{"id":11779,"date":"2025-07-27T10:15:46","date_gmt":"2025-07-27T14:15:46","guid":{"rendered":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=11779"},"modified":"2025-07-27T10:15:46","modified_gmt":"2025-07-27T14:15:46","slug":"el-evangelio-del-domingo-27-julio-2025","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2025\/07\/27\/el-evangelio-del-domingo-27-julio-2025\/","title":{"rendered":"El Evangelio del Domingo 27 julio 2025"},"content":{"rendered":"<p>Domingo 17-C<\/p>\n<p>Lc 11,1-13<\/p>\n<p><u>Se\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar, como oras T\u00fa<\/u><\/p>\n<p>El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica define la oraci\u00f3n como \u00abuna relaci\u00f3n viviente y personal con el Dios vivo y verdadero\u00bb (Catecismo N. 2558). En la lectura del Evangelio del domingo, durante este a\u00f1o, hemos visto a Jes\u00fas nacer en Bel\u00e9n de Judea y, despu\u00e9s de cumplir todo lo que la ley prescrib\u00eda para un ni\u00f1o reci\u00e9n nacido, regresar con sus padres a Nazaret, donde creci\u00f3 y se hizo adulto hasta el momento de comenzar su ministerio p\u00fablico y, entonces, lo hemos visto recorrer la Galilea, predicando, expulsando demonios, sanando a los enfermos, lo hemos visto resucitar al hijo de la viuda de Na\u00edm y a la hija del jefe de la sinagoga, lo hemos visto calmar la tormenta en el Mar de Galilea y perdonar los pecados al paral\u00edtico y a la mujer pecadora p\u00fablica; en el Evangelio de este Domingo XVII del tiempo ordinario lo veremos tambi\u00e9n orar, es decir, tener esa \u00abrelaci\u00f3n viva y personal con el Dios vivo y verdadero\u00bb.<\/p>\n<p>Antes de fijar nuestra vista sobre Jes\u00fas orando, nos preguntamos: \u00bfTiene Jes\u00fas necesidad de orar? Confesamos que Jes\u00fas es el Hijo de Dios y lo vemos llamar a Dios \u00abPadre\u00bb, por primera vez, cuando, estando en el templo, \u2212la casa de Dios\u2212, dice a su madre y a su padre, Jos\u00e9: \u00ab\u00bfNo sab\u00edan ustedes que Yo ten\u00eda que estar en la casa de \u00abmi Padre\u00bb?\u00bb (Lc 2,49). Como Hijo, \u00c9l es Uno de la Trinidad; es Uno y el mismo Dios con el Padre \u2212\u00abYo y el Padre somos Uno\u00bb (Jn 10,30)\u2212 y no podemos decir, por tanto, que su relaci\u00f3n con el Padre en el seno de la Trinidad, sea una oraci\u00f3n. En el seno de la Trinidad, su relaci\u00f3n de filiaci\u00f3n con el Padre es una \u00abespiraci\u00f3n\u00bb, en cuanto que \u00abdel Padre y del Hijo procede\u00bb una tercera Persona divina, el Esp\u00edritu Santo, tambi\u00e9n \u00c9l, el mismo y \u00fanico Dios.<\/p>\n<p>Pero el Hijo de Dios se hizo hombre en el seno virginal de su madre Mar\u00eda y, como hombre verdadero, naci\u00f3, creci\u00f3, se dio a conocer al mundo por su admirable ense\u00f1anza, padeci\u00f3, muri\u00f3 y resucit\u00f3 y, resucitado, ascendi\u00f3 al cielo y est\u00e1 sentado a la derecha del Padre y as\u00ed vendr\u00e1 de nuevo con gloria a juzgar a vivos y muertos. Como verdadero hombre, se hizo semejante a nosotros, los seres humanos, en todo, excepto el pecado (cf. Hebr 4,15). Como verdadero hombre, \u00a1Jes\u00fas or\u00f3! Como verdadero hombre \u00c9l practic\u00f3 esa \u00abrelaci\u00f3n viviente y personal con el Dios vivo y verdadero\u00bb.<\/p>\n<p>Jes\u00fas no s\u00f3lo or\u00f3, sino que lo hizo de manera permanente, sin interrumpir nunca esa relaci\u00f3n viviente y personal con su Padre. El ejemplo de oraci\u00f3n de Jes\u00fas es lo que permite a San Pablo exhortar a los disc\u00edpulos: \u00abOren sin intermisi\u00f3n\u00bb (1Tes 5,17), que es la meta a la cual debemos aspirar todos los cristianos.<\/p>\n<p>\u00abSucedi\u00f3 que, estando Jes\u00fas en cierto lugar, orando, cuando termin\u00f3, uno de sus disc\u00edpulos le dijo: \u00abSe\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar, como ense\u00f1aba Juan a sus disc\u00edpulos\u00bb\u00bb. Lucas es el m\u00e1s sensible de los evangelistas al tema de la oraci\u00f3n y en los momentos importantes de la vida de Jes\u00fas \u2212su Bautismo, su Transfiguraci\u00f3n, su agon\u00eda en el huerto de los Olivos\u2212 y de su ministerio \u2212cuando eligi\u00f3 a los Doce\u2212 presenta a Jes\u00fas orando. En el Evangelio de este domingo, no s\u00f3lo presenta a Jes\u00fas orando, sino que nos informa sobre la impresi\u00f3n que produjo en sus disc\u00edpulos verlo orar. La \u00fanica reacci\u00f3n posible ante esa visi\u00f3n es anhelar hacerlo como \u00c9l: \u00abEns\u00e9\u00f1anos a orar\u00bb.<\/p>\n<p>Sabemos que del grupo de los Doce todos hab\u00edan sido disc\u00edpulos de Juan Bautista, seg\u00fan la condici\u00f3n puesta por Pedro para ocupar el lugar de Judas: \u00abQue haya andado con nosotros todo el tiempo en que el Se\u00f1or Jes\u00fas estuvo con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el d\u00eda en que nos fue llevado\u00bb (cf. Hech 1,22). Por la petici\u00f3n que hace el disc\u00edpulo a Jes\u00fas sabemos que Juan preparaba el camino a la venida del Se\u00f1or, formando disc\u00edpulos a quienes ense\u00f1aba a orar. Juan ense\u00f1aba a sus disc\u00edpulos esa \u00abrelaci\u00f3n viviente y personal con el Dios vivo y verdadero\u00bb y, por eso, se permite el disc\u00edpulo indicarlo a Jes\u00fas como un ejemplo a imitar. Pero, en el fondo, la petici\u00f3n est\u00e1 mal formulada. Un cristiano la habr\u00eda formulado as\u00ed: \u00abEns\u00e9\u00f1anos a orar como oras T\u00fa\u00bb. Esta es la petici\u00f3n a la cual Jes\u00fas va a responder. Juan ense\u00f1aba la relaci\u00f3n con Dios tal como pod\u00eda tenerla un jud\u00edo piadoso, antes de la revelaci\u00f3n plena de Dios en su Hijo hecho hombre y el Esp\u00edritu Santo; m\u00e1s precisamente, antes de que el ser humano haya sido elevado a la condici\u00f3n de hijo de Dios. La oraci\u00f3n que Jes\u00fas ense\u00f1a, porque s\u00f3lo \u00c9l la hace posible, es la de un hijo de Dios: \u00abCuando oren, digan: \u00abPadre\u2026\u00bb\u00bb. As\u00ed oraba \u00c9l: \u00abTe alabo, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra\u2026 Padre, ha llegado la hora\u2026 Padre, si quieres, aparta de m\u00ed este c\u00e1liz\u2026\u00bb (Lc 10,21; Jn 17,1; Lc 22,42); as\u00ed nos ense\u00f1a a orar a nosotros. Es una lecci\u00f3n magistral que no podemos aprender mientras no vivamos como hijos de Dios.<\/p>\n<p>Enseguida, por medio de dos par\u00e1bolas, Jes\u00fas ense\u00f1a la perseverancia en la oraci\u00f3n. En la par\u00e1bola del amigo importuno, \u00e9ste obtiene lo que pide por su importunidad e insistencia m\u00e1s que por su amistad. As\u00ed Jes\u00fas concluye en las alentadoras sentencias, que son una promesa: \u00abPidan y se les dar\u00e1; busquen y hallar\u00e1n; llamen y se les abrir\u00e1. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrir\u00e1\u00bb. El punto de la par\u00e1bola es la perseverancia en la oraci\u00f3n, porque esto es lo que conviene a nosotros, \u00a1no porque Dios se deje mover por nuestra insistencia! Dios responde a nuestra oraci\u00f3n movido exclusivamente por su amor. Sin ir m\u00e1s lejos, as\u00ed respondi\u00f3 Jes\u00fas a la petici\u00f3n de su disc\u00edpulo, ense\u00f1\u00e1ndole a \u00e9l y a toda la humanidad a orar como oraba \u00c9l.<\/p>\n<p>Con la segunda par\u00e1bola Jes\u00fas nos quiere explicar por qu\u00e9 Dios no siempre nos concede lo que le pedimos. Es porque le pedimos cosas que \u00c9l sabe que no nos convienen. Ning\u00fan padre es tan malo como para dar a su hijo una piedra, cuando le pide un pan; es cierto, pero tampoco para darle a su hijo una piedra cuando lo que pide \u00a1es una piedra! En este caso, no le concede lo que le pide, sino lo que le conviene, a saber, un pan. De aqu\u00ed, Jes\u00fas pasa al mayor de los bienes que Dios nos puede dar, que es el don infinito de s\u00ed mismo: \u00abSi, pues, ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s el Padre del cielo dar\u00e1 el Esp\u00edritu Santo a quienes se lo pidan!\u00bb.<\/p>\n<p>De esta manera, Jes\u00fas vuelve al principio. Es el Esp\u00edritu Santo, que obra en nuestro coraz\u00f3n, quien nos concede orar como ora el Hijo de Dios, es decir, llamando a Dios: \u00abPadre\u2026\u00bb. No fue posible antes de que llegara la plenitud del tiempo, como lo resume San Pablo: \u00abCuando se cumpli\u00f3 la plenitud del tiempo envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer,\u2026 para que nosotros recibi\u00e9ramos la condici\u00f3n de hijos. La prueba (la vivencia) de que somos hijos es que envi\u00f3 Dios a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo, que clama: \u00abAbba, Padre\u00bb\u00bb (cf. Gal 4,4.5.6). La revelaci\u00f3n de Dios como Padre y nuestra elevaci\u00f3n a la condici\u00f3n de hijos de Dios, que nos conceda orar como lo hac\u00eda Jes\u00fas, la obr\u00f3 el Padre por medio de dos env\u00edos, ambos necesarios, uno en el tiempo, el de su Hijo, Jes\u00fas, y el otro a nuestro coraz\u00f3n, el del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0 + Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Obispo em\u00e9rito de Santa Mar\u00eda de L.A.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo 17-C Lc 11,1-13 Se\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar, como oras T\u00fa El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica define la oraci\u00f3n como \u00abuna relaci\u00f3n viviente y personal con el Dios vivo y verdadero\u00bb (Catecismo N. 2558). 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