{"id":6089,"date":"2020-07-26T00:00:42","date_gmt":"2020-07-26T03:00:42","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=6089"},"modified":"2020-07-25T19:53:14","modified_gmt":"2020-07-25T22:53:14","slug":"evangelio-del-domingo-26-julio-2020-tiempo-ordinario-domingo-17a","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2020\/07\/26\/evangelio-del-domingo-26-julio-2020-tiempo-ordinario-domingo-17a\/","title":{"rendered":"Evangelio del Domingo 26 julio 2020 Tiempo Ordinario, Domingo 17A"},"content":{"rendered":"\n<p>Mt 13,44-52<\/p>\n\n\n\n<p>Miren que hago nuevas todas las cosas<\/p>\n\n\n\n<p>En el Evangelio de este Domingo XVII del tiempo ordinario leemos las tres \u00faltimas par\u00e1bolas del Discurso que hab\u00eda comenzado, despu\u00e9s de presentar a Jes\u00fas sentado en la actitud del maestro ante una multitud, con la introducci\u00f3n: \u00abLes habl\u00f3 muchas cosas en par\u00e1bolas\u00bb (Mt 13,3) y concluye con la frase de transici\u00f3n hacia una secci\u00f3n narrativa: \u00abY sucedi\u00f3 que, cuando acab\u00f3 Jes\u00fas estas par\u00e1bolas, parti\u00f3 de all\u00ed\u00bb (Mt 13,53).<\/p>\n\n\n\n<p>Las tres par\u00e1bolas del Evangelio de hoy comienzan con la consabida frase: \u00abEl Reino de los cielos es semejante a\u2026\u00bb. Esta introducci\u00f3n recurre en las otras tres par\u00e1bolas del mismo cap\u00edtulo que le\u00edamos el domingo pasado (Domingo XVI) y en otras m\u00e1s, que est\u00e1n en otros discursos del mismo Evangelio (Mt 18,23; 20,1; 22,2; 25,1; 25,14). No hay duda de que Jes\u00fas se esforz\u00f3, con todos los medios pedag\u00f3gicos a su disposici\u00f3n, por revelar a sus disc\u00edpulos este misterio, como lo dice expresamente: \u00abEs que a ustedes les ha sido dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a los dem\u00e1s no\u00bb (Mt 13,11). Por eso, despu\u00e9s de leer estas siete par\u00e1bolas, que nos han ocupado estos \u00faltimos tres domingos, cada uno debe preguntarse si le ha sido dado conocer este misterio. Recordemos que no es del dominio de la inteligencia humana, sino de la gracia y que Dios se complace en revelarlo a los peque\u00f1os (cf. Mt 11,25).<\/p>\n\n\n\n<p>La primera de las par\u00e1bolas del Evangelio de hoy es breve; se lee en un instante, pero es una de las m\u00e1s expresivas de este misterio: \u00abEl Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegr\u00eda que le da, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo\u00bb. Todos los oyentes de Jes\u00fas \u2013y tambi\u00e9n nosotros\u2013 entendemos que esa es la conducta normal y esperable de todo ser humano. Lo que es objeto de revelaci\u00f3n y, por tanto, de fe es que esa sea la conducta normal que se debe adopta ante algo que Jes\u00fas llama \u00abel Reino de los cielos\u00bb. Dos circunstancias que motivan esa conducta est\u00e1n subrayadas: el hombre que encuentra el tesoro se mueve a impulsos de \u00abla alegr\u00eda que lo invade\u00bb y el valor del tesoro encontrado es tal que justifica con creces le venta de \u00abtodo lo que tiene\u00bb. A esto se agrega el hecho de que el hallazgo es absolutamente inesperado e inmerecido.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda par\u00e1bola del Evangelio de hoy es gemela con la del tesoro en el campo: \u00abTambi\u00e9n es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra\u00bb. No se incluye la circunstancia de la alegr\u00eda, porque en este caso el encuentro no es enteramente inesperado. En efecto, se trata de un mercader que \u00abanda buscando\u00bb, aunque, de todas maneras, el encuentro de esa perla que, con el fin de adquirirla, motiva la venta de \u00abtodo lo que tiene\u00bb es fortuito.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 realidad puede haber que, dada la fe, corresponda con ese misterio que Jes\u00fas llama con profusi\u00f3n \u00abel Reino de los cielos\u00bb? Una sola: la Persona del Hijo de Dios hecho hombre en medio de nosotros. S\u00f3lo el encuentro con \u00c9l motiva esa conducta, que justamente vemos en todos sus ap\u00f3stoles y en todos los santos de la historia y debe observarse en todos sus verdaderos disc\u00edpulos. La historia de todos ellos se describe con una frase com\u00fan, que es respuesta a una llamada que sigue a un encuentro personal con Jes\u00fas: \u00abDejandolo todo lo siguieron\u00bb (Mt 4,20.22; 9,9). El aspecto particular del Reino de los cielos que Jes\u00fas quiere ense\u00f1ar con estas dos par\u00e1bolas es que, si esa respuesta no se da, es signo de que el encuentro personal con \u00c9l no se ha dado.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la tercera de las par\u00e1bolas del Evangelio de hoy Jes\u00fas quiere revelarnos que la presencia del Reino de los cielos en el mundo afecta a todos, como la red que \u00abrecoge toda clase de peces\u00bb y que, dado lo que est\u00e1 en juego, a nadie debe ser indiferente: \u00abRecogen en cestos los buenos y tiran los malos\u00bb. La comparaci\u00f3n en que consiste la par\u00e1bola la expresa Jes\u00fas revelandonos el desenlace final del mundo y tambi\u00e9n el de cada ser humano: \u00abAs\u00ed suceder\u00e1 al fin del mundo: saldr\u00e1n los \u00e1ngeles, separar\u00e1n a los malos de entre los justos y los echar\u00e1n en el horno de fuego; all\u00ed ser\u00e1 el llanto y el rechinar de dientes\u00bb. La conclusi\u00f3n de esta par\u00e1bola refuerza lo ense\u00f1ado en la par\u00e1bola de la ciza\u00f1a sembrada entre el trigo. La suerte de los \u00abobradores de esc\u00e1ndalo e iniquidad\u00bb es la misma: \u00abSer\u00e1n arrojados el horno de fuego donde ser\u00e1 el llanto y el rechinar de dientes\u00bb (Mt 13,42). No hay otro modo mas gr\u00e1fico y eficaz de expresar la infelicidad. En aquella par\u00e1bola Jes\u00fas describ\u00eda la suerte de los justos diciendo: \u00abBrillar\u00e1n como el sol en el Reino de su Padre\u00bb (Mt 13,43). Que Dios sea su Padre, significa que se les ha concedido participar de la naturaleza divina.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de leer todo este discurso, intentemos responder qu\u00e9 quiere decir Jes\u00fas con la expresi\u00f3n \u00abReino de los cielos\u00bb. Lo primero que debemos responder es que ya est\u00e1 presente en el mundo y lo est\u00e1 desde el momento en que vino Jes\u00fas. Este fue el tema de su predicaci\u00f3n y tambi\u00e9n de la predicaci\u00f3n de sus ap\u00f3stoles: \u00abEl Reino de los cielos (o de Dios) est\u00e1 cerca\u00bb (Mt Mt 4,17;10,7). Pero \u00c9l aclara: \u00abEl Reino de Dios ya est\u00e1 en medio de ustedes\u00bb (Lc 17,21). Debemos decir que el Reino de Dios se identifica con la Persona de Jes\u00fas, verdadero Dios y verdadero hombre, dentro de nuestra historia, pues su venida es el \u00fanico acontecimiento sobre el cual se debe afirmar: \u00abNada qued\u00f3 igual\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos verificar esta conclusi\u00f3n con la predicaci\u00f3n del ap\u00f3stol San Pablo. En todas sus cartas el ap\u00f3stol usa la expresi\u00f3n \u00abReino de Dios\u00bb solamente nueve veces y seis de esas veces en la expresi\u00f3n: \u00abNo heredar\u00e1n el Reino de Dios\u00bb. En cambio, usa el nombre de Cristo incontables veces. \u00c9l ya no habla de la venida entre nosotros del Reino de Dios, sino que dice: \u00abCuando lleg\u00f3 la plenitud del tiempo, envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer\u00bb (Gal 4,4). As\u00ed describe el orden nuevo instaurado en el mundo. Y subraya esa novedad diciendo: \u00abSi alguien est\u00e1 en Cristo es una nueva creaci\u00f3n; lo antiguo ha pasado, vean se ha hecho nuevo\u00bb (2Cor 5,17). Ese orden nuevo que se instaura con la presencia de Jes\u00fas es el Reino de Dios. Jes\u00fas lo describe, seg\u00fan su modo habitual por medio de una imagen: \u00abNo puede echarse el vino nuevo en odres viejos; el vino nuevo debe echarse en odres nuevos\u00bb (Mt 9,17). Confirma esto la visi\u00f3n del Apocalipsis. El que est\u00e1 sentado en el trono dice: \u00abMiren que hago nuevas todas las cosas\u00bb (Apoc 21,5).<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; + Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mt 13,44-52 Miren que hago nuevas todas las cosas En el Evangelio de este Domingo XVII del tiempo ordinario leemos las tres \u00faltimas par\u00e1bolas del Discurso que hab\u00eda comenzado, despu\u00e9s de presentar a Jes\u00fas sentado en la actitud del maestro ante una multitud, con la introducci\u00f3n: \u00abLes habl\u00f3 muchas cosas en par\u00e1bolas\u00bb (Mt 13,3) y &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":6090,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15,25],"tags":[50,48,49],"class_list":["post-6089","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","","category-comentario-del-domingo","category-evangelio-del-dia","tag-comentario-del-domingo","tag-evangelio-del-dia","tag-monsenor-felipe-bacarreza"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6089","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6089"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6089\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6091,"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6089\/revisions\/6091"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6090"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6089"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6089"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6089"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}