{"id":8170,"date":"2022-09-25T00:00:33","date_gmt":"2022-09-25T04:00:33","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=8170"},"modified":"2022-09-24T22:51:36","modified_gmt":"2022-09-25T02:51:36","slug":"el-evangelio-del-domingo-25-septiembre-2022","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2022\/09\/25\/el-evangelio-del-domingo-25-septiembre-2022\/","title":{"rendered":"El Evangelio del Domingo, 25 septiembre 2022"},"content":{"rendered":"<p>Domingo 26\u2212C<\/p>\n<p>Lc 16,19-31<\/p>\n<p>Este es mi Hijo, mi Elegido; esc\u00fachenlo<\/p>\n<p>Leemos en el Evangelio de este Domingo XXVI del tiempo ordinario otra par\u00e1bola de Jes\u00fas que nos transmite solamente Lucas. Est\u00e1 relacionada con la que le\u00edamos el domingo pasado, porque ambas comienzan con id\u00e9nticas palabras: \u00abEra un hombre rico\u2026\u00bb.<\/p>\n<p>El evangelista intercala, sin embargo, entre ambas par\u00e1bolas algunas sentencias de Jes\u00fas, que considera, en cierta forma relacionadas con el tema. La par\u00e1bola que leemos este domingo es un comentario a la recomendaci\u00f3n con que Jes\u00fas conclu\u00eda la par\u00e1bola del administrador astuto, aunque injusto: \u00abYo les digo: H\u00e1ganse amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, los reciban en las moradas eternas\u00bb (Lc 16,9). Esa par\u00e1bola era una historia, tomada de la vida real, con la cual Jes\u00fas nos exhorta a ser astutos y presurosos en el uso de las riquezas de este mundo para que, cuando falten \u2212se entiende, con la muerte, que es el l\u00edmite inexorable de esas riquezas\u2212, seamos acogidos en las \u00abmoradas eternas\u00bb, las que no tienen fin. Nos presenta, a continuaci\u00f3n, la historia de un rico que no actu\u00f3 seg\u00fan esa recomendaci\u00f3n y, por tanto, no fue acogido all\u00e1.<\/p>\n<p>\u00abEra un hombre rico, que vest\u00eda de p\u00farpura y lino y celebraba todos los d\u00edas espl\u00e9ndidas fiestas. Y uno pobre, llamado L\u00e1zaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que ca\u00eda de la mesa del rico&#8230;\u00bb. Con esa descripci\u00f3n Jes\u00fas representa, de manera casi visual, el contraste entre \u00abun hombre rico\u2026 y uno pobre\u00bb. Todo hombre rico ciertamente tiene un nombre, que en este mundo todos pronuncian con veneraci\u00f3n; pero Jes\u00fas en la par\u00e1bola no le da nombre, para que nadie se sienta denunciado y para que ese nombre no quede proscrito. Al pobre, en cambio, a quien nadie venera en este mundo, excepto los perros que le lam\u00edan las llagas, Jes\u00fas da un nombre, y un nombre que es muy apreciado por \u00c9l: L\u00e1zaro. Es el nombre de aquel a quien Jes\u00fas llama \u00abnuestro amigo\u00bb, el \u00fanico de quien se lee: \u00abJes\u00fas amaba a\u2026 L\u00e1zaro\u00bb, por cuya muerte llora y a quien llama del sepulcro, grit\u00e1ndole: \u00abL\u00e1zaro, sal fuera\u00bb (Jn 11,5.11.35.43). Este nombre da Jes\u00fas al pobre de la par\u00e1bola.<\/p>\n<p>Dentro del contraste, hay un verbo, el \u00fanico, que se predica de ambos \u2212de L\u00e1zaro y del rico\u2212 por igual: \u00abMuri\u00f3 el pobre\u2026 muri\u00f3 tambi\u00e9n el rico\u00bb. Para el pobre, la muerte no es motivo de terror, como lo expresa, alabando a Dios, otro pobre, San Francisco de As\u00eds, en su C\u00e1ntico de las creaturas: \u00abLoado seas, mi Se\u00f1or, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ning\u00fan hombre viviente puede escapar\u00bb. Para el rico, en cambio, es el momento en que las riquezas vienen a faltar. Las riquezas pueden obtenernos muchas cosas; pero no pueden obtenernos la inmortalidad. En efecto, duran solamente el tiempo breve de esta vida terrena, que es \u00abun instante entre dos eternidades\u00bb, como la defin\u00eda Santa Teresa de Ni\u00f1o Jes\u00fas. En las otras dos eternidades \u2212la precedente y la sucesiva\u2212 las riquezas de este mundo no existen.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la muerte, sigue el contraste entre L\u00e1zaro y el rico, \u00a1pero invertido! \u00abL\u00e1zaro fue llevado por los \u00e1ngeles al seno de Abraham\u00bb, a esas \u00abmoradas eternas\u00bb, como llama Jes\u00fas a la felicidad plena y sin fin; \u00abel rico fue sepultado\u2026 en el Hades, entre tormentos\u00bb. El contraste entre el rico y el pobre en esta vida terrenal, que dura s\u00f3lo \u00abun instante\u00bb, se pod\u00eda remediar; en cambio, el que hay despu\u00e9s de la muerte corporal no tiene remedio, porque es eterno e irreversible. Al rico, que se contentaba con que L\u00e1zaro, mojando su dedo en agua, le refrescara la lengua, responde Abraham: \u00abHijo, recuerda que t\u00fa recibiste tus bienes durante tu vida y L\u00e1zaro, al contrario, sus males; ahora, pues, \u00e9l es aqu\u00ed consolado y t\u00fa atormentado. Y, adem\u00e1s, entre nosotros y ustedes se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aqu\u00ed a ustedes, no puedan; ni de ah\u00ed puedan pasar donde nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Muy distinta de la vida de aquel rico fue la vida de San Luis Rey de Francia, de quien se dice que invitaba a su mesa a los pobres y \u00e9l mismo les lavaba los pies y los serv\u00eda. No com\u00edan esos pobres de lo que ca\u00eda de la mesa del rey, sino de lo mismo que com\u00eda el rey. A eso se refiere Jes\u00fas cuando invita a hacerse amigos con las riquezas de este mundo. No hab\u00eda contraste entre el rey San Luis y esos pobres. El rey era uno de ellos.<\/p>\n<p>Pero la par\u00e1bola no termina ah\u00ed. Tiene tambi\u00e9n el objetivo de presentar en forma concreta la dificultad expresada por Jes\u00fas de que un rico entre en el Reino de Dios: \u00abEs m\u00e1s f\u00e1cil que un camello pase por el ojo de una aguja\u00bb (Lc 18,25). Sigue, entonces, la par\u00e1bola con otra s\u00faplica, que, en medio de sus tormentos, dirige el rico a Abraham: \u00abTe ruego, padre, que env\u00edes a L\u00e1zaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les d\u00e9 testimonio, y no vengan tambi\u00e9n ellos a este lugar de tormento\u00bb. Parece una petici\u00f3n razonable. Pero Abraham lo considera in\u00fatil, pues la voz de L\u00e1zaro ser\u00eda s\u00f3lo una m\u00e1s, y responde: \u00abTienen a Mois\u00e9s y a los profetas; que los escuchen\u00bb. Tiene raz\u00f3n Abraham, porque es el mismo Dios quien los exhorta: \u00abMuchas veces y de muchos modos habl\u00f3 Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas\u00bb (Heb 1,1). El rico sabe, por experiencia, que, as\u00ed como \u00e9l mismo durante su vida no escuch\u00f3, tampoco ellos escuchar\u00e1n. Por eso, insiste: \u00abSi alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertir\u00e1n\u00bb. Abraham sigue considerando eso in\u00fatil: \u00abSi no escuchan a Mois\u00e9s y los profetas, aunque resucite un muerto no se convertir\u00e1n\u00bb. Aqu\u00ed nosotros mismos estamos inclinados a pensar que la reprensi\u00f3n de un muerto que ha resucitado, podr\u00eda hacerles cambiar de vida. Tal vez para convencernos a nosotros de que tambi\u00e9n en esto Abraham tiene raz\u00f3n es que el pobre de la par\u00e1bola recibe el nombre de L\u00e1zaro. Jes\u00fas resucit\u00f3 a un hombre llamado L\u00e1zaro y su resurrecci\u00f3n tuvo distinto efecto. Los que ya escuchaban a Mois\u00e9s y los profetas creyeron en Jes\u00fas: \u00abMuchos de los jud\u00edos que hab\u00edan venido a casa de Mar\u00eda, viendo lo que hab\u00eda hecho, creyeron en \u00c9l\u00bb (Jn 11,45). Pero los que ya antes estaban cerrados, al ser informados de ese hecho, se cerraron m\u00e1s a\u00fan: \u00abDesde ese d\u00eda decidieron darle muerte (a Jes\u00fas)\u00bb (Jn 11,53). De nuevo, tiene raz\u00f3n Abraham: si no escuchan a Mois\u00e9s y los profetas, la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro no habr\u00eda bastado.<\/p>\n<p>Una de las sentencias de Jes\u00fas intercaladas entre las dos par\u00e1bolas sobre el uso de las riquezas es esta: \u00abLa Ley (Mois\u00e9s) y los profetas llegan hasta Juan; desde entonces es evangelizado el Reino de Dios\u00bb (Lc 16,16). La par\u00e1bola del rico y L\u00e1zaro pertenece a este tiempo: \u00abEn estos \u00faltimos tiempos Dios nos ha hablado por el Hijo\u00bb (Heb 1,2). Si Abraham consideraba que para convertirse era suficiente escuchar a Mois\u00e9s y los profetas, cuanto m\u00e1s debemos convertirnos nosotros, que tenemos en el Evangelio la Palabra del Hijo. A nosotros la voz de Dios mismo, refiri\u00e9ndose a Jes\u00fas, nos exhorta: \u00abEste es mi Hijo, mi Elegido; esc\u00fachenlo\u00bb (Lc 9,35).<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo 26\u2212C Lc 16,19-31 Este es mi Hijo, mi Elegido; esc\u00fachenlo Leemos en el Evangelio de este Domingo XXVI del tiempo ordinario otra par\u00e1bola de Jes\u00fas que nos transmite solamente Lucas. Est\u00e1 relacionada con la que le\u00edamos el domingo pasado, porque ambas comienzan con id\u00e9nticas palabras: \u00abEra un hombre rico\u2026\u00bb. 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