{"id":11013,"date":"2024-12-15T00:00:39","date_gmt":"2024-12-15T03:00:39","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=11013"},"modified":"2024-12-14T08:31:56","modified_gmt":"2024-12-14T11:31:56","slug":"el-evangelio-del-domingo-15-diciembre-2024","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2024\/12\/15\/el-evangelio-del-domingo-15-diciembre-2024\/","title":{"rendered":"El Evangelio del Domingo 15 diciembre 2024"},"content":{"rendered":"<p>Domingo de Adviento 3-C<\/p>\n<p>Lc 3,2b-3.10-18<\/p>\n<p>Estamos esperando. \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb<\/p>\n<p>El Evangelio de este Domingo III de Adviento contin\u00faa con la presentaci\u00f3n que hace Lucas de Juan el Bautista y de su predicaci\u00f3n. Esa presentaci\u00f3n hab\u00eda comenzado el Domingo II de Adviento; pero ese d\u00eda celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>El lector conoce el origen de Juan y c\u00f3mo fue anunciado su nacimiento a su padre Zacar\u00edas que era sacerdote jud\u00edo mientras oficiaba en el templo. En esa ocasi\u00f3n se le apareci\u00f3 el \u00c1ngel Gabriel y le dijo: \u00abNo temas, Zacar\u00edas \u2026\u00a0 Isabel, tu mujer, te dar\u00e1 a luz un hijo, a quien pondr\u00e1s por nombre Juan \u2026 Ser\u00e1 grande ante el Se\u00f1or \u2026 estar\u00e1 lleno de Esp\u00edritu Santo ya desde el seno de su madre, \u2026 ir\u00e1 delante de \u00e9l con el esp\u00edritu y el poder de El\u00edas \u2026 para preparar al Se\u00f1or un pueblo bien dispuesto\u00bb (cf. Lc 1,13-17). Juan naci\u00f3 seis meses antes que Jes\u00fas, seg\u00fan la noticia que da el mismo \u00c1ngel Gabriel a Mar\u00eda, cuando le anuncia la concepci\u00f3n en su seno de su Hijo Jes\u00fas: \u00abTambi\u00e9n Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban est\u00e9ril\u00bb (Lc 1,36). Juan tiene una relaci\u00f3n de parentesco con Jes\u00fas por parte de las respectivas madres. Grandes cosas se han anunciado respecto de Juan, sobre todo, su vocaci\u00f3n de \u00abpreparar el Se\u00f1or un pueblo bien dispuesto\u00bb. Despu\u00e9s de relatar la visita de la Virgen Mar\u00eda a Isabel y el nacimiento de Juan, el evangelista concluye as\u00ed: \u00abEl ni\u00f1o crec\u00eda y su esp\u00edritu se fortalec\u00eda; vivi\u00f3 en los desiertos hasta el d\u00eda de su manifestaci\u00f3n a Israel\u00bb (Lc 1,80). La pr\u00f3xima noticia que tendremos sobre \u00e9l ser\u00e1 m\u00e1s de treinta a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>\u00abEn el a\u00f1o quince del imperio de Tiberio C\u00e9sar, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea\u2026 en el pontificado de An\u00e1s y Caif\u00e1s, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacar\u00edas, en el desierto. Y se fue por toda la regi\u00f3n del Jord\u00e1n proclamando un bautismo de conversi\u00f3n para perd\u00f3n de los pecados\u2026\u00bb (cf. Lc 3,1-3). Este episodio \u2212la palabra de Dios dirigida Juan\u2212 es el evento que se puede fijar con m\u00e1s precisi\u00f3n cronol\u00f3gica de todo el Evangelio. Su protagonista es la Palabra de Dios. En efecto, Tiberio C\u00e9sar gobern\u00f3 el Imperio entre los a\u00f1os 14 y 37 d.C. La Palabra de Dios comenz\u00f3, entonces, su acci\u00f3n sobre Juan el a\u00f1o 29 d.C. y en este a\u00f1o \u00e9l conoci\u00f3 su vocaci\u00f3n de preparar el camino al Se\u00f1or y lo hizo con el rito particular del Bautismo (ba\u00f1o con agua); por eso su radio de acci\u00f3n fue \u00abtoda la regi\u00f3n del r\u00edo Jord\u00e1n\u00bb.<\/p>\n<p>Con menos precisi\u00f3n podemos fijar en la historia el nacimiento de Jes\u00fas y, por tanto, tambi\u00e9n el nacimiento de Juan. Sabemos, por el Evangelio de Mateo, que los magos que vinieron de Oriente buscando al \u00abrey de los jud\u00edos, que ha nacido\u00bb, se encontraron con el rey Herodes, el padre del que ser\u00e1 tetrarca de Galilea, y le informaron que la estrella que anunciaba el nacimiento del Rey de los jud\u00edos hab\u00eda aparecido en el cielo hac\u00eda ya dos a\u00f1os. Herodes, el grande, muri\u00f3 despu\u00e9s de esto en el a\u00f1o 4 a.C. Por tanto, Jes\u00fas debe hacer nacido poco antes del a\u00f1o 6 a.C. Y Juan, seis meses antes. Juan ten\u00eda entonces, cuando le fue dirigida la Palabra de Dios, al menos, 35 a\u00f1os; y Jes\u00fas, seis meses menos. (Hay que considerar que entre el a\u00f1o 1 a.C. y el a\u00f1o 1 d.C. ha transcurrido s\u00f3lo un a\u00f1o y no dos). En todo caso, como dec\u00edamos, una cosa es segura: que la Palabra de Dios comenz\u00f3 su obra en el Precursor del Se\u00f1or en el a\u00f1o 29 d.C.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la descripci\u00f3n que hace Jes\u00fas de Juan, \u00e9ste es el m\u00e1s grande de los profetas, \u00abm\u00e1s que un profeta\u00bb y \u00abel m\u00e1s grande de los nacidos de mujer\u00bb (cf. Lc 7,26.28): estuvo lleno del Esp\u00edritu Santo desde el seno materno. Pero pertenece a la serie de profetas del Antiguo Testamento y no a\u00fan al r\u00e9gimen del Reino de Dios, el que inaugur\u00f3 Jes\u00fas en el cual estamos nosotros (cf. Lc 16,16). Juan anuncia una venida (Adviento) de Dios mismo a salvar el mundo, como lo anunciaba ya el profeta Isa\u00edas: \u00abSe ver\u00e1 la gloria del Se\u00f1or, el esplendor de nuestro Dios. Fortalezcan las manos d\u00e9biles, afiancen las rodillas vacilantes. Digan a los de coraz\u00f3n intranquilo: \u00a1Animo, no teman! Miren que el Dios de ustedes viene vengador; es la recompensa de Dios, \u00e9l vendr\u00e1 y los salvar\u00e1\u00bb (Isa\u00edas 35,2-4). Si preguntamos a Isa\u00edas o a otro profeta del A.T.: \u00bfCu\u00e1ntas venidas de Dios habr\u00e1?, nos responder\u00e1: Una sola y \u00e9sta ser\u00e1 en la gloria del Se\u00f1or para juzgar al mundo: venganza para los malvados y recompensa para los buenos. Esta es la convicci\u00f3n que ten\u00edan todos antes de Cristo y la que ten\u00eda tambi\u00e9n Juan.<\/p>\n<p>Juan, en efecto, habla de un juicio: \u00abRaza de v\u00edboras, \u00bfqui\u00e9n les ha ense\u00f1ado a huir de la ira inminente? Den, pues, frutos dignos de conversi\u00f3n\u2026 ya est\u00e1 el hacha puesta a la ra\u00edz de los \u00e1rboles; y todo \u00e1rbol que no d\u00e9 buen fruto ser\u00e1 cortado y arrojado al fuego\u00bb. A ning\u00fan profeta le fue concedido ver la venida de Dios, como un hombre, que fue parte de nuestra historia. Ninguno de ellos conoci\u00f3 el misterio de la Sant\u00edsima Trinidad, de manera que pudiera anunciar, por ejemplo: \u00abCuando llegue la plenitud del tiempo, enviar\u00e1 Dios a su Hijo nacido de mujer\u00bb (cf. Gal 4,4). A ninguno de ellos les fue revelado que los seres humanos ser\u00edamos elevados a la condici\u00f3n de hijos de Dios por acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que es otra Persona divina: \u00abLa prueba de que ser\u00e1n hijos es que Dios enviar\u00e1 a sus corazones el Esp\u00edritu de su Hijo, que clamar\u00e1: \u00ab!Abb\u00e1, Padre!\u00bb\u00bb (cf. Gal 4,6). A esto se refiere Jes\u00fas, cuando dice a sus disc\u00edpulos: \u00abFelices los ojos que ven lo que ustedes ven. Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron, y o\u00edr lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron\u00bb (Lc 10,23-24; Mt 13.16-17).<\/p>\n<p>Los profetas, entonces, mirando hacia el futuro, ven superpuestas las dos venidas de Dios para salvar al mundo. Ahora nosotros podemos decir: \u00abEl Hijo de Dios vino y nos dio inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la Vida eterna\u00bb (1Jn 5,20). El Hijo de Dios vino y nosotros sabemos c\u00f3mo y somos dichosos porque lo conocemos y tenemos contacto estrecho con \u00c9l, hasta el punto de gozar de su misma vida divina: \u00abYo soy la vid; ustedes los sarmientos\u2026 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en m\u00ed y Yo en \u00e9l\u00bb (cf. Jn 15,5; Jn 6,56). Pero vendr\u00e1 de nuevo y, entonces, nadie podr\u00e1 ignorarlo, porque todos deberemos presentarnos ante su tribunal: \u00abCuando el Hijo del hombre venga en su gloria, acompa\u00f1ado de todos sus \u00e1ngeles, entonces se sentar\u00e1 en su trono de gloria y ser\u00e1n congregadas delante de \u00c9l todas las naciones, y \u00c9l separar\u00e1 a los unos de los otros\u2026\u00bb (Mt 25,31-32).<\/p>\n<p>Juan, entonces, da instrucciones para esa \u00fanica venida gloriosa de Dios. \u00c9l responde a la pregunta repetida tres veces: \u00ab\u00bfQu\u00e9 debemos hacer?\u00bb. Sus respuestas valen para prepararse a la primera venida de Dios, en Jesucristo, y tambi\u00e9n para la venida final: vestir al desnudo, dar de comer al hambriento, no extorsionar, no dar falso testimonio\u2026 Corresponde a lo que nos advierte Jes\u00fas sobre el Juicio Final: \u00abYo estaba hambriento y ustedes me dieron de comer, desnudo y me vistieron\u2026\u00bb (cf. Mt 25,31ss).<\/p>\n<p>El hecho de que los profetas hayan visto la venida de Dios como una sola nos indica la cercan\u00eda en el tiempo entre la primera venida, pobre y humilde en Bel\u00e9n, ya ocurrida, y su venida final en el esplendor de su gloria, que esperamos. Han pasado 2 mil a\u00f1os. Pero son los a\u00f1os en que la tierra ha tenido m\u00e1s habitantes en toda la historia humana. Hoy somos m\u00e1s de 8 mil millones. Cuando se complete el n\u00famero ser\u00e1 la venida final de Cristo, que anhelamos: \u00abSe les dijo que esperasen todav\u00eda un poco, hasta que se completara el n\u00famero de sus consiervos y hermanos\u00bb (cf. Apoc 6,11). Estamos esperando. \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo em\u00e9rito de Santa Mar\u00eda de L.A.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo de Adviento 3-C Lc 3,2b-3.10-18 Estamos esperando. \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb El Evangelio de este Domingo III de Adviento contin\u00faa con la presentaci\u00f3n que hace Lucas de Juan el Bautista y de su predicaci\u00f3n. Esa presentaci\u00f3n hab\u00eda comenzado el Domingo II de Adviento; pero ese d\u00eda celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n. 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