Día litúrgico: Lunes 24 del tiempo ordinario
13 de Septiembre: San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia
Texto del Evangelio (Lc 7,1-10): Jesús entró en Cafarnaúm. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a sanar a su servidor.
Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: “Él merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga”.
Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: “Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa, por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: «Ve», él va; y a otro: «Ven», él viene; y cuando digo a mi sirviente: «¡Tienes que hacer esto!», él lo hace”.
Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe”.
Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.
Palabra del Señor.
Reflexión
El episodio que san Lucas nos presenta hoy es un «himno a la fe» de un centurión, en el poder salvador de Jesús. No leemos nada acerca de la fe del pueblo de Israel, pero sí de la gran fe de este capitán romano.
Lucas nos dice que cuando el centurión oye acerca de Jesús, tanto sobre su enseñanza como de sus milagros, y reconociendo en él una autoridad superior, envía emisarios judíos a Jesús para pedir la sanación de su siervo moribundo.
Conociendo la cultura judía y no queriendo que Jesús incurra en una impureza ritual, es decir que se contamine por visitar a un gentil, le pide simplemente, que ordene que la enfermedad se vaya. Con esta petición está colocando a Jesús como autoridad máxima, aún sobre el imperio romano al cual él representa.
El evangelista junto con decir que este centurión ama al pueblo de Dios y que ayudó a construir la sinagoga, destaca su fe sin igual en la persona de Jesús. Esto lo hace notar el Señor al comentar que este pagano ha creído en contraste con los judíos que no creen, y a quienes estaba dirigido el anuncio en primer lugar.
El centurión, sin serlo, se comporta como un discípulo modelo y proclama el poder de la Palabra de Jesús con la profunda humildad de quien está dispuesto a acogerla: «Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano».
Jesús no sólo ve la necesidad del siervo moribundo sino también la apertura de la fe de su jefe. Es curioso que mientras los judíos alaban la buena obra del centurión Jesús lo felicita por su fe: «Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande.»
Tan grande es el ejemplo de fe de este hombre, que sus palabras quedaron para siempre en nuestra expresión más profunda de religiosidad, que es la Santa Misa. Es una maravilla que las palabras de un hombre pagano, de alguien que «supuestamente» no tenía fe, son rezadas todos los días por millones de personas en el mundo en cada Misa celebrada, antes de recibir a Jesús en la Eucaristía.
Nadie es digno de recibir a Jesús, ni siquiera el sacerdote, hasta el papa tiene que decirlas. Ojalá que esta expresión siempre la digamos con la misma fe y confianza con que lo hizo el centurión romano: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme».
Muchas veces, a nosotros no nos basta con creer, buscamos seguridades en lo que vemos y tocamos. Debemos pedir al Señor que nos de la Gracia de tener la fe de este oficial, para dejar en manos de Dios todo cuanto nos aflige y perturba, confiando en que él hará lo necesario para manejarlo y resolverlo, ya sea por medio de nuestros hermanos o por los medios que él en su Infinita Sabiduría disponga.
¿Qué puedo aprender del centurión para mi vida? ¿Me preocupo por la salud de los demás? ¿En mi vida cotidiana y al enfrentar dificultades, le creo a Dios? ¿confío en su poder y acción o busco otros caminos? ¿Qué diría Jesús acerca de mi fe?.
Señor Jesús, acrecienta en nosotros la virtud de la fe, para que creyendo en tu Palabra y poniéndola en práctica, seamos acreedores de las promesas del Reino. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza