Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 25 de junio de 2021

Día litúrgico: Viernes 12 del tiempo ordinario

Ver 1ª Lectura y Salmo     

Texto del Evangelio (Mt 8,1-4): Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. Entonces un leproso fue a postrarse ante Él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes purificarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. Y al instante quedó purificado de su lepra.

Jesús le dijo: “No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Con el capítulo séptimo de Mateo, terminamos de leer el sermón del monte. A continuación, san Mateo nos presenta una serie de diez milagros que pretenden mostrar que Jesús no se queda sólo en la palabra, sino que pasa a la acción. Mediante ellos Jesús corroboró su doctrina y mostró la cercanía del Reino de Dios. Como había dicho Él mismo, a las palabras les deben seguir los hechos; a las apariencias del árbol, los buenos frutos. Las obras que Él hace, curando enfermos y resucitando muertos, van a ser la prueba de que, en verdad, viene de Dios: “Si no creen a mis palabras, crean al menos a mis obras”.

Esta vez cura a un leproso. La oración de este buen hombre es breve y confiada: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Y Jesús la hace inmediatamente eficaz. Lo toca, nadie podía ni se atrevía a tocar a estos enfermos, y lo sana por completo. La fuerza salvadora de Dios está en acción a través de Jesús, el Mesías.

Jesús sigue «queriendo» curarnos de nuestros males, especialmente de la lepra del pecado. Todos somos débiles y necesitamos su ayuda. Nuestra oración, confiada y sencilla como la del leproso, se encuentra siempre con la mirada de Jesús, con su deseo de salvarnos. No somos nosotros los que tomamos la iniciativa: tiene Él más deseos de curarnos que nosotros mismos. No obstante, también nosotros debemos colaborar. San Agustín nos lo recuerda en su clásica sentencia: «Aquél que te creó sin ti, no te salvará sin ti». Jesús nos “toca” con su mano, como al leproso: nos toca con los sacramentos, a través de la mediación eclesial. Nos incorpora a su vida por el agua del Bautismo, nos alimenta con el pan y el vino de la Eucaristía, nos perdona a través de la mano de sus ministros extendida sobre nuestra cabeza.

¿Cómo es mi confianza en Jesús, sobre todo en la enfermedad y en la Pandemia que nos azota?

¿En qué medida me preocupo por los que sufren, por los enfermos y marginados?

Señor, Concédenos vivir siempre, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Amén.

Bendiciones.

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