Día litúrgico: Viernes 34 del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 21,29-33): Jesús, hablando a sus discípulos acerca de su venida, les hizo esta comparación:
Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Palabra del Señor.
Reflexión
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús que continúa enseñando mediante ejemplos concretos, que son conocidos por las personas a las que se dirige. Añade algo nuevo, pero en la misma línea que hablaba ayer: la llegada del Reino de Dios estará anticipada por las señales oportunas, del mismo modo que los frutos de los árboles anticipan el comienzo del verano.
Jesús empieza utilizando la palabra “miren”. Es curioso que la emplee, ya que podría haber hecho la comparación sin ella. Podría entonces intuirse que es una especie de invitación a que aprendamos a interpretar los signos de los tiempos. La gente que vive en el campo entiende muy bien los signos de la naturaleza de los que habla Jesús: lo que anuncia el brote de una higuera, qué signo anuncia el frío o el calor, cuándo va a llover…, signos que avisan de lo que está a punto de acontecer.
El Reino ha llegado, Jesús lo inauguró ya hace dos mil años. Pero todavía está madurando, alcanzará su plenitud el día final. No sabemos cómo será, pero seguramente no como lo imaginan algunos: con grandes catástrofes o la destrucción del mundo; Dios no eliminará la vida, sería como ir contra sí mismo.
Mientras el Reino acontece, nos queda ir descubriéndolo y viviéndolo. En la vida del día a día debemos descubrir su presencia, aprender a descifrarla ¡porque no es muy evidente! ¡Tantas veces experimentamos la presencia del antirreino!. Esto nos exige permanecer atentos, abiertos a las diferentes realidades, también a las que son nuevas. En fin, la relación con los demás, con el mundo y con Dios, nos llevará a experimentar que se hacen realidad las palabras de Jesús.
No hace falta que pensemos en la inminencia del fin del mundo. Estamos continuamente creciendo, caminando hacia adelante. Cayó Jerusalén. Luego cayó Roma. Más tarde otros muchos imperios e ideologías. Pero la comunidad de Jesús, generación tras generación, estamos intentando transmitir al mundo sus valores, evangelizando, animados en todo momento por el Espíritu Santo, para que el árbol dé frutos y la salvación alcance a todos.
Permanezcamos vigilantes. En el Adviento, que empezamos mañana por la tarde, en vísperas del primer domingo, se nos exhortará a que estemos atentos a la venida del Señor a nuestra historia. Porque cada momento de nuestra vida es un kairós, un tiempo de gracia y de encuentro con el Dios que nos salva.
¿Los signos nos revelan la cercanía de Dios más que su castigo y condena? ¿Tenemos temor a la segunda venida del Señor, o la esperamos, anticipándola con alegría y fe firme? ¿soy testigo de esperanza en medio de las situaciones de muerte que aparecen a mi alrededor?
Señor Jesús, concédenos un espíritu de vigilancia, para que logremos descubrir los signos que anuncian la presencia del Reino de Dios en nuestras comunidades. Amén.
Bendiciones
Regina Coeli Una Señal de Esperanza