Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy lunes 8 de noviembre de 2021

Día litúrgico: Lunes 32 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 17,1-6): Jesús dijo a sus discípulos:

“Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquél que los ocasiona!  Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. Por lo tanto, ¡tengan cuidado!

Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: «Me arrepiento», perdónalo”.

Los Apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”.

Él respondió: “Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», ella les obedecería”.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy y en el contexto de su segunda etapa del viaje a Jerusalén, Jesús sigue instruyendo a sus discípulos, esta vez para abordar tres temas muy importantes para la vida comunitaria: el escándalo, el perdón y la fe. tres conceptos que podríamos reconocer como vitales para aplicar en una comunidad cristiana que desea tener una sana convivencia.

Jesús advierte a los discípulos para que no sean motivo de escándalo, es decir, que no sean piedra que hace tropezar. En el lenguaje bíblico escandalizar es hacer pecar a otro. “Es inevitable que haya escándalo”: Jesús mismo sabe cómo muchas veces los malos entendidos, las distintas posiciones y opciones, pueden generar escándalos. Sin embargo, él no condena el escándalo, sino a aquél que lo ocasiona, por así decir, intencionalmente, ya que posee el deseo de generar pelea, enojos y divisiones en una comunidad. El Señor considera que el escándalo es tan grande que afirma que sería mejor, para quien lo procura, que lo echaran al mar con una piedra al cuello. Tal vez el primer escándalo que deben evitar los discípulos es el de contradecir con su vida el evangelio.

Si nuestros comportamientos están lejos de las exigencias del evangelio e incluso van contra el, no solo traicionamos al Señor, sino que además nos convertimos en cómplices del príncipe de este mundo porque fomentamos una vida triste y violenta. Por eso pide a los discípulos: «Tengan, pues, cuidado».

El apóstol Pablo, consciente de ese peligro, advertía también a los ancianos de Éfeso diciendo: «Tengan cuidado de ustedes y de toda la comunidad» (Hch 20, 28). Tener cuidado de uno mismo, del comportamiento que cada uno tiene, de la fidelidad al evangelio es una tarea primordial para cada discípulo y aún más para los que tienen responsabilidades pastorales.

Jesús añade que la disponibilidad por perdonar también forma parte de la sabiduría. Además, cada uno de nosotros conoce bien su fragilidad y facilidad en caer en pecado. Jesús nos da expresamente la fuerza de perdonar. El perdón es el gran gesto de amor que vuelve a dar confianza y esperanza. ¿Cómo no perdonar a alguien cuando se encuentra realmente arrepentido? Estamos todos invitados a llevar la esperanza y la confianza, a llevar el perdón. Por desgracia la venganza tiene mucho más espacio en la vida de cada día. Es urgente que la misericordia y el perdón se apliquen con profusión ante la facilidad con la que se afirma el pecado. Perdonar «siete veces», como pide Jesús, significa que hay que perdonar siempre. Evidentemente, no se trata de mostrarse condescendiente con el pecado.

Jesús exige siempre el arrepentimiento por la culpa cometida y el consiguiente cambio de vida. Pero nunca debe faltar la disponibilidad a la misericordia. La misericordia es signo de la presencia de Dios entre los hombres. A este respecto los discípulos comprenden que la misericordia no nace de ellos, comprenden que tienen fuertemente arraigado en ellos el instinto de permanecer en el odio o al menos en la indiferencia. Por eso le piden al Señor: «Auméntanos la fe».

Jesús -sorprendiéndonos tal vez también a nosotros – contesta diciendo que de fe basta una pequeña medida, la medida de un grano de mostaza. Esa pequeña fe, esa pequeña confianza en Dios, es capaz de hacer milagros.

Iniciando ya el Mes dedicado a nuestra Madre Santísima, sintámonos llamados a sembrar fe, perdón y compromiso con los hermanos.

¿He sido alguna vez motivo de escándalo para mi prójimo?

¿He actuado como juez implacable o hago el esfuerzo por comprender y perdonar?

¿En qué momentos de la vida he sentido flaquear mi fe?

Señor Jesús, aumenta nuestra fe y danos fuerza, porque es exigente lo que pides: no escandalizar a otros, corregirles con amor sus errores y perdonarlos cuando, arrepentidos, pidan perdón. Amén.

Bendiciones.

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