibidos por Dios? ¿Cuántas veces te ha visitado el Señor? ¿Has reconocido su visita? ¿Le has respondido, o te has hecho el sordo? ¿Hemos llorado alguna vez viendo la situación del mundo, del país o de nuestro barrio?

Pidamos al Señor la Gracia de no ser nosotros causa de su llanto, y de unirnos a Él en el amor y diligencia por las almas de nuestros prójimos, llorando con tristeza cada vez que alguno de ellos se muestra cerrado a Dios y rezando incesantemente por su conversión. Amén.

Bendiciones

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