{"id":10956,"date":"2024-12-01T00:00:52","date_gmt":"2024-12-01T03:00:52","guid":{"rendered":"http:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/?p=10956"},"modified":"2024-11-29T22:33:18","modified_gmt":"2024-11-30T01:33:18","slug":"el-evangelio-del-domingo-1-diciembre-2024","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reinadelcielo.cl\/radio\/2024\/12\/01\/el-evangelio-del-domingo-1-diciembre-2024\/","title":{"rendered":"El Evangelio del Domingo 1 diciembre 2024"},"content":{"rendered":"<p>Domingo de Adviento 1-C<\/p>\n<p>Lc 21,25-28.34-36<\/p>\n<p>Levanten la cabeza, se acerca su redenci\u00f3n<\/p>\n<p>Seg\u00fan el te\u00f3logo alem\u00e1n Martin K\u00e4hler (1835-1912, los Evangelios son \u00abrelatos de la Pasi\u00f3n de Jesucristo con largas introducciones\u00bb. De esta manera quer\u00eda afirmar que lo primero que se fij\u00f3 y adquiri\u00f3 forma fue ese relato, dado que era necesario al culto cristiano, sobre todo, a la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, llamada \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb, donde ese evento \u2212pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas\u2212 se conmemoraba y se hac\u00eda presente. Despu\u00e9s del relato de Pentecost\u00e9s, leemos en los Hechos de los Ap\u00f3stoles esta descripci\u00f3n de la comunidad primitiva: \u00abAcud\u00edan asiduamente a la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, a la comuni\u00f3n (de bienes), a la fracci\u00f3n del pan y a las oraciones\u00bb (Hech 2,42).<\/p>\n<p>Esas largas introducciones re\u00fanen todo lo que Jes\u00fas hizo y ense\u00f1\u00f3 durante su vida p\u00fablica, desde el bautismo de Juan hasta sus d\u00edas en Jerusal\u00e9n previos a la Pascua en la que instituye la Eucarist\u00eda, que ya es el comienzo del relato de la pasi\u00f3n. Culminan, como era de esperar, con la promesa de su futura venida, esta vez en gloria y majestad, para poner fin a la historia. Lo que dio ocasi\u00f3n a Jes\u00fas para hablar sobre esto fue su anuncio de la destrucci\u00f3n del templo, que no pudo ser sino ya en Jerusal\u00e9n. Por este motivo la ense\u00f1anza sobre lo \u00faltimo \u2212el \u00e9schaton\u2212 que es tambi\u00e9n el anuncio de su venida gloriosa \u2212adventus\u2212, es lo \u00faltimo en el a\u00f1o lit\u00fargico y tambi\u00e9n lo primero en el tiempo de Adviento que comienza un nuevo a\u00f1o.<\/p>\n<p>El Evangelio de este Domingo I de Adviento, tomado de Lucas, que es el Evangelio que nos acompa\u00f1ar\u00e1 durante este a\u00f1o (ciclo C de lecturas), coincide, por tanto, con el que le\u00edmos el Domingo XXXIII del tiempo ordinario, pen\u00faltimo del a\u00f1o que acaba de terminar, tomado de Marcos (Mc 13,24-32). En ambos casos el \u00abdiscurso escatol\u00f3gico\u00bb de Jes\u00fas est\u00e1 motivado por la misma afirmaci\u00f3n suya, pronunciada ante sus disc\u00edpulos a la vista del templo de Jerusal\u00e9n: \u00abEsto que ustedes ven, llegar\u00e1n d\u00edas en que no quedar\u00e1 piedra sobre piedra que no sea derruida\u00bb (Lc 21,6; cf. Mc 13,2). El discurso responde a la pregunta: \u00abMaestro, \u00bfcu\u00e1ndo suceder\u00e1 eso? Y \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 el signo de que todas estas cosas est\u00e1n para ocurrir?\u00bb (Lc 21,7). Hay, sin embargo, una diferencia entre el Evangelio de Marcos y el de Lucas. El de Marcos fue escrito antes del a\u00f1o 70 d.C., cuando este hecho \u2212la destrucci\u00f3n del templo\u2212 a\u00fan no hab\u00eda ocurrido, en tanto que el de Lucas fue escrito despu\u00e9s de ese evento, que fue traum\u00e1tico para Israel, porque signific\u00f3 tambi\u00e9n el fin del estado jud\u00edo y la dispersi\u00f3n de su poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando Jes\u00fas anunci\u00f3 la destrucci\u00f3n del templo se pensaba que el templo de Jerusal\u00e9n, siendo la Casa de Dios, era tambi\u00e9n el centro del mundo y que su destrucci\u00f3n coincid\u00eda con el fin. En su respuesta Jes\u00fas alterna signos de una y otra cosa. Lucas, en cambio, trata de distinguir los signos de la destrucci\u00f3n del templo, ya ocurrida, con los signos del fin de la historia, a\u00fan por venir. En ese momento era \u00e9ste el evento que m\u00e1s interesaba, el de la venida de Jesucristo en gloria y majestad como Rey del Universo: \u00abEntonces ver\u00e1n venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria\u00bb. El signo que Jes\u00fas hab\u00eda dado era este: \u00abHabr\u00e1 signos en el sol, en la luna y en las estrellas\u2026 las fuerzas de los cielos ser\u00e1n sacudidas\u00bb.<\/p>\n<p>La venida gloriosa de Jes\u00fas ser\u00e1 un evento de gozo pleno para los que est\u00e9n velando y esperando: \u00abCuando empiecen a suceder estas cosas, cobren \u00e1nimo y levanten la cabeza porque se acerca la redenci\u00f3n de ustedes\u00bb. Con esta expresi\u00f3n Jes\u00fas describe la situaci\u00f3n del ser humano en este mundo como la de un esclavo que anhela su libertad, espera ser redimido. Somos, en realidad, esclavos, pues seguimos haciendo afanosamente cosas que nuestra voluntad no desea y las hacemos por voluntad de otro: seguimos destinando infinitos recursos de nuestro planeta para fabricar instrumentos de muerte \u2212armas, misiles, bombas nucleares, etc.\u2212; a menudo escuchamos decir: \u00abEstamos encerrados en nuestras casas como en una c\u00e1rcel, a causa de la delincuencia\u00bb; en nuestra vida personal deseamos hacer el bien a otros y terminamos velando por nuestro propio inter\u00e9s; la tierra nos ofrece los recursos para que todos sus habitantes vivamos felices y nosotros hacemos de ella \u00abun valle de l\u00e1grimas\u00bb . Somos esclavos del pecado, como lo dec\u00eda San Pablo: \u00abNo hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en m\u00ed. Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta\u2026\u00a0 y me esclaviza a la ley del pecado que est\u00e1 en mis miembros. \u00a1Pobre de m\u00ed! \u00bfQui\u00e9n me librar\u00e1 de este cuerpo que me lleva a la muerte?\u00bb (Rom 7,19-21.23b-24). No estamos desesperados, pues tenemos un Redentor, como responde el mismo Ap\u00f3stol: \u00ab\u00a1Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Se\u00f1or!\u00bb (Rom 7,25). Cuando Jes\u00fas nos asegura, en vistas del fin: \u00abSe acerca la redenci\u00f3n de ustedes\u00bb, se refiere a toda la humanidad y de manera definitiva.<\/p>\n<p>La segunda parte del Evangelio de este domingo es una exhortaci\u00f3n de Jes\u00fas a estar preparados, no sea que \u00abvenga aquel D\u00eda de improviso sobre ustedes, como un lazo; porque vendr\u00e1 sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra\u00bb. Seg\u00fan estudios de la astronom\u00eda, desde el primer movimiento en el universo \u2212cuando empez\u00f3 el tiempo\u2212 han transcurrido trece billones setecientos mil millones de a\u00f1os; desde que el ser humano existe sobre la tierra, apenas tres millones de a\u00f1os (de ese tiempo data el m\u00e1s antiguo vestigio humano). Desde que el Hijo de Dios se encarn\u00f3 han transcurrido dos mil a\u00f1os. No sabemos cu\u00e1nto tiempo falta para que sea creado el \u00faltimo ser humano, el que complete el n\u00famero fijado desde antes de la creaci\u00f3n del mundo: \u00abDios nos ha elegido en Cristo, antes de la creaci\u00f3n del mundo, para que fu\u00e9semos santos\u2026 destin\u00e1ndonos a ser sus hijos\u2026\u00bb (cf. Efesios 1,4.5). Dentro de estos tres millones de a\u00f1os cada uno ha venido a la existencia en su momento.<\/p>\n<p>Una cosa es cierta. Aunque Jes\u00fas no nos revel\u00f3 el momento, cada d\u00eda estamos m\u00e1s cerca de \u00abaquel D\u00eda\u00bb. Para que no nos sorprenda de improviso, Jes\u00fas nos previene: \u00abGu\u00e1rdense de que se hagan pesados sus corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida (lit. \u00abbi\u00f3ticas\u00bb)\u00bb. Es claro que el libertinaje y la embriaguez impiden la vigilancia del coraz\u00f3n; pero la impide tambi\u00e9n la excesiva preocupaci\u00f3n por la belleza y la forma f\u00edsica, porque es ef\u00edmera y ata demasiado a esta tierra.<\/p>\n<p>Jes\u00fas afirma que su venida final ser\u00e1 percibida por los seres humanos de manera distinta, dependiendo de su conducta en este mundo. Para los que tienen el coraz\u00f3n embotado por los placeres de este mundo, dice: \u00abLos hombres morir\u00e1n de terror y de ansiedad por las cosas que vendr\u00e1n sobre el mundo\u00bb. Para los que est\u00e9n vigilando y anhelando su venida, dice: \u00abLevanten la cabeza porque se acerca su redenci\u00f3n\u00bb. El signo m\u00e1s claro de la vigilancia es la oraci\u00f3n: \u00abEst\u00e9n en vela, pues, orando en todo momento para que tengan fuerza y escapen a todo lo que est\u00e1 para venir, y puedan estar en pie delante del Hijo del hombre\u00bb. A esto nos invita el Adviento, sobre todo, a dedicar tiempo a la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>+ Felipe Bacarreza Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Obispo em\u00e9rito de Santa Mar\u00eda de L.A.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo de Adviento 1-C Lc 21,25-28.34-36 Levanten la cabeza, se acerca su redenci\u00f3n Seg\u00fan el te\u00f3logo alem\u00e1n Martin K\u00e4hler (1835-1912, los Evangelios son \u00abrelatos de la Pasi\u00f3n de Jesucristo con largas introducciones\u00bb. 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