Día litúrgico: Lunes 1 del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mc 1,14-20):
Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba el Evangelio de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.
Palabra del Señor.
Reflexión
El evangelio de hoy nos sitúa en los comienzos de la vida pública de Jesús. La detención de Juan Bautista habría sido como una señal para él, pues, tras dicho episodio, y tras treinta años de vida discreta en Nazaret, Jesús saldrá de su anonimato para inaugurar su misión, aquella para la que su Padre le envió al mundo. En adelante, lo veremos por los caminos de Palestina proclamando el evangelio de la salvación.
Jesús comienza a recorrer los caminos de su tierra para anunciar a todos la «buena noticia». Es la primera vez que aparece el término «Evangelio». No es una palabra abstracta que se pronuncia para después desvanecerse en la niebla del olvido; el Evangelio es Jesús mismo: Él es la «buena noticia» que hay que acoger, creer y comunicar a los hombres para que le confíen a Él su vida.
Con palabras y obras Jesús muestra que el reino del amor ha llegado en medio de los hombres y que con él comienza una nueva historia de amor y de amistad de la humanidad con Dios. Esta es la mejor noticia que los hombres podían escuchar; quien la recibe cambia su vida. La historia de la predicación cristiana da aquí sus primeros pasos.
El mensaje de Jesús es sencillo pero lleno de consecuencias: «Conviértanse y crean», dos palabras que nos introducen en este camino de conocimiento de Jesús. Volverse hacia Él, cambiar el corazón y creer que Jesús es capaz de sacudir y transformar nuestras vidas, como va a hacerlo con estas dos parejas de hermanos a quienes llama a su seguimiento.
Como creyentes, como discípulos de Jesús, necesitamos vivir en un continuo estado de conversión; porque esta es una tarea siempre inacabada, de todo tiempo y para todos. Nunca estaremos suficientemente convertidos a los valores del Reino. Son demasiados los intereses que nos tientan constantemente a desvirtuar e incluso invalidar nuestra respuesta a la consigna del Señor: “Conviértanse y crean en el Evangelio”. Este imperativo es buena nueva de liberación, esperanza luminosa y transformante, empeño gozoso, don y tarea que hemos de asumir responsable y alegremente con un estilo nuevo de comportamiento personal y comunitario con Dios y los demás.
La escena en el mar de Galilea nos adentra en un encuentro que nace de la mirada de Jesús a dos hermanos, Simón y Andrés que eran pescadores. La fuerza de la palabra: “Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres” y la inmediatez de la respuesta: “al instante, dejando las redes, le siguieron”, nos deja claro que la persona de Jesús provoca en el ser humano el deseo de un sí que no admite demora.
Un poco más adelante, continuando en su camino, Jesús ve a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, en la barca arreglando las redes. Misma llamada e idéntica respuesta, “dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él”. Jesús ya no camina solo, las exigencias de dejar sus bienes y su familia han sido acogidas por sus cuatro primeros discípulos. Buena disposición la de aquellos pescadores. Todavía les queda mucho por conocer, comprender y asumir, pero ya desde ahora manifiestan una fe y una entrega muy meritoria.
¿Seríamos capaces de seguir el llamado de Jesús? ¿Damos las condiciones como para poder, dentro de tanta bulla, escuchar a Jesús que nos habla? ¿Qué acciones debo emprender en mi vida para responder con libertad, autenticidad y sinceridad al imperativo de la conversión a la Buena Noticia y al Reino de Dios? ¿Cómo puedo mostrar a todos lo bueno, verdadero y hermoso que es creer en el Dios de Jesucristo?
Padre, gracias por tan maravillosa Palabra que me exhorta al arrepentimiento, a creer en el Evangelio anunciado por Jesús con el poder del Espíritu Santo; concédenos responder con sabiduría y decisión a tan maravilloso imperativo, entonces seremos sus testigos en medio de la sociedad y de la comunidad creyente y te daremos gloria por los siglos. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza