{"id":7230,"date":"2021-11-15T09:19:40","date_gmt":"2021-11-15T13:19:40","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=7230"},"modified":"2021-11-15T09:19:40","modified_gmt":"2021-11-15T13:19:40","slug":"contemplar-el-evangelio-de-hoy-lunes-15-de-noviembre-de-2021","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2021\/11\/15\/contemplar-el-evangelio-de-hoy-lunes-15-de-noviembre-de-2021\/","title":{"rendered":"Contemplar el Evangelio de hoy lunes 15 de noviembre de 2021"},"content":{"rendered":"<p>D\u00eda lit\u00fargico: Lunes 33 del tiempo ordinario<\/p>\n<p>15 de Noviembre: San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia<\/p>\n<p>Texto del Evangelio (Lc 18,35-43): Cuando Jes\u00fas se acercaba a Jeric\u00f3, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al o\u00edr que pasaba mucha gente, pregunt\u00f3 qu\u00e9 suced\u00eda.\u00a0 Le respondieron que pasaba Jes\u00fas de Nazaret. El ciego se puso a gritar: \u201c\u00a1Jes\u00fas, \u00a1Hijo de David, ten compasi\u00f3n de m\u00ed!\u201d Los que iban delante lo reprend\u00edan para que se callara, pero \u00e9l gritaba m\u00e1s fuerte: \u201c\u00a1Hijo de David, ten compasi\u00f3n de m\u00ed!\u201d<\/p>\n<p>Jes\u00fas se detuvo y mand\u00f3 que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfQu\u00e9 quieres que haga por ti?\u201d<\/p>\n<p>\u201cSe\u00f1or, que yo vea otra vez\u201d.<\/p>\n<p>Y Jes\u00fas le dijo: \u201cRecupera la vista, tu fe te ha salvado\u201d. En el mismo momento, el ciego recuper\u00f3 la vista y sigui\u00f3 a Jes\u00fas, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.<\/p>\n<p>Palabra del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Reflexi\u00f3n<\/p>\n<p>Jes\u00fas est\u00e1 a punto de terminar su viaje. Ya est\u00e1 cerca de Jeric\u00f3, la \u00faltima ciudad antes de Jerusal\u00e9n. Y el evangelista parece querer anticipar la entrada a Jerusal\u00e9n. A las puertas de la ciudad hay un hombre ciego, excluido al borde del camino como un mendigo, que al o\u00edr el alboroto de la gente, pregunta qu\u00e9 est\u00e1 sucediendo. Le hiceron saber que est\u00e1 pasando Jes\u00fas de Nazaret. Aquel hombre necesita a alguien que le hable de Jes\u00fas; \u00e9l solo no ve.<\/p>\n<p>En realidad, todos necesitamos que alguien nos hable de Jes\u00fas porque nosotros, que tendemos a centrarnos en nosotros y en nuestras cosas, estamos como ciegos. Y no solo porque nos cueste levantar los ojos de nosotros mismos, sino que en este caso, sin que la Iglesia nos hable de Jes\u00fas no podemos verle.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda, aquel ciego comprendi\u00f3 que Jes\u00fas no pasar\u00eda de largo y que pod\u00eda curarlo. Por eso de inmediato se pone a rogar, o mejor dicho, a gritar. Era una oraci\u00f3n sencilla, una oraci\u00f3n, precisamente, a gritos, pero aut\u00e9ntica, porque nac\u00eda de la necesidad: \u00ab\u00a1Hijo de David, Jes\u00fas, ten compasi\u00f3n de m\u00ed!\u00bb. Por desgracia, como pasa todav\u00eda hoy a menudo, la gente intenta hacerle callar, tal vez para no importunar a aquel Maestro que no pod\u00eda perder tiempo con alguien tan insignificante como \u00e9l. Pero aquel ciego ruega, o mejor dicho, grita m\u00e1s fuerte: \u00ab\u00a1Hijo de David, ten compasi\u00f3n de m\u00ed!\u00bb.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se detiene y pide que le lleven ante aquel ciego. Ahora est\u00e1n frente a frente. Jes\u00fas ve m\u00e1s all\u00e1 de aquellos ojos cerrados a la luz y llega hasta el coraz\u00f3n. Y lo interpela. Entabla un di\u00e1logo con el coraz\u00f3n del ciego. S\u00ed, encontrarse personalmente con Jes\u00fas es indispensable para que se abran los ojos de aquel ciego, para que en nuestro coraz\u00f3n entre la luz, para que el alma de los disc\u00edpulos se abra a la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el encuentro entre nosotros y Jes\u00fas se realiza la curaci\u00f3n. Jes\u00fas, como reconociendo la iniciativa del ciego, le dice: \u00abRecobra la vista; tu fe te ha curado\u00bb. Aquel ciego empieza a ver y ve tambi\u00e9n con los ojos del coraz\u00f3n, porque empieza a seguirlo. No se queda solo disfrutando su curaci\u00f3n. No; comprende que debe participar en la curaci\u00f3n del mundo para que los hombres vean la misericordia de Dios y se conviertan a \u00c9l. Aquel ciego encarna al creyente, a aquel que reconoce su ceguera, reza con fe al Se\u00f1or, se deja curar y sigue al Maestro. Es un ejemplo para todos nosotros.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 cegueras necesitamos que el Se\u00f1or nos quite? \u00bfSomos capaces de confesar nuestra fe ante los dem\u00e1s como lo hizo el ciego? \u00bfDemostramos<\/p>\n<p>nuestra pertenencia al Reino de Dios preocup\u00e1ndonos de los m\u00e1s necesitados?<\/p>\n<p>Se\u00f1or, aumenta en nosotros la fe para saber que T\u00fa siempre est\u00e1s con nosotros. Necesitamos la habilidad de ver todo desde tu punto de vista. Perm\u00edtenos adorarte y glorificarte por tu constante compa\u00f1\u00eda y porque nunca nos has dejado solos en nuestros problemas y tristezas. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>Bendiciones<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D\u00eda lit\u00fargico: Lunes 33 del tiempo ordinario 15 de Noviembre: San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia Texto del Evangelio (Lc 18,35-43): Cuando Jes\u00fas se acercaba a Jeric\u00f3, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. 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