{"id":2991,"date":"2018-08-05T00:00:16","date_gmt":"2018-08-05T04:00:16","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=2991"},"modified":"2018-08-03T11:17:34","modified_gmt":"2018-08-03T15:17:34","slug":"el-evangelio-de-hoy-domingo-5-agosto-2018","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2018\/08\/05\/el-evangelio-de-hoy-domingo-5-agosto-2018\/","title":{"rendered":"El Evangelio de Hoy Domingo 5 agosto 2018"},"content":{"rendered":"<p>Jn 6,24-35<\/p>\n<p>El discurso del Pan de vida<\/p>\n<p>El Evangelio de este Domingo XVIII del tiempo ordinario culmina con una afirmaci\u00f3n solemne, pero sorprendente, de Jes\u00fas: \u00abYo soy el pan de la vida\u00bb. Con esta afirmaci\u00f3n Jes\u00fas define su identidad: \u00abYo soy&#8230;\u00bb. Es, por tanto, importante examinar su sentido.<\/p>\n<p>Una primera explicaci\u00f3n es la que Jes\u00fas mismo da: \u00abYo soy el pan de la vida. El que venga a m\u00ed, no tendr\u00e1 hambre, y el que crea en m\u00ed, no tendr\u00e1 nunca sed\u00bb. El hambre y la sed son una experiencia dolorosa que sufre el ser humano, cuando carece de los bienes esenciales para su vida: la comida y la bebida. El hambre es el clamor de nuestro ser por la comida; y la sed es el clamor por la bebida. Jes\u00fas asegura que \u00e9l es quien provee lo necesario para apagar el hambre y la sed; y lo hace en forma definitiva: \u00abNo tendr\u00e1 hambre&#8230; no tendr\u00e1 nunca sed\u00bb.<\/p>\n<p>En este primer sentido la afirmaci\u00f3n de Jes\u00fas equivale a una declaraci\u00f3n de su divinidad. En efecto, s\u00f3lo Dios puede garantizar el pan necesario para la vida del ser humano y as\u00ed lo reconocemos cuando nos dirigimos a \u00c9l para suplicarle: \u00abDanos hoy nuestro pan de cada d\u00eda\u00bb (Mt 6,11). As\u00ed se revela Dios en el \u00c9xodo, cuando responde al clamor del pueblo por el pan, diciendo a Mois\u00e9s: \u00abMira, yo har\u00e9 llover sobre ustedes pan del cielo; el pueblo saldr\u00e1 a recoger cada d\u00eda la porci\u00f3n diaria\u00bb (Ex 16,4). A la ma\u00f1ana siguiente el pueblo encontr\u00f3 sobre el suelo el man\u00e1 y, cuando preguntan a Mois\u00e9s su significado, \u00e9l responde: \u00abEste es el pan que el Se\u00f1or les da por alimento\u00bb (Ex 16,15). Sobre Dios, dice el Salmo 104: \u00abT\u00fa les das su alimento a su tiempo&#8230; Abres T\u00fa la mano y sacias de bienes a todo viviente\u00bb (Sal 104,27.28). En el Evangelio del domingo pasado le\u00edamos el episodio de la multiplicaci\u00f3n de los panes y ve\u00edamos que Jes\u00fas encarna esa providencia divina alimentando en el desierto a cinco mil hombres (Jn 6,1-15).<\/p>\n<p>Pero hay un sentido m\u00e1s profundo a la sentencia de Jes\u00fas \u2013\u00abYo soy el pan de vida\u00bb\u2013, que se obtiene del contexto en que la pronuncia. Despu\u00e9s de la multiplicaci\u00f3n de los panes, hab\u00edamos dejado a Jes\u00fas huyendo al monte \u00e9l solo para sustraerse al entusiasmo popular que quiere tomarlo para hacerlo rey. Luego, atraviesa el lago en direcci\u00f3n a Cafarna\u00fam, caminando sobre el agua. All\u00ed lo encuentra de nuevo la multitud, que habiendo visto que no se embarc\u00f3 con sus disc\u00edpulos, le preguntan: \u00abRabb\u00ed, \u00bfcu\u00e1ndo has llegado aqu\u00ed?\u00bb. Jes\u00fas les critica no haber comprendido el signo de la multiplicaci\u00f3n de los panes y haberse quedado s\u00f3lo en el beneficio material del alimento corporal: \u00abEn verdad, en verdad les digo: ustedes me buscan, no porque han visto signos, sino porque han comido de los panes y se han saciado\u00bb. Para entender el milagro de la multiplicaci\u00f3n de los panes como un signo se requiere la fe. En efecto, la fe concede ver en ese prodigio una manifestaci\u00f3n de la divinidad de Jes\u00fas. Viendo el empe\u00f1o con que lo buscan \u2013con que obran\u2013 por el pan material que han comido hasta saciarse, Jes\u00fas agrega: \u00abObren, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna\u00bb. En esta exhortaci\u00f3n Jes\u00fas distingue dos tipos de alimento, que corresponden respectivamente dos tipos de vida. El alimento perecedero para una vida perecedera; y el alimento que permanece \u2013no perecedero\u2013 para una vida eterna. El primero es proporcional al esfuerzo del hombre, como est\u00e1 escrito: \u00abCon el sudor de tu rostro comer\u00e1s el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de \u00e9l fuiste tomado. Porque polvo eres y al polvo volver\u00e1s\u00bb (Gen 3,19). Ese pan alimenta una vida que volver\u00e1 al polvo. El alimento que permanece para vida eterna, en cambio, no puede conseguirlo el ser humano con su esfuerzo, porque es superior a todo esfuerzo humano; acerca de ese alimento dice Jes\u00fas: \u00abLo dar\u00e1 a ustedes el Hijo del hombre\u00bb.<\/p>\n<p>Los jud\u00edos no entienden lo que Jes\u00fas les dice y se quedan en la exhortaci\u00f3n a \u00abobrar\u00bb, que les sugiere su esfuerzo por cumplir las prescripciones de la Ley, cumplimientos que ellos llaman \u00abobras de Dios\u00bb. Por eso, preguntan a Jes\u00fas, a quien llaman Rabb\u00ed (Maestro): \u00ab\u00bfQu\u00e9 hemos de hacer para obrar las obras de Dios?\u00bb. Para Jes\u00fas, la \u00abobra de Dios\u00bb es una sola y no la hace el ser humano, sino Dios: \u00abLa obra de Dios es que ustedes crean en quien \u00c9l ha enviado\u00bb. De esta manera, Jes\u00fas ense\u00f1a que la fe, que permite ver en \u00e9l al enviado de Dios, es una obra que Dios hace en nosotros. Basado en \u00e9ste y otros textos del Nuevo Testamento, el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica ense\u00f1a: \u00abLa fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por \u00c9l\u00bb (N. 153).<\/p>\n<p>Los jud\u00edos piden un signo para creer en Jes\u00fas, \u00a1otro m\u00e1s, adem\u00e1s de la multiplicaci\u00f3n de los panes!: \u00ab\u00bfQu\u00e9 signo haces para que viendolo creamos en ti? \u00bfQu\u00e9 obra realizas?\u00bb. Y le citan el signo que acredita a Mois\u00e9s: \u00abNuestros padres comieron el man\u00e1 en el desierto, seg\u00fan est\u00e1 escrito: \u201cPan del cielo les dio a comer\u201d\u00bb. Ya hemos visto que el man\u00e1 no lo dio Mois\u00e9s, sino Dios. Y es la correcci\u00f3n que les hace Jes\u00fas: \u00abNo fue Mois\u00e9s quien les dio el pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo\u00bb. Llama a Dios \u00abmi Padre\u00bb y asegura que no s\u00f3lo es \u00c9l quien les dio el man\u00e1, en ese episodio hist\u00f3rico del desierto (siglo XII a.C.), sino que \u00c9l mismo les da ahora otro pan, que Jes\u00fas llama, en contraposici\u00f3n al man\u00e1: \u00abVerdadero pan del cielo\u00bb. Acerca de este pan agrega: \u00abEl pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo\u00bb. El man\u00e1 no bajaba del cielo y no daba m\u00e1s vida que \u00e9sta perecedera. De hecho, todos los que comieron el man\u00e1 murieron en el desierto, seg\u00fan la sentencia de Dios: \u00abPor haber murmurado contra m\u00ed, en este desierto caer\u00e1n vuestros cad\u00e1veres\u00bb (Ex 14,29). El pan que Jes\u00fas promete, en cambio, baja realmente del cielo y da al mundo vida eterna.<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n de los jud\u00edos ante don tan magn\u00edfico es la que se pod\u00eda esperar: \u00abSe\u00f1or, danos siempre de ese pan\u00bb. En cierto sentido, manifiestan ya tener fe en las palabras de Jes\u00fas: le dan el t\u00edtulo de \u00abSe\u00f1or\u00bb, reservado a Dios, y conf\u00edan en que \u00e9l puede darles ese pan, como lo ha prometido, diciendo: \u00abQue el Hijo del hombre les dar\u00e1\u00bb. Y esta fe de ellos merecer\u00e1 la declaraci\u00f3n culminante de Jes\u00fas: \u00abYo soy el pan de vida\u00bb. Se refiere a la vida eterna, que s\u00f3lo \u00e9l nos puede dar. Esta sentencia da el nombre a este discurso de Jes\u00fas: \u00abDiscurso del Pan de vida\u00bb. Jes\u00fas seguir\u00e1 aclarando cu\u00e1l es este don en la continuaci\u00f3n del largo discurso; y nosotros seguiremos profundizando sus palabras en los pr\u00f3ximos tres domingos.<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jn 6,24-35 El discurso del Pan de vida El Evangelio de este Domingo XVIII del tiempo ordinario culmina con una afirmaci\u00f3n solemne, pero sorprendente, de Jes\u00fas: \u00abYo soy el pan de la vida\u00bb. Con esta afirmaci\u00f3n Jes\u00fas define su identidad: \u00abYo soy&#8230;\u00bb. Es, por tanto, importante examinar su sentido. 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