{"id":1839,"date":"2017-12-17T00:08:11","date_gmt":"2017-12-17T00:08:11","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=1839"},"modified":"2017-12-15T22:09:39","modified_gmt":"2017-12-15T22:09:39","slug":"el-evangelio-de-hoy-domingo-17-diciembre-2017","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2017\/12\/17\/el-evangelio-de-hoy-domingo-17-diciembre-2017\/","title":{"rendered":"El Evangelio de Hoy Domingo 17 diciembre 2017"},"content":{"rendered":"<p>Jn 1,6-8\u00b719-28<\/p>\n<p>Juan, el testigo de la luz<\/p>\n<p>El Evangelio de este Domingo III de Adviento, se abre con la presentaci\u00f3n de un personaje de nuestra historia: \u00abHubo un hombre, enviado por Dios, su nombre era Juan\u00bb. Este es el primer aterrizaje en la historia humana en el Pr\u00f3logo del IV Evangelio, que comienza con el Logos (la Palabra) en Dios: \u00abEn el principio exist\u00eda la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios\u00bb (Jn 1,1). Antes de su frase central: \u00abLa Palabra se hizo carne y puso su tienda entre nosotros\u00bb (Jn 1,14), el Pr\u00f3logo menciona a Juan y define su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00ab\u00c9ste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por \u00e9l\u00bb. Est\u00e1 dicho su origen \u00adDios\u00ad, su nombre \u00adJuan\u00ad y su misi\u00f3n \u00addar testimonio. Si tuvi\u00e9ramos solamente el IV Evangelio sabr\u00edamos que Juan bautizaba; pero nunca lo habr\u00edamos llamado \u00abBautista\u00bb; lo habr\u00edamos llamado \u00abTestigo\u00bb. En este Evangelio, esto es lo que caracteriza su persona. Reafirma: \u00abNo era \u00e9l la luz, sino quien deb\u00eda dar testimonio de la luz\u00bb. Que no sea Juan la luz es claro; algo, sin embargo, en su misi\u00f3n de testigo no nos queda claro. Entre todas las cosas la luz es la m\u00e1s evidente; \u00bfnecesita la luz un testigo? Tendr\u00eda que ser algo que ilumine a la luz misma. \u00bfC\u00f3mo se explica que el testimonio de Juan sea esencial: \u00abPara que todos creyeran por \u00e9l\u00bb?<\/p>\n<p>La necesidad del testimonio se explica porque \u00abla Palabra se hizo carne\u00bb. Salvo en breves instancias, como en su Transfiguraci\u00f3n, la luz no nos encandil\u00f3, pues, en ese caso, habr\u00eda sido imposible al ser humano fijar en \u00e9l la mirada. En efecto, el que estaba al principio en Dios, el que era Dios, \u00abse despoj\u00f3 de s\u00ed mismo tomando la condici\u00f3n de esclavo haciendose semejante a los hombres y apareciendo en su aspecto como hombre\u00bb (Fil 2,7). As\u00ed se present\u00f3 entre nosotros Jes\u00fas. Dada esta presentaci\u00f3n de la Luz entre nosotros, es necesario el testimonio que despierte la fe: \u00abPara que todos crean\u00bb. De esta manera, es posible ver la luz: \u00abHemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre, como Hijo \u00fanico, lleno de gracia y de verdad\u00bb (Jn 1,14). O, como lo declara el mismo Jes\u00fas: \u00abYo soy la Luz del mundo&#8230; El que me ha visto a m\u00ed, ha visto al Padre\u00bb (Jn 8,12; 14,9).<\/p>\n<p>El Evangelio de este domingo sigue con el testimonio concreto de Juan, cuando vino desde Jerusal\u00e9n una delegaci\u00f3n de las autoridades jud\u00edas a preguntarle: \u00ab\u00bfT\u00fa, qui\u00e9n eres?\u00bb. Captando su intenci\u00f3n, Juan responde inmediatamente: \u00abYo no soy el Cristo\u00bb. En realidad, no era \u00e9l la luz. Exist\u00eda la convicci\u00f3n de que antes de la venida del Cristo deb\u00eda venir El\u00edas y le preguntan: \u00ab\u00bfEres t\u00fa El\u00edas?\u00bb. Respondi\u00f3: \u00abNo soy\u00bb. Por medio de Mois\u00e9s, Dios hab\u00eda prometido enviar un profeta como Mois\u00e9s, pero mayor, porque a ese profeta deber\u00eda el pueblo escuchar (cf. Deut 18,18-19). Le preguntan, entonces: \u00ab\u00bfEres t\u00fa el profeta?\u00bb. Respondi\u00f3: \u00abNo\u00bb. Todo esto es ya el testimonio de Juan: a pesar de todo el movimiento religioso que suscit\u00f3 en torno suyo, es otro a quien hay que esperar. Por eso su testimonio es siempre: \u00abNo soy\u00bb. A la pregunta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 dices de ti mismo?\u00bb, responde identificandose con aquella misteriosa voz que cita el profeta Isa\u00edas: \u00abYo soy voz del que clama en el desierto: \u201cEnderecen el camino del Se\u00f1or\u201d, como dijo el profeta Isa\u00edas\u00bb. Isa\u00edas, en efecto, habla de una voz, cuyo emisor no estaba identificado: \u00abUna voz clama: \u201cEn el desierto abran camino al Se\u00f1or, tracen en la estepa una calzada recta para nuestro Dios\u00bb (Is 40,3). Juan afirma que esa voz es \u00e9l mismo. Su misi\u00f3n es dar testimonio del Se\u00f1or que viene.<\/p>\n<p>Finalmente, le preguntan sobre el sentido de su rito caracter\u00edstico: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9, entonces, bautizas, si no eres t\u00fa el Cristo ni El\u00edas ni el profeta?\u00bb. En su respuesta afirma que su bautismo no es m\u00e1s que una figura de algo mucho mayor: \u00abYo bautizo con agua\u00bb. De esta manera anuncia un Bautismo verdadero, que es mucho m\u00e1s que pura agua. Y agrega que ya est\u00e1 en el mundo el que tiene que venir: \u00abEn medio de ustedes est\u00e1 uno a quien ustedes no conocen, que viene detr\u00e1s de m\u00ed, a quien yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos imaginar la inmensa expectativa, el anhelo de todos los que escuchaban a Juan por conocer a ese otro infinitamente mayor que \u00e9l. Todos debieron preguntar: \u00abQui\u00e9n es\u00bb. Fue necesario esperar hasta el d\u00eda siguiente: \u00abAl d\u00eda siguiente Juan ve a Jes\u00fas venir hacia \u00e9l y dice: \u201cHe ah\u00ed el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detr\u00e1s de m\u00ed viene un hombre, que se ha puesto delante de m\u00ed, porque exist\u00eda antes que yo\u201d\u00bb (Jn 1,29-30). Este mismo, que vino en la humildad de nuestra condici\u00f3n humana y que va a venir en el esplendor de su gloria, viene a nosotros continuamente hoy y se hace nuestro alimento para comunicarnos su vida divina: \u00abEl que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna&#8230; El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en m\u00ed y yo en \u00e9l\u00bb (Jn 6,54.56). La indiferencia con que tratamos la Eucarist\u00eda los mismos cat\u00f3licos, que supuestamente creemos que la palabra de Jes\u00fas es la verdad, nos permite comprender la reacci\u00f3n de los contempor\u00e1neos de Jes\u00fas: \u00abVino la luz al mundo, y los hombres amaron m\u00e1s las tinieblas que la luz\u00bb (Jn 3,19). Este tiempo del Adviento nos invita a acoger el testimonio de Juan sobre Jes\u00fas y creer que Jes\u00fas es la Luz del mundo. La fe nos concede contemplarla.<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jn 1,6-8\u00b719-28 Juan, el testigo de la luz El Evangelio de este Domingo III de Adviento, se abre con la presentaci\u00f3n de un personaje de nuestra historia: \u00abHubo un hombre, enviado por Dios, su nombre era Juan\u00bb. 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