{"id":5423,"date":"2019-11-10T10:44:11","date_gmt":"2019-11-10T14:44:11","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=5423"},"modified":"2019-11-10T10:44:11","modified_gmt":"2019-11-10T14:44:11","slug":"el-evangelio-de-hoy-domingo-10-noviembre-2019","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2019\/11\/10\/el-evangelio-de-hoy-domingo-10-noviembre-2019\/","title":{"rendered":"El Evangelio de hoy Domingo, 10 noviembre 2019"},"content":{"rendered":"<p>Lc 20,27-38<\/p>\n<p>Dios es Dios de vivos, pues todos viven para \u00c9l<\/p>\n<p>Tratando sobre la dignidad de la persona humana, el Concilio Vaticano II se refiere a lo que m\u00e1s parece atentar contra esa dignidad: \u00abEl m\u00e1ximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y con la disoluci\u00f3n progresiva del cuerpo. Pero su m\u00e1ximo tormento es el temor por la desaparici\u00f3n perpetua\u00bb (GS N.18). En el Evangelio de este Domingo XXXII del tiempo ordinario Jes\u00fas resuelve ese \u00abenigma m\u00e1ximo de la vida humana\u00bb, respondiendo a una dificultad que le presentan los saduceos.<\/p>\n<p>\u00abAcerc\u00e1ndose a Jes\u00fas algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrecci\u00f3n, le preguntaron: \u201cMaestro, Mois\u00e9s nos dej\u00f3 escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no ten\u00eda hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano\u201d\u00bb. En el tiempo de Jes\u00fas, los saduceos eran el grupo de los sacerdotes. Toman su nombre de su antepasado Sadoc, que era sacerdote en el tiempo del rey David y que permaneci\u00f3 fiel a \u00e9l, cuando el hijo de David, Adon\u00edas, quiso tomarse el poder y reinar despu\u00e9s su padre (cf. 1Re 1,8.32-33). Los saduceos recib\u00edan como Palabra de Dios solamente los cinco libros del Pentateuco (G\u00e9nesis, \u00c9xodo, Lev\u00edtico, N\u00fameros y Deuteronomio), que consideraban escritos por Mois\u00e9s, y no encontraban all\u00ed revelada la resurrecci\u00f3n de los muertos. Citan bien a Mois\u00e9s. Es la ley del levirato, que responde precisamente a ese horror a la desaparici\u00f3n total con la muerte. Se consideraba que el hombre se prolongaba en su descendencia. Por eso, si un hombre mor\u00eda sin hijos, era un deber fraterno del hermano tomar a la viuda y el primer hijo engendrado con ella se consideraba descendencia del difunto: \u00abEl primog\u00e9nito que ella d\u00e9 a luz llevar\u00e1 el nombre de su hermano difunto; as\u00ed su nombre no se borrar\u00e1 de Israel\u00bb (Deut 25,6). A esto responde el caso que le presentan a Jes\u00fas con el fin de objetar la fe en la resurrecci\u00f3n de los muertos.<\/p>\n<p>Le presentan el caso de siete hermanos. El primero tom\u00f3 mujer y muri\u00f3 sin hijos. Tom\u00f3 a la viuda el segundo y tambi\u00e9n muri\u00f3 sin hijos. As\u00ed, sucesivamente, tomaron a la viuda los siete hermanos y ninguno tuvo con ella hijos. La objeci\u00f3n contra la resurrecci\u00f3n es esta: \u00abEn la resurrecci\u00f3n, \u00bfde cu\u00e1l de ellos ser\u00e1 la mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer\u00bb. Con este caso \u2013aunque hubiera bastado con dos hermanos\u2013 piensan reducir la fe en la resurrecci\u00f3n al absurdo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas responde distinguiendo la vida en este mundo de la que tendr\u00e1n en aquel mundo los resucitados. Y dado que la supuesta insalvable dificultad que oponen a la resurrecci\u00f3n se refiere a la vida conyugal, Jes\u00fas responde explicando c\u00f3mo se transforma en la resurrecci\u00f3n esa relaci\u00f3n entre el hombre y la mujer: \u00abLos hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que sean considerados dignos de alcanzar aquel mundo y la resurrecci\u00f3n de entre los muertos, ni ellos tomar\u00e1n mujer ni ellas marido\u00bb. Podemos decir que en el estado de resucitados no existir\u00e1 el \u00abamor conyugal\u00bb, que es el amor que une a un hombre y una mujer, ese amor que, despu\u00e9s del relato de la creaci\u00f3n del hombre y la mujer, la Biblia registra as\u00ed: \u00abDejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer y ser\u00e1n los dos una sola carne\u00bb (Gen 2,24). \u00bfPor qu\u00e9 cesar\u00e1 este amor, que, por su propia naturaleza, es exclusivo entre un hombre y una mujer? Responde Jes\u00fas: \u00abPorque no pueden ya morir y son como \u00e1ngeles\u00bb. De esta manera, de paso, Jes\u00fas nos ense\u00f1a que la finalidad del amor conyugal es la procreaci\u00f3n. Ese amor existe en este mundo, porque en este mundo el ser humano muere y, por tanto, es necesaria la procreaci\u00f3n. En la resurrecci\u00f3n los seres humanos seguir\u00e1n siendo seres humanos con carne y huesos y tendr\u00e1n la misma identidad personal que tienen en este mundo; pero en este aspecto \u2013el de la procreaci\u00f3n y del amor conyugal\u2013 \u00abser\u00e1n como \u00e1ngeles\u00bb. En efecto, los \u00e1ngeles fueron creados todos en un mismo acto creador, no tienen sexo y no vienen a la existencia por procreaci\u00f3n. Entre ellos no existe al amor conyugal; pero s\u00ed existe al amor divino, el que, ya en este mundo, es \u00abderramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que se nos ha dado\u00bb (Rom 5,5). Este es el \u00fanico amor que existir\u00e1 en la resurrecci\u00f3n y con ese amor amaremos a Dios y a todos los dem\u00e1s seres humanos. Con este amor, que es mucho m\u00e1s fuerte y estable que el amor conyugal, amar\u00e1 la mujer a sus siete esposos y a todos los dem\u00e1s resucitados.<\/p>\n<p>Es importante aclarar la relaci\u00f3n entre el amor divino y el amor conyugal. En su primera carta San Juan, refiriendose al mandamiento de Cristo: \u00abLo que les mando es que ustedes se amen los unos a los otros\u00bb (Jn 15,17), escribe: \u00abAmados, amemonos los unos a los otros, porque el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios\u00bb (1Jn 4,7). Este amor que es de Dios se extiende a todo hombre y toda mujer. En cambio, el amor conyugal se extiende solamente a un hombre y una mujer hasta el punto de hacer de ellos dos \u00abuna sola carne\u00bb. Pero el hombre y la mujer, que est\u00e1n unidos por el amor conyugal, deben estar tambi\u00e9n unidos y de manera mucho m\u00e1s fuerte y estable por el amor divino. Este es el efecto del Sacramento del matrimonio: hace que el amor conyugal y el amor divino sean un solo amor con que se aman los esposos. Todos sabemos que el amor conyugal est\u00e1 sujeto a fluctuaciones y veleidades. El amor divino entre los esposos es estable y da al amor conyugal la estabilidad necesaria para que los esposos se amen indisolublemente hasta la muerte. El Catecismo afirma la necesidad del amor divino entre los esposos para que puedan vivir su vida conyugal seg\u00fan el plan de Dios: \u00abEl hombre y la mujer necesitan la ayuda de la gracia que Dios, en su misericordia infinita, jam\u00e1s les ha negado. Sin esta ayuda, el hombre y la mujer no pueden llegar a realizar la uni\u00f3n de sus vidas en orden a la cual Dios los cre\u00f3 \u201cal comienzo\u201d\u00bb (Catecismo N. 1608).<\/p>\n<p>Jes\u00fas no deja de reafirmar la verdad de la resurrecci\u00f3n y lo hace argumentando con el mismo Pentateuco, que los saduceos reciben como Palabra de Dios. All\u00ed leemos que Dios, cuando llam\u00f3 a Mois\u00e9s desde la zarza ardiendo, se identifica diciendo: \u00abAs\u00ed dir\u00e1s a los israelitas: el Se\u00f1or, el Dios de los padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes. Este es mi nombre para siempre, por \u00e9l ser\u00e9 invocado de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n\u00bb (Ex 3,15). Esos padres Abraham, Isaac y Jacob hab\u00edan muerto hac\u00eda m\u00e1s de cuatro siglos, cuando Dios habl\u00f3 a Mois\u00e9s. Jes\u00fas concluye: \u00abNo es un Dios de muertos, sino de vivos, porque todos viven para \u00c9l\u00bb. De esta manera Jes\u00fas afirma que esos patriarcas y todos los difuntos viven. Ellos y todos los seres humanos tienen un alma espiritual, que no se reduce a la materia y que, por tanto, es inmortal. En el tiempo presente el alma de los difuntos espera la resurrecci\u00f3n de la carne, que tendr\u00e1 lugar cuando ocurra lo que confesamos sobre Jesucristo: \u00abDe nuevo vendr\u00e1 con gloria a juzgar a vivos y muertos y su reino no tendr\u00e1 fin\u00bb.<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lc 20,27-38 Dios es Dios de vivos, pues todos viven para \u00c9l Tratando sobre la dignidad de la persona humana, el Concilio Vaticano II se refiere a lo que m\u00e1s parece atentar contra esa dignidad: \u00abEl m\u00e1ximo enigma de la vida humana es la muerte. 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