{"id":1742,"date":"2017-11-26T00:00:22","date_gmt":"2017-11-26T00:00:22","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=1742"},"modified":"2017-11-25T16:31:01","modified_gmt":"2017-11-25T16:31:01","slug":"evangelio-de-hoy-domingo-26-noviembre-2017","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2017\/11\/26\/evangelio-de-hoy-domingo-26-noviembre-2017\/","title":{"rendered":"Evangelio de Hoy Domingo 26 noviembre 2017"},"content":{"rendered":"<p>Mt 25,31-46<\/p>\n<p>Lo hicieron a m\u00ed<\/p>\n<p>La reforma del calendario lit\u00fargico, decretada por el Concilio Vaticano II, ubic\u00f3 la Solemnidad de Cristo, Rey del Universo, en el \u00faltimo domingo del A\u00f1o lit\u00fargico, como su coronaci\u00f3n y meta. Es el Domingo XXXIV del tiempo ordinario, que celebramos hoy. Fue un gran acierto, que se basa en el Evangelio que se ha proclamado siempre en este \u00faltimo domingo. En efecto, si en los \u00faltimos domingos del A\u00f1o la liturgia nos propone la contemplaci\u00f3n de la venida final de Cristo, en esta Solemnidad se unen esa venida final con la condici\u00f3n de Cristo como Rey universal: \u00abCuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompa\u00f1ado de todos sus \u00e1ngeles, entonces se sentar\u00e1 en su trono de gloria\u00bb.<\/p>\n<p>Al Evangelio de este domingo suele darse el nombre de \u00abPar\u00e1bola del Juicio Final\u00bb y se considera como la tercera par\u00e1bola del Cap\u00edtulo XXV de Mateo. Pero, mirandolo m\u00e1s de cerca, vemos que lo que Jes\u00fas expone no es una par\u00e1bola, no es una historia tomada de la vida real, que expone para ense\u00f1ar alg\u00fan aspecto de su misterio. En la par\u00e1bola de las diez v\u00edrgenes nos ense\u00f1a que debemos estar en este mundo esperando su pronta venida, como las v\u00edrgenes esperan la venida del Esposo amado; en la par\u00e1bola de los talentos nos ense\u00f1a que estamos en esta vida como los siervos que han recibido una misi\u00f3n que cumplir de la cual deber\u00e1n rendir cuenta a su se\u00f1or a su regreso; en el relato del Juicio Final, en cambio, Jes\u00fas no se compara con un esposo, ni con un se\u00f1or que parti\u00f3 de viaje; en este Evangelio se trata de la Venida final de \u00e9l mismo que se sienta en su trono de gloria como Rey. Tampoco se comparan los hombres y mujeres con v\u00edrgenes o con siervos; aqu\u00ed se habla de todos los seres humanos sin excepci\u00f3n: \u00abSer\u00e1n congregadas delante de \u00e9l todas las naciones\u00bb. En esa cita estaremos todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. El Apocalipsis dice: \u00abTodo ojo lo ver\u00e1, incluso quienes los traspasaron\u00bb (Apoc 1,7).<\/p>\n<p>La condici\u00f3n en que nos encontraremos all\u00ed es igual para todos, estaremos todos con nuestro cuerpo resucitado: nuestros ojos lo ver\u00e1n. San Pablo, en su defensa ante el tribunal de F\u00e9lix en Cesarea, cuando era acusado por el Sumo Sacerdote Anan\u00edas y otros ancianos de Israel, declara: \u00abTengo en Dios la misma esperanza que \u00e9stos tienen, de que habr\u00e1 una resurrecci\u00f3n, tanto de los justos como de los pecadores\u00bb (Hech 24,15).<\/p>\n<p>Para describir lo que entonces ocurrir\u00e1, Jes\u00fas recurre a una comparaci\u00f3n, que es la responsable de que se hable de una \u00abpar\u00e1bola\u00bb: \u00ab\u00c9l separar\u00e1 a los unos de los otros, como el pastor separa\u00a0 las ovejas de los cabritos. Pondr\u00e1 las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda\u00bb. Es una imagen familiar para su auditorio, que a menudo ve al pastor apartar las ovejas de las cabras para ponerlas en corrales separados. Cuando estemos todos ante el Rey, que estar\u00e1 sentado en su trono de gloria, no habr\u00e1 m\u00e1s que dos alternativas, derecha e izquierda. La suerte de unos y otros es infinitamente distinta.<\/p>\n<p>El Rey dir\u00e1 a los de su derecha: \u00abVengan, benditos de mi Padre, reciban en herencia el Reino, preparado para ustedes desde la creaci\u00f3n del mundo\u00bb. Podemos imaginar la felicidad de quienes escuchar\u00e1n esas palabras del Rey. Se trata de estar en su compa\u00f1\u00eda en su mismo Reino. En cambio, a los de su izquierda dir\u00e1: \u00abApartense de m\u00ed, malditos, al fuego eterno, preparado para el Diablo y sus \u00e1ngeles\u00bb. Los jueces de la tierra pueden errar. Este Juez no puede errar; todo est\u00e1 descubierto ante sus ojos; su sentencia es verdadera y justa. \u00bfEn qu\u00e9 se basa y por qu\u00e9 difiere tanto una sentencia de otra? Es lo que nos interesa saber, porque lo que Jes\u00fas est\u00e1 ense\u00f1ando es que cada uno se forja en esta tierra, en el lapso de vida que Dios le concede, el lado en que se encontrar\u00e1, a la derecha o a la izquierda, y recibir\u00e1 la sentencia que corresponde: \u00abBenditos de mi Padre\u00bb o \u00abMalditos\u00bb.<\/p>\n<p>A los que reciban la sentencia de felicidad plena Jes\u00fas explica: \u00abPorque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me acogieron&#8230;\u00bb. Es cierto que ellos han hecho eso con los hambrientos y sedientos y forasteros&#8230; que encontraron en su vida, pero la sentencia parece basarse en un hecho errado, porque no recuerdan haberlo hecho con el Rey mismo. Entonces, Jes\u00fas expresa la verdad que \u00e9l quiere revelar y, por eso, la introduce con la f\u00f3rmula de revelaci\u00f3n: \u00abEn verdad les digo, cuanto ustedes hicieron a unos de estos hermanos m\u00edos m\u00e1s peque\u00f1os lo hicieron a m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>En paralelismo \u2013antit\u00e9tico, por cierto\u2013, expresa la raz\u00f3n de la sentencia condenatoria: \u00abPorque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber&#8230;\u00bb. Aunque es verdad que no tuvieron misericordia con los afligidos, objetar\u00e1n, sin embargo, la sentencia, porque no se trataba del mismo Rey. Jes\u00fas declara: \u00abEn verdad les digo, cuanto ustedes dejaron de hacer a uno de estos m\u00e1s peque\u00f1os, dejaron de hacerlo a m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando preguntaron a Jes\u00fas cu\u00e1l era el mandamiento mayor de la Ley, \u00e9l insisti\u00f3 en indicar dos: \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con todo tu coraz\u00f3n&#8230; y amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Mt 22,36-39). En esta descripci\u00f3n del Juicio Final, cuando \u00e9l aparece en su condici\u00f3n divina como el Hijo \u2013en efecto, habla de \u00abBenditos de\u00a0 mi Padre\u00bb\u2013 une nuevamente ambos mandamientos: El amor al pr\u00f3jimo es el amor a \u00e9l mismo, porque \u00e9l se identifica con el pr\u00f3jimo: \u00abLo hicieron a m\u00ed\u00bb. Ambos\u00a0 mandamientos se reducen a uno; son inseparables.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mt 25,31-46 Lo hicieron a m\u00ed La reforma del calendario lit\u00fargico, decretada por el Concilio Vaticano II, ubic\u00f3 la Solemnidad de Cristo, Rey del Universo, en el \u00faltimo domingo del A\u00f1o lit\u00fargico, como su coronaci\u00f3n y meta. Es el Domingo XXXIV del tiempo ordinario, que celebramos hoy. 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