{"id":1724,"date":"2017-11-22T12:03:23","date_gmt":"2017-11-22T12:03:23","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=1724"},"modified":"2017-11-22T12:03:23","modified_gmt":"2017-11-22T12:03:23","slug":"contemplar-el-evangelio-de-hoy-miercoles-22-de-noviembre-de-2017","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2017\/11\/22\/contemplar-el-evangelio-de-hoy-miercoles-22-de-noviembre-de-2017\/","title":{"rendered":"Contemplar el Evangelio de hoy mi\u00e9rcoles 22 de noviembre de 2017"},"content":{"rendered":"<p>D\u00eda lit\u00fargico: Mi\u00e9rcoles XXXIII del tiempo ordinario<\/p>\n<p>Texto del Evangelio (Lc 19,11-28):<\/p>\n<p>En aquel tiempo, Jes\u00fas estaba cerca de Jerusal\u00e9n y a\u00f1adi\u00f3 una par\u00e1bola, pues los que le acompa\u00f1aban cre\u00edan que el Reino de Dios aparecer\u00eda de un momento a otro. Dijo pues: \u00abUn hombre noble march\u00f3 a un pa\u00eds lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: \u2018Negociad hasta que vuelva\u2019. Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detr\u00e1s de \u00e9l una embajada que dijese: \u2018No queremos que \u00e9se reine sobre nosotros\u2019.<\/p>\n<p>\u00bbY sucedi\u00f3 que, cuando regres\u00f3, despu\u00e9s de recibir la investidura real, mand\u00f3 llamar a aquellos siervos suyos, a los que hab\u00eda dado el dinero, para saber lo que hab\u00eda ganado cada uno. Se present\u00f3 el primero y dijo: \u2018Se\u00f1or, tu mina ha producido diez minas\u2019. Le respondi\u00f3: \u2018\u00a1Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo m\u00ednimo, toma el gobierno de diez ciudades\u2019. Vino el segundo y dijo: \u2018Tu mina, Se\u00f1or, ha producido cinco minas\u2019. Dijo a \u00e9ste: \u2018Ponte t\u00fa tambi\u00e9n al mando de cinco ciudades\u2019. Vino el otro y dijo: \u2018Se\u00f1or, aqu\u00ed tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues ten\u00eda miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste\u2019. D\u00edcele: \u2018Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sab\u00edas que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembr\u00e9; pues, \u00bfpor qu\u00e9 no colocaste mi dinero en el banco? Y as\u00ed, al volver yo, lo habr\u00eda cobrado con los intereses\u2019.<\/p>\n<p>\u00bbY dijo a los presentes: \u2018Quitadle la mina y d\u00e1dsela al que tiene las diez minas\u2019. Dij\u00e9ronle: \u2018Se\u00f1or, tiene ya diez minas\u2019. \u2018Os digo que a todo el que tiene, se le dar\u00e1; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitar\u00e1. Y aquellos enemigos m\u00edos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aqu\u00ed y matadlos delante de m\u00ed\u2019\u00bb.<\/p>\n<p>Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>Comentario:<\/p>\n<ol>\n<li>Pere SU\u00d1ER i Puig SJ (Barcelona, Espa\u00f1a)<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00abNegociad hasta que vuelva\u00bb<\/p>\n<p>Hoy, el Evangelio nos propone la par\u00e1bola de las minas: una cantidad de dinero que aquel noble reparti\u00f3 entre sus siervos, antes de marchar de viaje. Primero, fij\u00e9monos en la ocasi\u00f3n que provoca la par\u00e1bola de Jes\u00fas. \u00c9l iba \u201csubiendo\u201d a Jerusal\u00e9n, donde le esperaba la pasi\u00f3n y la consiguiente resurrecci\u00f3n. Los disc\u00edpulos \u00abcre\u00edan que el Reino de Dios aparecer\u00eda de un momento a otro\u00bb (Lc 19,11). Es en estas circunstancias cuando Jes\u00fas propone esta par\u00e1bola. Con ella, Jes\u00fas nos ense\u00f1a que hemos de hacer rendir los dones y cualidades que \u00c9l nos ha dado, mejor dicho, que nos ha dejado a cada uno. No son \u201cnuestros\u201d de manera que podamos hacer con ellos lo que queramos. \u00c9l nos los ha dejado para que los hagamos rendir. Quienes han hecho rendir las minas \u2014m\u00e1s o menos\u2014 son alabados y premiados por su Se\u00f1or. Es el siervo perezoso, que guard\u00f3 el dinero en un pa\u00f1uelo sin hacerlo rendir, el que es reprendido y condenado.<\/p>\n<p>El cristiano, pues, ha de esperar \u2014\u00a1claro est\u00e1!\u2014 el regreso de su Se\u00f1or, Jes\u00fas. Pero con dos condiciones, si se quiere que el encuentro sea amistoso. La primera es que aleje la curiosidad malsana de querer saber la hora de la solemne y victoriosa vuelta del Se\u00f1or. Vendr\u00e1, dice en otro lugar, cuando menos lo pensemos. \u00a1Fuera, por tanto, especulaciones sobre esto! Esperamos con esperanza, pero en una espera confiada sin malsana curiosidad. La segunda es que no perdamos el tiempo. La espera del encuentro y del final gozoso no puede ser excusa para no tomarnos en serio el momento presente. Precisamente, porque la alegr\u00eda y el gozo del encuentro final ser\u00e1 tanto mejor cuanto mayor sea la aportaci\u00f3n que cada uno haya hecho por la causa del reino en la vida presente.<\/p>\n<p>No falta, tampoco aqu\u00ed, la grave advertencia de Jes\u00fas a los que se rebelan contra \u00c9l: \u00abAquellos enemigos m\u00edos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aqu\u00ed y matadlos delante de m\u00ed\u00bb (Lc 19,27).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D\u00eda lit\u00fargico: Mi\u00e9rcoles XXXIII del tiempo ordinario Texto del Evangelio (Lc 19,11-28): En aquel tiempo, Jes\u00fas estaba cerca de Jerusal\u00e9n y a\u00f1adi\u00f3 una par\u00e1bola, pues los que le acompa\u00f1aban cre\u00edan que el Reino de Dios aparecer\u00eda de un momento a otro. 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