Día litúrgico: Viernes 3 de Pascua
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23 de Abril: San Jorge, mártir
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 6,52-59): Jesús dijo a los judíos:
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”
Jesús les respondió:
“Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él.
Así como Yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.
Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm.
Palabra del Señor.
Reflexión
En el Evangelio de hoy, encontramos la sección conclusiva del discurso del «Pan de vida» que está unido a lo que el evangelista ha venido presentando. Así se nos presenta a Jesús, o mejor dicho, Él mismo se presenta como el alimento que produce la vida que viene de Dios. Hoy El Señor hace algunas afirmaciones capitales, como son: que se ha de comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre; que si no se comulga no se puede tener vida; y que esta vida es la vida eterna y es la condición para la resurrección.
Hoy, como ayer, hay que valorar todo lo claro, rotundo y definitivo de estas afirmaciones de Jesús. Pero ¿qué nos dice a nosotros todo esto?. Hoy se nos invita a entrar en comunión con El Señor, comer su carne y beber su sangre, lo que significa en definitiva, entrar en una común-unión con la forma de actuar de Jesús, con su forma de ser, con su forma de amar, de pensar y adherirse al Padre.
Especialmente hoy, en estos tiempo de cambios fuertes, de denuncias, de rechazos y abandonos de prácticas religiosas vacías de contenido, pensar en Jesús que se ofrece como pan partido para la vida de los demás, puede ayudarnos a pensar en dónde cotidianamente nosotros celebramos la fracción del pan, donde nos estamos haciendo pan para los demás.
Comer la carne y la sangre de Jesús es el mandamiento que Él nos da.
¿Cómo vivimos la Eucaristía en nuestra vida cotidiana?
¿Qué significa para mí comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo?
Señor Jesús, que en la Eucaristía nos das a comer tu carne y a beber tu sangre, danos la gracia de recibirte siendo conscientes de lo que eso implica. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza