{"id":6432,"date":"2020-12-13T00:00:51","date_gmt":"2020-12-13T03:00:51","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=6432"},"modified":"2020-12-12T20:00:13","modified_gmt":"2020-12-12T23:00:13","slug":"evangelio-del-domingo-13-diciembre-2020","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2020\/12\/13\/evangelio-del-domingo-13-diciembre-2020\/","title":{"rendered":"Evangelio del Domingo 13 diciembre 2020"},"content":{"rendered":"\n<p>Domingo Adviento III-B<\/p>\n\n\n\n<p>Jn 1,6-8\u00b719-28<\/p>\n\n\n\n<p>Vino para dar testimonio de la Luz<\/p>\n\n\n\n<p>El Evangelio de este Domingo III de Adviento se centra en la persona de Juan Bautista y particularmente en su singular vocaci\u00f3n. Juan Bautista es uno de los personajes b\u00edblicos que tiene una misi\u00f3n m\u00e1s clara, hasta el punto de ser llamado \u00abel precursor del Se\u00f1or\u00bb. Es, por tanto, un personaje del Adviento.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ser humano ha sido creado por Dios con una vocaci\u00f3n com\u00fan, como lo declara San Pablo en el himno con el cual comienza su carta a los efesios: \u00abBendito sea Dios, Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u2026, que nos ha elegido en Cristo antes de la fundaci\u00f3n del mundo, para fuesemos santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiendonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, seg\u00fan el benepl\u00e1cito de su voluntad\u00bb (Ef 1,1.4-5). Todo ser humano tiene la vocaci\u00f3n a ser santo e hijo de Dios en Cristo; y la tiene, asignada a \u00e9l por Dios, que lo eligi\u00f3 antes de la creaci\u00f3n del mundo. Nuestra preocupaci\u00f3n debe ser, por tanto, alcanzar la santidad, pues para esto hemos sido creados. Esta es la vocaci\u00f3n com\u00fan. Pero \u00e9sta la realiza cada uno en fidelidad a su vocaci\u00f3n particular, que debe procurar descubrir y a la cual debe responder. En el Evangelio de hoy vemos c\u00f3mo responde Juan Bautista.<\/p>\n\n\n\n<p>El Evangelio de hoy comienza citando el Pr\u00f3logo del IV Evangelio: \u00abHubo un hombre enviado por Dios\u00bb. Despu\u00e9s de hablar de la Palabra en Dios \u2013\u00abEn el principio era la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios\u2026\u00bb (Jn 1,1ss)\u2013, esta es la primera afirmaci\u00f3n hist\u00f3rica de ese himno. Esa afirmaci\u00f3n puede decirse de todo ser humano; todos hemos sido enviados a este mundo por Dios, cada uno con su propia misi\u00f3n, como dijimos. Pero el Pr\u00f3logo se refiere a un hombre particular: \u00abSu nombre era Juan\u00bb. Inmediatamente, indica cu\u00e1l es su singular vocaci\u00f3n y lo hace con inusual insistencia: \u00ab\u00c9ste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz\u2026 vino para dar testimonio de la luz\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Debemos reconocer que esta vocaci\u00f3n \u2013dar testimonio de la luz\u2013 es desconcertante. En efecto, de todo lo creado, nada hay m\u00e1s manifiesto que la luz. Por su naturaleza, la luz no necesita de otro que la ponga en evidencia. La vocaci\u00f3n de Juan requiere una aclaraci\u00f3n. Es lo que leemos a continuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEste fue el testimonio de Juan, cuando los jud\u00edos enviaron donde \u00e9l sacerdotes y levitas desde Jerusal\u00e9n a preguntarle: \u201c\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa\u201d?\u00bb. Cuando esto ocurri\u00f3 Juan hab\u00eda pasado muchos a\u00f1os en el desierto, esperando que Dios le revelara su Palabra: \u00abVivi\u00f3 en el desierto hasta el d\u00eda de su manifestaci\u00f3n a Israel\u2026 En el a\u00f1o quince del imperio de Tiberio C\u00e9sar\u2026 fue dirigida la Palabra de Dios a Juan, hijo de Zacar\u00edas, en el desierto. Y se fue por toda la regi\u00f3n del Jord\u00e1n proclamando un bautismo de conversi\u00f3n para perd\u00f3n de los pecados\u00bb (Lc 1,80; 3,1.2-3). Su fama se hab\u00eda difundido hasta el punto de inquietar a las autoridades religiosas, que, por eso, mandan a preguntarle a \u00e9l mismo sobre su identidad. El Evangelio de Lucas nos informa sobre el inmenso prestigio de Juan: \u00abComo el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no ser\u00eda \u00e9l el Cristo\u00bb (Lc 3,15). Por eso, Juan se adelanta a responder a esos enviados desde Jerusal\u00e9n: \u00abYo no soy el Cristo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, en ese tiempo se pensaba que, antes de la venida del Cristo \u2013el Ungido, como David, que vendr\u00eda a salvar al pueblo\u2013, deb\u00eda volver a la tierra el profeta El\u00edas, que hab\u00eda sido arrebatado el cielo en un carro de fuego (cf. 2Rey 2,11-12). Esto explica la pregunta siguiente: \u00ab\u00bfEres t\u00fa El\u00edas?\u00bb. Este era uno de los m\u00e1s grandes profetas, que aparece en la Escritura abruptamente, con esta autopresentaci\u00f3n: \u00abVive el Se\u00f1or, Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habr\u00e1 estos a\u00f1os roc\u00edo ni lluvia m\u00e1s que cuando mi boca lo diga\u00bb (1Rey 17,1). Juan conoce bien al profeta El\u00edas y sabe que debe venir a la tierra antes que el Ungido; pero no tiene la presunci\u00f3n de identificarse con \u00e9l. Responde, por tanto: \u00abNo lo soy\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Para agotar todas las posibilidades, le hacen una tercera pregunta: \u00ab\u00bfEres t\u00fa el profeta?\u00bb. La condici\u00f3n de profeta era muy apreciada en Israel, como lo dice Jes\u00fas: \u00abUn profeta no carece de honor\u00bb (Mc 6,4). Y Juan era considerado un profeta: \u00abTodos ten\u00edan a Juan por un verdadero profeta\u00bb (Mc 11,32). Pero la pregunta tiene sentido, porque se refiere a un profeta particular. En efecto, Mois\u00e9s hab\u00eda anunciado, como promesa de Dios, la venida de ese profeta diciendo al pueblo: \u00abEl Se\u00f1or tu Dios suscitar\u00e1, de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, a quien ustedes escuchar\u00e1n\u00bb (Deut 18,15). Se esperaba la venida de ese profeta, que deb\u00eda ser \u00abcomo Mois\u00e9s\u00bb. Pero tampoco con \u00e9l se identifica Juan y responde: \u00abNo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Agotadas todas las posibilidades y no queriendo volver sin una respuesta, la pregunta es directa: \u00ab\u00bfQui\u00e9n eres, entonces? \u00bfQu\u00e9 dices de ti mismo?\u00bb. A esta pregunta Juan responde formulando su vocaci\u00f3n, que hab\u00eda sido anunciada por el profeta Isa\u00edas, pero de manera an\u00f3nima: \u00abYo soy voz del que clama en el desierto: \u201cEnderecen el camino del Se\u00f1or\u201d, como dijo el profeta Isa\u00edas\u00bb. Isa\u00edas hab\u00eda anunciado una misteriosa voz: \u00abUna voz clama: \u201cEn el desierto abran camino al Se\u00f1or, tracen en la estepa una calzada recta a nuestro Dios\u201d\u00bb (Is 40,3).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Esto es lo que hizo Juan! Y lo hizo con absoluta fidelidad. Form\u00f3 disc\u00edpulos, para que, cuando se presentara el Se\u00f1or, inmediatamente lo siguieran a \u00c9l. Era un profeta \u2013\u00abm\u00e1s que un profeta\u00bb, como lo define Jes\u00fas (cf. Lc 7,26)\u2013, porque sab\u00eda que ya estaba en la tierra el Salvador y lo afirma claramente: \u00abEn medio de ustedes est\u00e1 uno a quien ustedes no conocen\u00bb. Y, si ellos pensaban que el Cristo pod\u00eda ser \u00e9l, \u00e9l, en cumplimiento de su misi\u00f3n de preparar el camino al Se\u00f1or que viene, se apresura a declarar: \u00abViene detr\u00e1s de m\u00ed y yo no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias\u00bb. Ahora entendemos por qu\u00e9 el Pr\u00f3logo del IV Evangelio insiste en que su vocaci\u00f3n es la de \u00abdar testimonio de la luz\u00bb. Porque el que viene detr\u00e1s de \u00e9l, a quien \u00e9l indicar\u00e1, es la Luz del mundo, como \u00c9l mismo lo declara: \u00abYo soy la luz del mundo; el que me siga no caminar\u00e1 en tinieblas, sino que tendr\u00e1 la luz de la vida\u00bb (Jn 8,12). Al resplandor de esa Luz, cada uno de nosotros debe descubrir su propia vocaci\u00f3n y seguirla con fidelidad.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; + Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo Adviento III-B Jn 1,6-8\u00b719-28 Vino para dar testimonio de la Luz El Evangelio de este Domingo III de Adviento se centra en la persona de Juan Bautista y particularmente en su singular vocaci\u00f3n. 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