{"id":5330,"date":"2019-10-13T00:00:16","date_gmt":"2019-10-13T04:00:16","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=5330"},"modified":"2019-10-11T16:47:34","modified_gmt":"2019-10-11T20:47:34","slug":"el-evangelio-de-hoy-domingo-13-octubre-2019","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2019\/10\/13\/el-evangelio-de-hoy-domingo-13-octubre-2019\/","title":{"rendered":"El Evangelio de hoy Domingo, 13 octubre 2019"},"content":{"rendered":"<p>Lc 17,11-19<\/p>\n<p>Los dem\u00e1s, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n?<\/p>\n<p>El Evangelio de este Domingo XXVIII del tiempo ordinario nos relata un episodio real de la vida p\u00fablica de Jes\u00fas que ocurri\u00f3 en uno de los pueblos de Samar\u00eda por los que atraves\u00f3 en su camino a Jerusal\u00e9n: \u00abAl entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez varones leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: \u201c\u00a1Jes\u00fas, Maestro, ten piedad de nosotros!\u201d\u00bb.<\/p>\n<p>El verbo imperativo que ellos usan suena en griego: \u00abel\u00e9eson\u00bb (ten piedad), que es el mismo que repetimos tres veces en el acto penitencial al comienzo de la Eucarist\u00eda: \u00abSe\u00f1or, ten piedad \u2013 Cristo, ten piedad \u2013 Se\u00f1or, ten piedad\u00bb. Por eso, aunque este triple grito se cante, no debemos cambiar esas palabras, porque ellas nos recuerdan que estamos ante el Se\u00f1or en la misma situaci\u00f3n que esos diez leprosos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que ellos piden a Jes\u00fas? Jes\u00fas va acompa\u00f1ado por los Doce, por otros que \u00c9l hab\u00eda mandado por delante a los lugares donde iba a ir y por mucha gente. Pero, entre toda esa multitud, los leprosos identifican claramente a Jes\u00fas, a quien llaman por su nombre, agregando el t\u00edtulo honor\u00edfico de \u00abMaestro\u00bb. Se detienen a distancia, porque los leprosos, a causa de su enfermedad, que era considerada una \u00abimpureza\u00bb, no pod\u00edan acercarse a la gente ni entrar en lugares poblados. Si alguien se acercaba a ellos, deb\u00edan prevenirlo gritando: \u00abImpuro, impuro\u00bb (cf. Lev 13,45-46). Su mayor segregaci\u00f3n era, sin embargo, respecto de Dios. En efecto, su condici\u00f3n de impureza los hac\u00eda inh\u00e1biles para el culto. Se reun\u00edan en grupos para acompa\u00f1arse en su amarga situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esos leprosos seguramente hab\u00edan o\u00eddo lo que hizo Jes\u00fas con un leproso que no temi\u00f3 acercarse a \u00c9l: \u00abEstando en una ciudad, se present\u00f3 un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jes\u00fas, se ech\u00f3 rostro en tierra, y le rog\u00f3 diciendo: \u201cSe\u00f1or, si quieres, puedes purificarme\u201d. \u00c9l extendi\u00f3 la mano, lo toc\u00f3, y dijo: \u201cQuiero, queda puro\u201d. Y, al instante, le desapareci\u00f3 la lepra\u00bb. Jes\u00fas le da esta orden: \u00abVete, mu\u00e9strate al sacerdote&#8230;\u00bb. Dado que la lepra segregaba del culto divino, correspond\u00eda al sacerdote verificar la purificaci\u00f3n y decretar la rehabilitaci\u00f3n. La conclusi\u00f3n de ese episodio es que \u00absu fama se extend\u00eda cada vez m\u00e1s\u00bb (Lc 5,12-15). La purificaci\u00f3n de ese leproso no debi\u00f3 ser un hecho aislado, porque es uno de los signos que Jes\u00fas indica a los enviados de Juan el Bautista para acreditarse como el que deb\u00eda venir: \u00abVayan y cuenten a Juan lo que han visto y o\u00eddo: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados&#8230;\u00bb (Lc 7,22).<\/p>\n<p>Con su grito esos hombres expresan su fe en que Jes\u00fas los puede purificar y devolverlos a la vida familiar y, sobre todo, a la participaci\u00f3n en el culto divino. Jes\u00fas les responde: \u00abVayan y pres\u00e9ntense a los sacerdotes\u00bb. Habr\u00eda sido imposible para ellos llegar ante los sacerdotes cubiertos de lepra. Jes\u00fas da por obtenida la purificaci\u00f3n de ellos y los manda a los sacerdotes para que decreten su reintegraci\u00f3n. Y as\u00ed lo entienden tambi\u00e9n ellos que se ponen en camino: \u00abSucedi\u00f3 que, mientras iban, fueron purificados\u00bb.<\/p>\n<p>La secuencia l\u00f3gica del relato habr\u00eda sido que los diez hubieran reconocido el inmenso beneficio recibido y hubieran vuelto a Jes\u00fas a expresar su gratitud. Pero la realidad es otra y refleja bien la condici\u00f3n humana: \u00abUno de ellos, vi\u00e9ndose curado, se volvi\u00f3 glorificando a Dios en alta voz. Y, postr\u00e1ndose rostro en tierra a los pies de Jes\u00fas, le daba gracias; y \u00e9ste era un samaritano\u00bb. Jes\u00fas sabe que han quedado purificados los diez. Y, sin embargo, pregunta: \u00ab\u00bfNo fueron purificados los diez?\u00bb. Habr\u00eda preferido que le dijeran: \u00abNo, fue purificado s\u00f3lo \u00e9ste\u00bb, antes que constatar la ingratitud de los otros nueve. Esa ingratitud, que \u00c9l considera referida a Dios, le duele: \u00abLos otros nueve, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n? \u00bfNo ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?\u00bb.<\/p>\n<p>Jes\u00fas no espera un reconocimiento para \u00c9l. Le duele la ingratitud, porque ella cierra la posibilidad de mayores beneficios. Le faltaba dar a esos hombres algo m\u00e1s grande que la purificaci\u00f3n de la lepra. Quer\u00eda darles lo que \u00c9l vino a traer al mundo. Pero, \u00a1no pudo hacerlo!, excepto con el \u00fanico que reconoci\u00f3 el beneficio y volvi\u00f3 a agradecer: \u00abLev\u00e1ntate y vete; tu fe te ha salvado\u00bb.<\/p>\n<p>Jes\u00fas fue fiel a su misi\u00f3n de ser el \u00abenviado por Dios a su pueblo de Israel\u00bb. As\u00ed lo canta Zacar\u00edas, el padre de Juan el Bautista: \u00abBendito el Se\u00f1or Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo\u00bb (Lc 1,68). As\u00ed lo declara el mismo Jes\u00fas: \u00abNo he sido enviado, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel\u00bb (Mt 15,24). Sin embargo, donde encuentra fe y reconocimiento, el mismo plan de Dios cede. En este caso, Jes\u00fas concede la salvaci\u00f3n a un extranjero, m\u00e1s a\u00fan, a un samaritano: \u00ab\u00bfNo ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?\u00bb. Y a \u00e9ste Jes\u00fas dice: \u00abTu fe te ha salvado\u00bb.<\/p>\n<p>El Evangelio de Juan expresa el don m\u00e1s grande que Dios ha hecho al mundo en estos t\u00e9rminos: \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que le dio a su Hijo \u00fanico&#8230; para que el mundo se salve por \u00c9l\u00bb (Jn 3,16.17). Nosotros no tenemos c\u00f3mo agradecer a Dios debidamente un don tan grande, excepto elev\u00e1ndonos al nivel del mismo Dios, es decir, en su Hijo Jesucristo. Esto es lo que ocurre en la Eucarist\u00eda. Por eso, esta acci\u00f3n lit\u00fargica, en que ofrecemos a Dios a su Hijo, adquiere ese nombre: \u00abEucarist\u00eda = Acci\u00f3n de gracias\u00bb. Cuando Jes\u00fas considera nuestras Eucarist\u00edas dominicales, ciertamente se lamentar\u00e1 diciendo: \u00ab\u00bfNo he ofrecido Yo la vida en sacrificio por la salvaci\u00f3n de todos? \u00bfLos dem\u00e1s d\u00f3nde est\u00e1n?\u00bb. Son infinitas las gracias que el Se\u00f1or quiere darnos; pero nosotros, por nuestra falta de gratitud, nos privamos de ellas.<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lc 17,11-19 Los dem\u00e1s, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n? 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