Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 4 de enero de 2022

Día litúrgico: Navidad: 4 de Enero

4 de Enero: Santa Elizabeth Ann Seton

Texto del Evangelio (Mc. 6, 34-44): Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde.Despide a la gente, para que vaya a las poblaciones cercanas a comprar algo para comer”.

El respondió: “Denles de comer ustedes mismos”.

Ellos le dijeron: “Habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos”.

Jesús preguntó: “¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver”.

Después de averiguarlo, dijeron: “Cinco panes y dos pescados”.

Él les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta.

Entonces él tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente.

Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado.

Los que comieron eran cinco mil hombres.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy, leemos el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Jesús es presentado como el pastor compasivo que se conmueve ante la muchedumbre que lo sigue porque son como «ovejas sin pastor» y como un nuevo Moisés, primero instruye al pueblo con su palabra y después lo alimenta multiplicando los panes y los peces.

En esta tarea incluye también a sus discípulos: «denles ustedes mismos de comer». El tema teológico que está en el trasfondo de todo el relato es la formación del nuevo pueblo de Dios, que será cuidado y alimentado por Dios, como lo fue el pueblo de Israel en el desierto; la mediadora será la Iglesia y el alimento la Eucaristía.

Los discípulos no pueden desentenderse de las necesidades humanas; Dios se manifiesta en la compasión y no se puede predicar la Palabra del Señor si quien lo hace no es capaz de conmoverse ante las necesidades de los demás, compadecerse y hacer algo para remediarlas.

Otro detalle. Cinco mil hombres comieron hasta saciarse y sobraron «doce canastos llenos de trozos de pan y de pescado». Nada debe perderse de la mesa preparada por Jesús, debe alcanzar para todos y se debe pensar también en los que no están en ese momento allí.

Los discípulos no se maravillan tanto del poder milagroso de su Maestro, cuanto del poder que tiene para dar a los hombres lo necesario para vivir bien cada día. Las palabras que dice y los hechos que Jesús realiza a favor de la humanidad no son sólo hermosas palabras o cosas teóricas, sino realidades que inciden sobre la vida y la historia de las personas y las transforman abriendo el horizonte ilimitado de la comunión con Dios.

Jesús se compadece y actúa, pero no lo hace sin la gente, sino con lo que cada uno aporta. ¿Estamos dispuestos a colaborar con Él en la obra de salvación? ¿Cómo he vivido este tiempo en que ha sido tan difícil poder comulgar? ¿Siento que el Señor es mi Pastor?

Aparta de nosotros, Señor, las excusas y el temor al compromiso. Que nunca nos dejemos vencer por la altivez que nos impide vivir con humildad y sencillez todos los días de nuestra vida. Danos un corazón compasivo, como el de tu Hijo Jesús. Amén.

Bendiciones

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