Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy 9 de marzo de 2022

Día litúrgico: Miércoles 1 de Cuaresma

Texto del Evangelio (Lc 11,29-32): Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: Ésta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.  Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay Alguien que es más que Salomón.

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay Alguien que es más que Jonás.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy vemos a Jesús recriminando fuertemente a los hombres de su generación por su dureza de espíritu, que rehúye la conversión. Piden un signo más contundente, para creer en el profeta de Nazaret, pero Él se remite al signo de Jonás, que el evangelista Lucas no menciona. Pero en el lugar paralelo de Mateo dice Jesús: “Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra”. He aquí la señal cumbre de Jesús: su resurrección de la muerte.

Lo que pretende Cristo es evidenciar el contraste entre la incredulidad de los judíos y la conversión radical de los habitantes de Nínive, capital de la pagana Asiria, que creyeron en la predicación del profeta Jonás. Así lo muestra la primera lectura. Pues aquí hay uno que es más que Jonás, argumenta Jesús, refiriéndose a sí mismo.

Junto con los ninivitas, la reina del sur, la reina de Saba, que vino de lejos a escuchar la sabiduría de Salomón, será también testigo de cargo contra los contemporáneos de Cristo, pues, a pesar de ser Él más grande que Salomón, no le hacen caso. Se creen muy seguros de sí mismos y de su condición de pueblo elegido, pero verán con sorpresa que Dios destina su salvación a las demás razas y naciones, pues se complace en perdonar a todo pecador que se convierte. Este es el mensaje central que, en parábola, contiene el libro y signo del profeta Jonás.

Una vez más, en esta Cuaresma la Palabra de Dios nos plantea la urgencia de la conversión ante los signos que Dios nos da de sí mismo. Si no acogemos hoy con ánimo contrito y corazón humilde la invitación de Dios, por medio de su signo personal que es Jesús, los habitantes de Nínive y la reina del sur podrían testificar contra nosotros. Mas para leer las señales de Dios hace falta una disposición de fe, porque Él no procede a base de milagros extraordinarios y publicitarios, como pedían los judíos. Dios no avasalla al hombre, sino que respeta su libertad. Él quiere un amor libre, y no el servilismo de esclavos abrumados por el poder de un milagro.

¿Sabemos leer e interpretar los signos de Dios en los acontecimientos de la historia y en las personas que encontramos a nuestro paso? ¿Respondemos a estos signos con una conversión sincera? ¿Qué estamos exigiendo nosotros para creer y adherirnos a Jesús: una voz misteriosa, un signo claro y milagroso?.

Danos, Señor, valentía para cambiar por dentro; no permitas que dudemos o te pidamos señales para creer.en ti. Danos un corazón nuevo para alabar tu nombre y manifestar en nuestra vida tu resurrección, sin avergonzarnos de tu cruz ante el mundo. Amén.

Bendiciones.

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