Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 24 de noviembre de 2021

Día litúrgico: Miércoles 34 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 21,10-19):

Jesús hablaba a sus discípulos acerca de su venida:

Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.

Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.

Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque Yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.

Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy, que es la continuación del “discurso escatológico” iniciado ayer, Jesús enumera una señal más para ayudar a las comunidades a situarse en los hechos y a no perder la fe en Dios, ni el valor para resistir contra los embates ante un contexto adverso. El segundo de los «signos premonitorios» que precederán al fin es la persecución.

Cuando Lucas escribía su evangelio, la comunidad cristiana ya tenía mucha experiencia de persecuciones, cárceles y martirios, por parte de los enemigos de fuera, y de dificultades, divisiones y traiciones desde dentro.

A lo largo de dos mil años, la Iglesia ha seguido teniendo esta misma experiencia: los cristianos han sido calumniados, odiados, perseguidos, llevados a la muerte. ¡Cuántos mártires, de todos los tiempos, también del nuestro, nos estimulan con su admirable ejemplo! Y no solo mártires de sangre, sino también los mártires callados de la vida diaria, que están cumpliendo el evangelio de Jesús y viven según sus criterios con admirable energía y constancia.

Jesús nos lo ha anunciado, en el momento en que él mismo estaba a punto de entregarse en la cruz, no para asustarnos, sino para darnos confianza, para animarnos a ser fuertes en la lucha de cada día: “Con su perseverancia salvarán sus almas”. El amor, la amistad, la fortaleza y nuestra fe, no se muestran tanto cuando todo va bien, sino cuando se ponen a prueba.

Nos lo avisó Jesús: “Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes” (Jn 15, 20), pero también nos aseguró: “Les he dicho estas cosas para que tengan paz en mí; en el mundo tendrán tribulación, pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

¿Cómo afronto las dificultades que implican ser coherente con mis creencias? ¿Prefiero negar los valores del evangelio con tal de evitar malos ratos?

¿Por qué es tan importante la perseverancia? ¿Por qué Jesús hace depender la salvación del ejercicio de esta virtud?

Envíanos, Señor, tu Espíritu para que seamos capaces de dar testimonio de tu nombre y del evangelio ante una generación orgullosa e intolerante. Concédenos el don precioso del testimonio. Que no nos dé vergüenza creer en ti. Concédenos el don de la perseverancia, a pesar del cansancio, la rutina o el miedo. Amén.

Bendiciones.

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