Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy jueves 17 de junio de 2021

Día litúrgico: Jueves 11 del tiempo ordinario

Ver 1ª Lectura y Salmo     

Texto del Evangelio (Mt 6,7-15): Jesús dijo a sus discípulos:

Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.

Ustedes oren de esta manera:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,

que venga tu Reino,

que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.

No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.

Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy, Jesús enseña a sus discípulos a orar, y la primera recomendación que les hace a la hora de rezar, es que no se esmeren en decir muchas palabras al dirigirse a Dios, porque Él, antes de que abramos la boca sabe lo que nos hace falta. Por esto debemos emplear solo las palabras justas y evitar las innecesarias, pues si hablamos mucho no podremos escuchar también su voz.

El punto de partida y que matiza todo lo demás es que tenemos que empezar llamándole Padre, porque en realidad lo es, ya que “a cuantos le recibieron les dio el poder de ser hijos de Dios”. Muy distinta es nuestra vida si de verdad creemos que Dios no es un ser lejano, que no se preocupa de nosotros, sino que es nuestro Padre, un Padre bueno, que nunca nos deja de su mano, lleno de ternura y misericordia. De este modo, también muy distinta será nuestra oración.

Por eso, no necesitamos ya de muchas palabras al dirigirnos a Dios, pero sí de la disposición confiada de saber que nos encontramos ante un Padre bueno que conoce nuestras necesidades y que al ser reconocido como Padre nuestro, nos interpela, nos abaja, nos centra en los hermanos, nos invita a preparar la mesa para todos y a compartir la fraternidad.

Sería bueno que leyéramos, en plan de meditación o de lectura espiritual, el comentario que el Catecismo de la Iglesia Católica, ofrece del Padrenuestro en su cuarta parte. Nos ayudará a que, cuando lo recemos, no solo “suenen” las palabras en nuestros labios, sino que “resuene” su sentido en nuestro interior.

Todas las peticiones, que nos indica Jesús que tenemos que dirigir a Dios son necesarias, y nos deben ir afirmando en nuestra condición de hijos para con Dios, y también en nuestra condición de hermanos de los demás, dispuestos a perdonar cuando haga falta, porque todos somos hijos del mismo Padre.

¿Cómo suelo hacer oración con el Padrenuestro: mecánicamente o poniendo toda la vida y el compromiso en él?

¿Cómo hago vida el Padrenuestro en mi relación con los demás?

Padre nuestro del cielo, haz que tu Reino llegue a nosotros a impulso de tu Espíritu, que es fuego y paz, viento recio y brisa que acaricia, de suerte que nuestras vidas se inunden en tu amor. Amén.

Bendiciones.

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