{"id":7879,"date":"2022-07-24T00:00:41","date_gmt":"2022-07-24T04:00:41","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=7879"},"modified":"2022-07-23T18:21:04","modified_gmt":"2022-07-23T22:21:04","slug":"el-evangelio-del-domingo-24-julio-2022","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2022\/07\/24\/el-evangelio-del-domingo-24-julio-2022\/","title":{"rendered":"El Evangelio del Domingo 24 julio 2022"},"content":{"rendered":"<p>Domingo 17\u2013C<\/p>\n<p>Lc 11,1-13<\/p>\n<p>Dios envi\u00f3 a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo que clama: \u00ab\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u00bb<\/p>\n<p>El Evangelio de este Domingo XVII del tiempo ordinario puede ser definido como una \u00abcatequesis\u00bb sobre la oraci\u00f3n cristiana. Que esta sea la intenci\u00f3n del evangelista se deduce por la secuencia de los episodios. En el episodio anterior, que nos relata la acogida de Jes\u00fas en la casa de las hermanas Marta y Mar\u00eda, todo conduce a la declaraci\u00f3n solemne de Jes\u00fas: \u00abMarta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de una sola. Mar\u00eda ha elegido la parte buena, que no le ser\u00e1 quitada\u00bb (Lc 10,41-42). Ella, \u00absentada a los pies de Jes\u00fas, escuchaba su Palabra\u00bb. Sin transici\u00f3n, Lucas contin\u00faa: \u00abY sucedi\u00f3 que, estando \u00c9l en cierto lugar orando, cuando termin\u00f3, le dijo uno de sus disc\u00edpulos: \u201cSe\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar, como ense\u00f1\u00f3 Juan a sus disc\u00edpulos\u201d\u00bb.<\/p>\n<p>El evangelista introduce aqu\u00ed esa escena para mostrarnos a Jes\u00fas mismo eligiendo esa parte buena, definida por \u00c9l como la \u00fanica cosa necesaria para todo ser humano en este mundo. El Hijo de Dios hecho hombre, que \u00abcomparti\u00f3 en todo nuestra condici\u00f3n humana, menos en el pecado\u00bb (cf. Plegaria Eucar\u00edstica IV), pudo prescindir de muchas cosas \u2013la electricidad, los veh\u00edculos motorizados, \u00a1el celular!\u2013; pero no pudo prescindir de la \u00fanica necesaria: \u00abEstaba \u00c9l orando en cierto lugar\u00bb.<\/p>\n<p>No es esta la \u00fanica instancia en que Lucas nos presenta a Jes\u00fas orando. Como una actitud habitual en \u00c9l, nos dice que \u00abse retiraba a los lugares solitarios, donde oraba\u00bb (Lc 5,16); que en el Bautismo estaba orando, cuando \u00abse abri\u00f3 el cielo, y baj\u00f3 sobre \u00c9l el Esp\u00edritu Santo\u00bb (Lc 3,21-22); que, antes de elegir a los Doce, \u00abse fue al monte a orar, y se pas\u00f3 la noche en la oraci\u00f3n de Dios\u00bb (Lc 6,12); que, en la Transfiguraci\u00f3n, \u00absubi\u00f3 al monte a orar y que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mud\u00f3 y sus vestidos eran de una blancura fulgurante\u00bb (Lc 9,28-29); que, antes de su Pasi\u00f3n, en el monte de los Olivos, \u00abpuesto de rodillas, oraba&#8230; Y sumido en agon\u00eda, insist\u00eda m\u00e1s en su oraci\u00f3n\u00bb (Lc 22,41.44).<\/p>\n<p>Pero en esta ocasi\u00f3n \u2013la que nos presenta el Evangelio de este domingo\u2013 Jes\u00fas no se retira a orar a un lugar solitario, sino que ora en presencia de sus disc\u00edpulos. Y vi\u00e9ndolo orar, ellos entienden que esa relaci\u00f3n de amor de Jes\u00fas con su Padre es algo sagrado, algo jam\u00e1s visto antes. Mientras \u00c9l ora, a nadie se le ocurre interrumpirlo. Est\u00e1n m\u00e1s bien impulsados a decir: \u00abSe\u00f1or, bueno es para nosotros estar aqu\u00ed\u00bb (cf. Lc 9,33). Est\u00e1n gozando de la visi\u00f3n de esa \u00abparte buena\u00bb, y desean que se prolongue. Por eso, solo \u00abcuando \u00c9l termin\u00f3\u00bb, uno de sus disc\u00edpulos le dijo: \u00abEns\u00e9\u00f1anos a orar\u00bb. Algunos de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas hab\u00edan sido disc\u00edpulos de Juan; al menos, los Doce, porque la condici\u00f3n para pertenecer a ese grupo era haber estado con Jes\u00fas desde el Bautismo de Juan (cf. Hech 1,21-22). Le dicen, entonces: \u00abEns\u00e9\u00f1anos a orar, como ense\u00f1\u00f3 Juan a sus disc\u00edpulos\u00bb.<\/p>\n<p>Juan les hab\u00eda ense\u00f1ado a orar; pero, cuando ellos vieron orar a Jes\u00fas, la ense\u00f1anza de Juan no les bast\u00f3. Quieren orar como ora Jes\u00fas. \u00a1La distancia es la del cielo a la tierra! Juan pertenece a los profetas del Antiguo Testamento, tal como lo declara Jes\u00fas: \u00abLa Ley y los profetas llegan hasta Juan; desde ah\u00ed comienza a anunciarse el Evangelio del Reino de Dios\u00bb (Lc 16,16). En cambio, respecto de sus disc\u00edpulos Jes\u00fas exclama: \u00ab\u00a1Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron, y o\u00edr lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron\u00bb (Lc 10,23-24). Los disc\u00edpulos de Jes\u00fas son dichosos, porque vieron orar a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Los profetas y reyes del Antiguo Testamento se dirig\u00edan a Dios llamandolo: \u00abSe\u00f1or\u2026 mi Dios\u2026 mi Rey\u2026 mi Roca\u2026 mi Pastor\u2026 mi Baluarte, en quien me refugio\u2026\u00bb. Pero ninguno lo llama: \u00abPadre\u00bb. El \u00fanico que puede orar llamando a Dios \u00abmi Padre\u00bb es Jes\u00fas, porque \u00c9l es el Hijo y en \u00c9l esa expresi\u00f3n es verdad. Tan impactante debi\u00f3 ser esa oraci\u00f3n que los primeros disc\u00edpulos consideraron importante conservarnos el sonido preciso que sal\u00eda de los labios de Jes\u00fas cuando se dirig\u00eda a su Padre: \u00abAbb\u00e1\u00bb (Mc 14,36; Rom 8,15; Gal 4,6).<\/p>\n<p>Los disc\u00edpulos piden a Jes\u00fas que les ense\u00f1e a orar como oraba \u00c9l. \u00a1Y \u00c9l se lo concede!: \u00abCuando oren, digan: \u201cPadre\u201d\u00bb. Para comprender lo que significa llamar a Dios \u00abPadre\u00bb, debemos saber que esta fue la causa de su muerte en la cruz: \u00abLos jud\u00edos trataban con mayor empe\u00f1o de matarlo, porque no s\u00f3lo quebrantaba el s\u00e1bado, sino porque llamaba a Dios su propio Padre, haci\u00e9ndose a s\u00ed mismo igual a Dios\u00bb (Jn 5,18). Por este motivo exigieron a Pilato que fuera crucificado: \u00abNosotros tenemos una Ley y seg\u00fan esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios\u00bb (Jn 19,7). Jes\u00fas llama a Dios \u00abPadre\u00bb con absoluta verdad, porque su Persona es la del Hijo de Dios y es igual a Dios; m\u00e1s a\u00fan, \u00c9l es consustancial con Dios, es decir, es el mismo y \u00fanico Dios que es el Padre, como \u00c9l lo revel\u00f3: \u00abYo y el Padre somos Uno\u00bb (Jn 10,30). Lo asombroso, entonces, no es que \u00c9l llame a Dios \u00abPadre\u00bb; lo asombroso es que nos conceda a nosotros hacerlo: \u00abCuando oren, digan: \u201cPadre\u201d\u00bb. Para que en nosotros ese modo de orar no sea una mera emisi\u00f3n de voz, sino que sea verdad, es necesario que nosotros seamos elevados a la condici\u00f3n de hijos de Dios, es decir, que recibamos una participaci\u00f3n de la naturaleza divina, que nos haga verdaderamente hijos de Dios.<\/p>\n<p>Cuando Jes\u00fas nos ense\u00f1a a orar de esa manera no nos ense\u00f1a simplemente una f\u00f3rmula para que la repitamos. Lo que nos ense\u00f1a es una actitud que es presupuesto de la oraci\u00f3n cristiana. Nos ense\u00f1a que para orar como ora \u00c9l tambi\u00e9n nosotros debemos ser, como \u00c9l, hijos de Dios. Por eso, despu\u00e9s de asegurarnos, por medio de una par\u00e1bola, que la oraci\u00f3n perseverante ser\u00e1 escuchada \u2013\u00abPidan y se les dar\u00e1; busquen y hallar\u00e1n; llamen y se les abrir\u00e1\u00bb\u2013, agrega una comparaci\u00f3n en que intervienen un padre y un hijo: \u00abSi ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s el Padre del cielo dar\u00e1 el Esp\u00edritu Santo a quienes se lo pidan!\u00bb. Es el Esp\u00edritu Santo, enviado por Dios a nuestros corazones, el que nos concede la filiaci\u00f3n divina y el poder clamar a Dios: \u00abAbb\u00e1\u00bb. As\u00ed lo afirma San Pablo: \u00abAl llegar la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer,\u2026 para que nosotros recibi\u00e9ramos la filiaci\u00f3n. Y puesto que ustedes son hijos, envi\u00f3 Dios el Esp\u00edritu de su Hijo a nuestros corazones, que clama: \u201c\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u201d\u00bb (Gal 4,4.5.6). Y repite la misma doctrina en su importante carta a los Romanos: \u00abTodos los que son guiados por el Esp\u00edritu de Dios son hijos de Dios. Ustedes\u2026 recibieron un esp\u00edritu de filiaci\u00f3n, en el cual clamamos: \u201c\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u201d. El mismo Esp\u00edritu junto con nuestro esp\u00edritu da testimonio de que somos hijos de Dios\u00bb (Rom 8,14.15.16).<\/p>\n<p>El Evangelio de este domingo es un hermoso texto trinitario. Nos revela que en la oraci\u00f3n del cristiano act\u00faan las tres Personas divinas: el Hijo hecho hombre nos ense\u00f1a a orar como hijos de Dios; el Padre env\u00eda el Esp\u00edritu de su Hijo al coraz\u00f3n de quien se lo pide; el Esp\u00edritu Santo nos configura con el Hijo de Dios hecho hombre y clama en nuestro coraz\u00f3n: \u00abAbb\u00e1, Padre\u00bb. Esta es la oraci\u00f3n que Jes\u00fas ense\u00f1a a sus disc\u00edpulos y que nosotros debemos hacer nuestra.<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo 17\u2013C Lc 11,1-13 Dios envi\u00f3 a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo que clama: \u00ab\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u00bb El Evangelio de este Domingo XVII del tiempo ordinario puede ser definido como una \u00abcatequesis\u00bb sobre la oraci\u00f3n cristiana. Que esta sea la intenci\u00f3n del evangelista se deduce por la secuencia de los episodios. 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