{"id":8123,"date":"2022-09-11T00:00:45","date_gmt":"2022-09-11T04:00:45","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=8123"},"modified":"2022-09-10T20:46:13","modified_gmt":"2022-09-11T00:46:13","slug":"el-evangelio-del-domingo-11-septiembre-2022","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2022\/09\/11\/el-evangelio-del-domingo-11-septiembre-2022\/","title":{"rendered":"El Evangelio del Domingo 11 septiembre 2022"},"content":{"rendered":"<p>Domingo 24\u2212C<\/p>\n<p>Lc 15,1-32<\/p>\n<p>Conven\u00eda celebrar una fiesta y alegrarse<\/p>\n<p>El evangelista San Lucas, cuyo Evangelio estamos leyendo este A\u00f1o C, comienza el cap\u00edtulo XV, que leemos este Domingo XXIV del tiempo ordinario, sin relaci\u00f3n con lo anterior. Debe, por tanto, introducirlo con una frase que indique brevemente el contexto: \u00abTodos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jes\u00fas para o\u00edrlo, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: \u201cEste acoge a los pecadores y come con ellos\u201d\u00bb.<\/p>\n<p>Se indican cuatro categor\u00edas de personas agrupadas en dos grupos antag\u00f3nicos: \u00abpublicanos y pecadores\u00bb, por un lado, y \u00abfariseos y escribas\u00bb, por otro. Los publicanos recib\u00edan este nombre, porque eran jud\u00edos que recaudaban impuestos para Roma, la \u00abRes P\u00fablica\u00bb, que ten\u00eda a Israel bajo su dominio. No todos eran necesariamente pecadores, como lo reconoce el mismo Juan Bautista, quien, a los publicanos que le preguntaban: \u00abMaestro, \u00bfqu\u00e9 debemos hacer?\u00bb, respond\u00eda: \u00abNo exijan m\u00e1s de lo que les est\u00e1 fijado\u00bb (Lc 3,12-13). Por eso, el evangelista agrega aqu\u00ed que se acercaban a Jes\u00fas tambi\u00e9n \u00ablos pecadores\u00bb. Pero, exagera al decir: \u00abTodos los pecadores\u00bb. Tal vez lo que quiere decir es que \u00abtodos los pecadores\u00bb, de todos los tiempos, pueden acercarse a \u00c9l para escucharlo y \u00a1ser\u00e1n siempre bien acogidos!<\/p>\n<p>An\u00e1logamente, en el grupo de \u00ablos fariseos y escribas\u00bb, no todos los fariseos eran escribas. Eran escribas los del grupo de los fariseos que sab\u00edan leer y escribir y que, por tanto, conoc\u00edan mejor la Escritura y pod\u00edan argumentar en base a ella. Pero ellos tambi\u00e9n exageran, porque, en ese momento particular, Jes\u00fas no estaba comiendo con ellos. Aceptamos el motivo de la murmuraci\u00f3n, porque es cierto que, en otras ocasiones, Jes\u00fas acepta la invitaci\u00f3n a comer con publicanos (ver Lc 5,29-30).<\/p>\n<p>La \u00abmurmuraci\u00f3n\u00bb no es una cr\u00edtica abierta, que puede ser bien intencionada; la murmuraci\u00f3n es una cr\u00edtica mal intencionada, solapada, que se hace para condenar y da\u00f1ar. Jes\u00fas es muy sensible a esa actitud, que es la que tuvo durante 40 a\u00f1os el pueblo liberado de Egipto: \u00abDurante 40 a\u00f1os aquella generaci\u00f3n me repugn\u00f3\u00bb (Sal 95,10). Y la enfrenta con admirable mansedumbre y bondad, por medio de tres par\u00e1bolas. Bien habr\u00eda podido decir aqu\u00ed: \u00abAprendan de m\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (Mt 11,29). En realidad, en este momento, lo que interesa a Jes\u00fas es la conversi\u00f3n, no tanto de los publicanos y pecadores, pues ellos, acerc\u00e1ndose a escucharlo, ya estaban ganados; le interesa que depongan su actitud y se conviertan los fariseos, escribas o no.<\/p>\n<p>Hace dos preguntas sobre situaciones que todos hemos vivido, una se refiere a lo que siente un hombre \u2212un pastor\u2212 y la otra a lo que siente una mujer. Todos hemos perdido alguna cosa que apreci\u00e1bamos y, al notar su falta, hemos sentido cierta amargura, que nos mueve a buscarla. Todos hemos experimentado el gozo que se siente al encontrarla. Jes\u00fas apela a esta experiencia, haciendo una pregunta dirigida a los presentes: \u00ab\u00bfQui\u00e9n de ustedes\u2026 no va en busca de la oveja perdida hasta que la encuentra?\u00bb. La respuesta debi\u00f3 haber sido: \u00abTodos dejamos las 99 ovejas en el corral y vamos en busca de la perdida hasta que la encontramos\u00bb. Pero nadie responde, porque saben que est\u00e1n siendo involucrados y no quieren comprometerse con la verdad. Jes\u00fas supone la respuesta y sigue: Cuando la encuentra, se alegra y la trata con gran afecto: \u00abLa pone contento sobre sus hombros\u00bb. M\u00e1s aun, quiere que todos se alegren con \u00e9l: \u00abLlegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: \u00abAl\u00e9grense conmigo, porque he hallado la oveja que se me hab\u00eda perdido\u00bb\u00bb. Nadie puede resistir la verdad de esa situaci\u00f3n descrita por Jes\u00fas. \u00c9l concluye revel\u00e1ndonos c\u00f3mo act\u00faa Dios. Y lo hace como puede hacerlo s\u00f3lo \u00c9l: \u00abA Dios nadie lo ha visto jam\u00e1s: el Hijo \u00fanico, que est\u00e1 en el seno del Padre, \u00c9l lo ha contado\u00bb (Jn 1,18). Nos revela que Dios y todos en el cielo reaccionan igual que ese pastor que encuentra su oveja, cuando un pecador es recuperado: \u00abLes digo que, de igual modo, habr\u00e1 m\u00e1s alegr\u00eda en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversi\u00f3n\u00bb. Murmurar, entonces, porque los pecadores se acercan a Jes\u00fas o porque \u00c9l come con ellos, es adoptar una actitud contraria a la de Dios, es faltar al amor a Dios, que esos fariseos ten\u00edan como el primer mandamiento: \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n\u2026\u00bb (Deut 6,4).<\/p>\n<p>La par\u00e1bola de la dracma perdida es semejante y tiene la misma conclusi\u00f3n: \u00ab\u201cAl\u00e9grense conmigo, porque he hallado la dracma que hab\u00eda perdido\u201d. Del mismo modo \u2212les digo\u2212, se produce alegr\u00eda ante los \u00e1ngeles de Dios por un solo pecador que se convierta\u00bb.<\/p>\n<p>La tercera par\u00e1bola es una historia, la del \u00abhijo pr\u00f3digo\u00bb. Es una historia de un padre y dos hijos. Ambos, de distinta manera, tienen en com\u00fan la falta de amor al padre. El hijo menor, despu\u00e9s de reclamar su herencia, se va de la casa, sin ninguna consideraci\u00f3n por su padre. Pero malgasta toda su haciendo y cae al nivel de no tener ni siquiera para comer lo que comen los cerdos. \u00a1No se puede m\u00e1s abajo! Jes\u00fas lo describe as\u00ed, porque peor est\u00e1 un pecador con respecto a Dios. Este hijo est\u00e1 en el lugar de \u00ablos publicanos y pecadores\u00bb. Jes\u00fas no los est\u00e1 felicitando por su pecado. Se alegra, si se convierten. Ese hijo vuelve a la casa paterna, no por amor al padre, sino por amor a las cosas del padre: \u00ab\u00a1Cu\u00e1ntos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aqu\u00ed me muero de hambre!\u00bb. Emprende el regreso sabiendo que no merece ser tratado m\u00e1s que como un jornalero. Hasta aqu\u00ed, no lo mueve el amor al padre. Pero todo cambia, cuando ve la actitud del padre: corre, se alegra, lo abraza, lo trata como hijo, organiza una fiesta por su retorno. Reci\u00e9n ahora, \u2212as\u00ed lo suponemos\u2212 ese hijo siente dolor por haber abandonado a su padre, y \u00a1tal padre! Jes\u00fas acoge a los pecadores, porque \u00c9l act\u00faa con ellos como ese padre. Les hace sentir dolor de su pecado y firme prop\u00f3sito de no volver a pecar.<\/p>\n<p>El hijo mayor tambi\u00e9n falta al amor del padre. Cumple todo con exactitud, pero no lo hace por dar gusto a su padre, no est\u00e1 movido por el amor a \u00e9l. Lo que espera de \u00e9l es que le d\u00e9 en recompensa por su cumplimiento un cabrito para festejar con sus amigos. Queda en evidencia su falta de amor al padre, cuando reh\u00fasa entrar a la fiesta organizada por \u00e9l para el hijo perdido y encontrado. Para su hermano no tiene m\u00e1s que desprecio \u2212\u00abese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas\u00bb\u2212 y para su padre, reproche: \u00abHas matado para \u00e9l el novillo cebado\u00bb. Este hijo est\u00e1 en el lugar de los fariseos, que murmuran contra Jes\u00fas. Al exponer Jes\u00fas estas tres par\u00e1bolas, est\u00e1 en el lugar del padre, que, con gran bondad y humildad, sale a rogar al hijo que deponga su actitud de murmuraci\u00f3n y se alegre: \u00abConven\u00eda celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado\u00bb.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed termina la par\u00e1bola y todo el episodio. \u00bfEntr\u00f3 el hijo mayor o se obstin\u00f3 en su actitud de reproche al padre? Hemos supuesto que el hijo menor, al ser tratado con tanta acogida por su padre, concibi\u00f3 amor a \u00e9l y dolor por el pecado. \u00bfPodemos suponer que ocurri\u00f3 lo mismo con el mayor y que aprob\u00f3 la actitud del padre, que entr\u00f3 a la fiesta y se alegr\u00f3 por el regreso del hermano perdido? En otras palabras: \u00bfDepusieron los fariseos su murmuraci\u00f3n y, en adelante, siguieron a Jes\u00fas? Esto es lo que Jes\u00fas anhela, porque \u00c9l vino a salvar a unos y otros.<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo 24\u2212C Lc 15,1-32 Conven\u00eda celebrar una fiesta y alegrarse El evangelista San Lucas, cuyo Evangelio estamos leyendo este A\u00f1o C, comienza el cap\u00edtulo XV, que leemos este Domingo XXIV del tiempo ordinario, sin relaci\u00f3n con lo anterior. 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