{"id":3068,"date":"2018-08-19T00:00:31","date_gmt":"2018-08-19T04:00:31","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=3068"},"modified":"2018-08-17T17:48:45","modified_gmt":"2018-08-17T21:48:45","slug":"el-evangelio-de-hoy-domingo-19-agosto-2015","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2018\/08\/19\/el-evangelio-de-hoy-domingo-19-agosto-2015\/","title":{"rendered":"El Evangelio de Hoy Domingo 19 agosto 2015"},"content":{"rendered":"<p>Jn 6,51-58<\/p>\n<p>El que me coma vivir\u00e1 por m\u00ed<\/p>\n<p>En este Domingo XX del tiempo ordinario seguimos la lectura del discurso del Pan de vida, retomandolo en el punto en que lo hab\u00edamos dejado el domingo pasado. Jes\u00fas hab\u00eda repetido: \u00abYo soy el pan de la vida\u00bb (Jn 6,35.48) y hab\u00eda dado otro paso, explicando: \u00abYo soy el pan vivo, bajado del cielo; si alguien come de este pan vivir\u00e1 para siempre\u00bb (Jn 6,51). Hasta aqu\u00ed parec\u00eda inexplicable y no hab\u00eda m\u00e1s alternativa que entender sus palabras en sentido metaf\u00f3rico. Pero luego \u00c9l agrega: \u00abEl pan que yo dar\u00e9 es mi carne por la vida del mundo\u00bb. Aqu\u00ed dejamos la lectura el domingo pasado.<\/p>\n<p>Sabemos que la muerte entr\u00f3 en el mundo por el pecado, como lo afirma San Pablo, refiri\u00e9ndose al pecado de Ad\u00e1n: \u00abPor un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo, y por el pecado, la muerte, y as\u00ed la muerte alcanz\u00f3 a todos los hombres, por cuanto todos pecaron\u00bb (Rom 5,12). Todos los seres humanos son solidarios con el pecado de Ad\u00e1n y, por tanto, a todos alcanza la muerte. Cuando Jes\u00fas promete una carne \u00abpor la vida del mundo\u00bb, est\u00e1 hablando de un sacrificio que exp\u00eda el pecado del mundo y quita as\u00ed la causa de la muerte. El culto jud\u00edo consist\u00eda en ofrecer sacrificios de animales a Dios. Cuando se trataba de un sacrificio de comuni\u00f3n, el animal, inmolado sobre el altar, quedaba as\u00ed consagrado \u2013asumido en la esfera divina\u2013 y luego, asado, era comido por los participantes. El m\u00e1s importante de estos sacrificios de comuni\u00f3n era la Pascua jud\u00eda. El cordero inmolado deb\u00eda ser comido \u00edntegro, sin que nada sobrara para el d\u00eda siguiente. Pero bien sab\u00edan los jud\u00edos que el sacrificio de un animal no pod\u00eda expiar el pecado de un ser humano. Tampoco lo habr\u00eda logrado el sacrificio de otro ser humano. Eso lo obtuvo el sacrificio de Cristo, porque \u00c9l es el Hijo de Dios, Dios verdadero hecho hombre.<\/p>\n<p>Ahora entendemos por qu\u00e9 Juan el Bautista, actuando como el m\u00e1s grande de los profetas, se\u00f1ala a Jes\u00fas declarando: \u00abHe ah\u00ed el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo\u00bb (Jn 1,29.36). Est\u00e1 apuntando a su sacrificio. Ya en \u00e1mbito cristiano, San Pablo, hablando de Cristo lo llama \u00abnuestra Pascua\u00bb, para diferenciarlo de la Pascua jud\u00eda, que no era m\u00e1s que una figura: \u00abCristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado\u00bb (1Cor 5,7). Lo mismo ense\u00f1a Juan en su primera carta: \u00abJesucristo, el Justo, es v\u00edctima de propiciaci\u00f3n por nuestros pecados, no s\u00f3lo por los nuestros, sino tambi\u00e9n por los del mundo entero\u00bb (1Jn 2,2). Por su parte, la Ep\u00edstola a los Hebreos asegura: \u00abEs imposible que la sangre de toros y machos cabr\u00edos borre pecados&#8230; Nosotros somos santificados en virtud de la oblaci\u00f3n, hecha una vez para siempre, del cuerpo de Jesucristo\u00bb (Heb 10,4.10). A la carne de este sacrificio, el de su propio cuerpo, se refiere Jes\u00fas cuando dice: \u00abEl pan que yo dar\u00e9 es mi carne, por la vida del mundo\u00bb.<\/p>\n<p>Los jud\u00edos que estaban ese s\u00e1bado en esa sinagoga de Cafarna\u00fam reaccionaron discutiendo entre s\u00ed: \u00ab\u00bfC\u00f3mo puede \u00e9ste darnos a comer su carne?\u00bb. Toman sus palabras en sentido literal y las rechazan. Si Jes\u00fas no hubiera querido que sus palabras se entendieran en ese sentido, este era el momento de explicarlas. Pero \u00e9l reafirma que ese es el sentido en que deben entenderse: \u00abEn verdad, en verdad les digo: si ustedes no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes\u00bb. No s\u00f3lo reafirma el sentido literal de sus palabras, sino que excluye todo otro medio de tener vida, se entiende la vida eterna, de la cual est\u00e1 hablando.<\/p>\n<p>Notemos algo que debi\u00f3 ser m\u00e1s dif\u00edcil para los jud\u00edos. \u00a1Jes\u00fas agrega que hay que \u00abbeber su sangre\u00bb! La ley jud\u00eda prohib\u00eda absolutamente beber la sangre, incluso la sangre de los animales, porque se cre\u00eda que en la sangre estaba la vida, que se consideraba del dominio de Dios: \u00abNo comer\u00e1n la sangre de ninguna carne, pues la vida de toda carne es su sangre. Quien la coma, ser\u00e1 exterminado\u00bb (Lev 17,14). Despu\u00e9s del diluvio, Dios concedi\u00f3 al ser humano comer la carne de animales, agregando: \u00abS\u00f3lo dejar\u00e1n de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre\u00bb (Gen 9,4). Precisamente, por este motivo es que Jes\u00fas nos da a beber su sangre; ella nos comunica su propia vida: \u00abEl que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitar\u00e9 el \u00faltimo d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Era la tercera vez que Jes\u00fas hablaba de comer su carne. Para que no quede duda de lo que quiere decir, declara: \u00abPorque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida\u00bb. Y repite, indicando el efecto \u00faltimo de ese alimento: \u00abEl que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en m\u00ed, y yo en \u00e9l\u00bb. No se puede expresar una uni\u00f3n m\u00e1s estrecha con Cristo que esta rec\u00edproca permanencia. Esta uni\u00f3n con Cristo y, en \u00c9l, con todos los que comen su carne y beben su sangre es lo que llamamos la \u00abComuni\u00f3n\u00bb. La Iglesia es la comuni\u00f3n de todos los que est\u00e1n en Cristo. Por eso, el Catecismo afirma: \u00abLa Eucarist\u00eda hace la Iglesia. Los que reciben la Eucarist\u00eda se unen m\u00e1s estrechamente a Cristo. Por ello mismo, Cristo los une a todos los fieles en un solo cuerpo: la Iglesia\u00bb (N. 1396).<\/p>\n<p>Este modo de uni\u00f3n con Cristo es inefable, porque \u00c9l nos comunica su propia vida divina, que es m\u00e1s que todo lo que podamos imaginar. Jes\u00fas trata de explicarla remitiendo a su propia comuni\u00f3n con su Padre: \u00abLo mismo que el Padre vive&#8230; y yo vivo por el Padre, tambi\u00e9n el que me coma vivir\u00e1 por m\u00ed\u00bb. Esa uni\u00f3n con su Padre la expresa Jes\u00fas diciendo: \u00abYo y el Padre somos uno\u00bb (Jn 10,30). El Hijo y el Padre, y tambi\u00e9n el Esp\u00edritu Santo, son tres Personas distintas, pero cada una de ellas es la misma sustancia divina, son el mismo y \u00fanico Dios. La verdadera comuni\u00f3n con Dios la tiene el ser humano a trav\u00e9s de Cristo en la uni\u00f3n que tiene con Cristo en la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jn 6,51-58 El que me coma vivir\u00e1 por m\u00ed En este Domingo XX del tiempo ordinario seguimos la lectura del discurso del Pan de vida, retomandolo en el punto en que lo hab\u00edamos dejado el domingo pasado. 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