Día litúrgico: Viernes 13 del tiempo ordinario
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con Él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos:
Jesús, que había oído, respondió: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: “Yo quiero misericordia y no sacrificios”. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.
Palabra del Señor.
Reflexión
Después de los tres milagros de los días pasados, el evangelio intercala esta escena de vocación apostólica que hoy leemos: «La llamada de Mateo». El mismo a quien Marcos y Lucas llaman «Leví» y al que se atribuye uno de los cuatro evangelios, precisamente el que estamos leyendo en este tiempo.
Es una vocación muy significativa. Jesús elige a un publicano, o sea, a un recaudador de impuestos al servicio del poder romano, y como todos los publicanos con muy mala fama entre el pueblo. Jesús le da un voto de confianza sin pedirle confesiones públicas de conversión. Mateo lo sigue inmediatamente dejándolo todo, y le ofrece en su casa una buena comida de agradecimiento, a la que también invita a otros publicanos, con gran escándalo de los que se consideraban buenos.
La tentación de los buenos, ha sido en todos los tiempos, la de creerse ellos santos, superiores a los demás, y estar siempre prontos a la crítica y a la intransigencia. Jesús no solo acogió a Mateo, sino que lo hizo su apóstol. Y Mateo respondió perfectamente. ¡Cuánto bien ha hecho ya durante dos mil años el evangelio que se le atribuye!.
Tenemos que aprender a tener un corazón acogedor. Jesús fue fiel reflejo de Dios, que es amor, que es Padre «rico en misericordia». La misericordia es algo más que justicia. Es un amor condescendiente, comprensivo, tolerante, y siempre dispuesto a perdonar.
Las palabras de este evangelio son de mucha actualidad, pues Jesús continúa invitándonos a que le sigamos, cada uno según su estado y profesión. Y seguir a Jesús, con frecuencia, supone dejar pasiones desordenadas, mal comportamiento familiar, pérdida de tiempo, para dedicar ratos a la oración, al banquete eucarístico, a la pastoral misionera.
¿Somos nosotros buenos discípulos de Jesús, en esta actitud de tolerancia y de confianza con los demás?
¿Acogemos a los alejados y a los «pecadores», juzgándolos, no por su fama, sino por su actitud de fe y riqueza espiritual que pueden tener, a pesar de las apariencias?
Hoy Señor, te damos gracias por tu amor infinito y por haber dejado en tu Iglesia, los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía, signos de tu amor y misericordia. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza