{"id":7492,"date":"2022-03-29T08:09:52","date_gmt":"2022-03-29T12:09:52","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=7492"},"modified":"2022-03-29T08:09:52","modified_gmt":"2022-03-29T12:09:52","slug":"contemplar-el-evangelio-de-hoy-martes-29-de-marzo-de-2022","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2022\/03\/29\/contemplar-el-evangelio-de-hoy-martes-29-de-marzo-de-2022\/","title":{"rendered":"Contemplar el Evangelio de hoy martes 29 de marzo de 2022"},"content":{"rendered":"<p>D\u00eda lit\u00fargico: Martes 4 de Cuaresma<\/p>\n<p>Texto del Evangelio (Jn 5, 1-3a. 5-18):<\/p>\n<p>Se celebraba una fiesta de los jud\u00edos y Jes\u00fas subi\u00f3 a Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusal\u00e9n, hay una piscina llamada en hebreo \u00abBetsata\u00bb, que tiene cinco p\u00f3rticos. Bajo estos p\u00f3rticos yac\u00eda una multitud de enfermos, ciegos, lisiados y paral\u00edticos.<\/p>\n<p>Hab\u00eda all\u00ed un hombre que estaba enfermo desde hac\u00eda treinta y ocho a\u00f1os. Al verlo tendido, y sabiendo que hac\u00eda tanto tiempo que estaba as\u00ed, Jes\u00fas le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfQuieres sanarte?\u201d<\/p>\n<p>\u00c9l respondi\u00f3: \u201cSe\u00f1or, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes\u201d.<\/p>\n<p>Jes\u00fas le dijo: \u201cLev\u00e1ntate, toma tu camilla y camina\u201d.<\/p>\n<p>En seguida el hombre se san\u00f3, tom\u00f3 su camilla y empez\u00f3 a caminar.<\/p>\n<p>Era un s\u00e1bado, y los jud\u00edos dijeron entonces al que acababa de ser sanado: \u201cEs s\u00e1bado.\u00a0 No te est\u00e1 permitido llevar tu camilla\u201d.<\/p>\n<p>\u00c9l les respondi\u00f3: \u201cEl que me san\u00f3 me dijo: \u00abToma tu camilla y camina\u00bb\u201c. Ellos le preguntaron: \u201c\u00bfQui\u00e9n es ese hombre que te dijo: \u2018Toma tu camilla y camina\u2019?\u201d<\/p>\n<p>Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jes\u00fas hab\u00eda desaparecido entre la multitud que estaba all\u00ed.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, Jes\u00fas lo encontr\u00f3 en el Templo y le dijo: \u201cHas sido sanado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrir\u00e1n peores cosas todav\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>El hombre fue a decir a los jud\u00edos que era Jes\u00fas el que lo hab\u00eda sanado. Ellos atacaban a Jes\u00fas, porque hac\u00eda esas cosas en s\u00e1bado.<\/p>\n<p>\u00c9l les respondi\u00f3: \u201cMi Padre trabaja siempre, y Yo tambi\u00e9n trabajo\u201d. Pero para los jud\u00edos \u00e9sta era una raz\u00f3n m\u00e1s para matarlo, porque no s\u00f3lo violaba el s\u00e1bado, sino que se hac\u00eda igual a Dios, llam\u00e1ndolo su propio Padre.<\/p>\n<p>Palabra del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Reflexi\u00f3n<\/p>\n<p>El Evangelio de hoy nos describe como Jes\u00fas cura a un paral\u00edtico que llevaba esperando 38 a\u00f1os para que alguien le ayudara a llegar al agua de la piscina para curarse. \u00a1Treinta y ocho a\u00f1os! Ante esta ausencia total de solidaridad, Jes\u00fas, lo sana, sin importar que sea s\u00e1bado ni la posterior reacci\u00f3n de los jud\u00edos. A este paral\u00edtico le bast\u00f3 encontrarse con Jes\u00fas, el \u201cagua viva\u201d, para ponerse de pie y comenzar a caminar.<\/p>\n<p>Este milagro es conmovedor. Cristo se acerca a aquel hombre y sabiendo que llevaba tantos a\u00f1os enfermo, decide curarle. La pregunta de Jes\u00fas \u00ab\u00bfQuieres recobrar la salud?\u00bb, enciende su coraz\u00f3n; era quiz\u00e1s el primero que se deten\u00eda para darle un poco de esperanza. De esta cercan\u00eda del todo inesperada y gratuita renace la esperanza en aquel paralitico. El amor abre siempre el coraz\u00f3n de quien lo recibe. El esperaba la curaci\u00f3n a trav\u00e9s de las aguas de la piscina de Betsata; en cambio la fuente misma de la salud que es Jes\u00fas, le ofrece gratuitamente la sanaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aquel enfermo era ciertamente un hombre de gran coraz\u00f3n. De \u00e9sos que no se desaniman a pesar de los problemas. No sabemos, pero tal vez no era de Jerusal\u00e9n, y se hab\u00eda hecho traer hasta la ciudad en busca de curaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 muchas veces habr\u00eda querido que todo terminase pronto para \u00e9l. Quiz\u00e1 pens\u00f3 que su vida ya no ten\u00eda sentido; que viv\u00eda s\u00f3lo para sufrir, aceptando las burlas y las muecas de la gente que acertaba a pasar por ah\u00ed. Cu\u00e1ntos amaneceres y atardeceres habr\u00edan pasado por encima de aquel pobre hombre, y \u00e9l no perd\u00eda la esperanza de que el buen Dios de Israel le auxiliar\u00eda.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or hab\u00eda previsto el encuentro para aquel momento preciso. No porque no hubiese querido ahorrarle el sufrimiento de tantos a\u00f1os, sino porque quiso regalarle un don mayor: la fe y poco m\u00e1s tarde el perd\u00f3n de sus pecados.<\/p>\n<p>Todos estamos expuestos a sentirnos desamparados en los momentos duros, o en la cotidianidad de nuestro trabajo diario. Sin embargo, Cristo nos sale al encuentro. Nos cura y hace que cambie nuestra vida yendo en contra de las costumbres fr\u00edvolas del mundo en que vivimos. Porque \u00c9l quiere permanecer con nosotros en nuestras almas, por medio de la gracia y bajo la condici\u00f3n de que respetemos sus mandamientos.<\/p>\n<p>Entonces, el recuerdo de Cristo y su presencia en nosotros bastar\u00e1n para aceptarnos y aceptar los peque\u00f1os sacrificios de nuestra vida diaria.<\/p>\n<p>Todos somos como este paralitico. Todos los d\u00edas constatamos nuestra peque\u00f1ez y nos sentimos fr\u00e1giles, sin fuerzas. Y en realidad lo somos, pues cojeamos siempre en nuestros mismos defectos. Y este paral\u00edtico del evangelio de hoy nos da la soluci\u00f3n: Exponer nuestros problemas a Jes\u00fas con confianza y \u00c9l va a obrar maravillas en nosotros. Somos esas personas que continuamente tropiezan, somos cojos, necesitamos de alguien que nos sostenga.<\/p>\n<p>Ese alguien es Cristo, el Hijo de Dios. \u00c9l quiere ser nuestra fortaleza, nuestra seguridad. A su lado todo lo podemos. Debemos confiar ciegamente en \u00c9l, pues \u00c9l es el amigo fiel que nunca nos abandona.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 alegr\u00eda debemos sentir al sabernos amados por Dios! Para Dios somos muy importantes. Con \u00c9l a nuestro lado, todo lo podemos. Jes\u00fas es nuestra fortaleza.<\/p>\n<p>\u00bfNos preocupamos s por el bien del pr\u00f3jimo como Jes\u00fas lo hace con el paral\u00edtico? \u00bfNos hemos dejado curar y transformar por la gracia de Dios, especialmente a trav\u00e9s de los sacramentos, como el de la Reconciliaci\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 significan para nosotros las palabras de Jes\u00fas: \u201cno vuelvas a pecar\u201d?<\/p>\n<p>Te pedimos, Se\u00f1or, que las pr\u00e1cticas santas de esta Cuaresma dispongan el coraz\u00f3n de tus fieles para celebrar dignamente el misterio pascual y anunciar a todos los hombres la grandeza de tu salvaci\u00f3n. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>Bendiciones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D\u00eda lit\u00fargico: Martes 4 de Cuaresma Texto del Evangelio (Jn 5, 1-3a. 5-18): Se celebraba una fiesta de los jud\u00edos y Jes\u00fas subi\u00f3 a Jerusal\u00e9n. Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusal\u00e9n, hay una piscina llamada en hebreo \u00abBetsata\u00bb, que tiene cinco p\u00f3rticos. 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