Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 7 de enero de 2026

Día litúrgico: Navidad: 7 de Enero

7 de enero: San Raimundo de Peñafort

Texto del Evangelio (Mc 6, 45-52):

Después que los cinco mil hombres se saciaron, enseguida Jesús obligó a sus discípulos a que

subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras Él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.

Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y Él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.

Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero Él les habló enseguida y les dijo: “Tranquilícense, soy Yo; no teman”. Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó.

Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.

Palabra del Señor.

Reflexión

Después de la multiplicación de los panes y de los peces, Jesús ofrece otra manifestación de su misión calmando la tempestad. Los discípulos van de sorpresa en sorpresa. No acaban de entender lo que pasó con los panes, y en seguida son testigos de cómo Jesús camina sobre las aguas, sube a su barca y domina las fuerzas cósmicas haciendo amainar el recio viento del mar.

El estupor de los discípulos, unido a la falta de fe en Jesús les hace llenarse de pánico, porque no habían comprendido el signo de los panes ni la identidad misma de su Maestro, como Mesías e Hijo de Dios. Las perspectivas de Jesús y las de sus discípulos son diversas: «tenían la mente enceguecida», como sucedió en otro tiempo, cuando Israel atravesaba el desierto.

Los discípulos reconocieron al Maestro cuando escucharon su palabra que les hacía entender que lo que veían no era una visión de ultratumba sino una manifestación de Dios para que acabaran de entender en medio de sus incertidumbres y miedos. Si el discípulo no está familiarizado con la Palabra del Maestro no lo reconocerá cuando en medio de la prueba salga a su encuentro para sostenerlo.

Este relato cargado de simbología, durante siglos se ha aplicado también a la Iglesia, la Nave de Pedro, sometida al oleaje del mar, a los vaivenes de este mundo, pero que cuenta siempre con la presencia de Jesús en la barca.

En nuestra vida también pasamos a veces por el miedo que experimentaron aquella noche los discípulos, a pesar de ser avezados pescadores. A nuestra barca particular, y también a la barca de la Iglesia, le vienen a veces vientos fuertes en contra, y tenemos miedo de naufragar. En las tempestades de la vida es fácil estar asustados y tener dudas. El sufrimiento nos desconcierta, los desastres naturales nos dejan sin palabras, igual que a veces el abismo del mal, que parece adueñarse de los hombres y las mujeres, nos asusta y nos hace tener dudas y poca esperanza en nuestro futuro y en el del mundo.

En realidad, Jesús no está lejos de nosotros, incluso en los momentos de oscuridad; tampoco está lejos del mundo en los momentos más dramáticos. Jesús sigue caminando aún hoy entre las aguas tempestuosas de la vida de los hombres y se abre camino entre las oleadas y las dudas que nos asaltan, y que hacen nuestra vida triste y difícil. La seguridad del discípulo no se basa en su fuerza ni en su experiencia, sino en fiarse del Señor. Es el Señor quien viene en nuestra ayuda, quien sube a nuestra barca y nos conduce hasta el puerto seguro.

Como para aquellos apóstoles, la paz y la serenidad nos vendrán cuando admitamos a Jesús junto a nosotros, en la barca. Y podremos oír que nos dice: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”.

La invitación a permanecer en el amor, y la seguridad de que Cristo Jesús es el que vence a los vientos más contrarios, nos deben dar las claves para que nuestra vida a lo largo de todo el año esté mas  impregnada de confianza y de alegría.

¡Noche, mar agitado, viento contrario! Este es parte del escenario que nos  presenta el evangelio de hoy ¿Nos hemos sentido así alguna vez? ¿Qué hicimos para vencer el miedo? ¿Cuáles son los mares agitados que hoy me toca enfrentar? ¿Confiamos absolutamente en que el Señor nos auxilia en los momentos difíciles, aunque parezca estar ausente?

Señor, no permitas que te deje pasar de largo por mi vida. Que en medio de la dificultad resuene en mí siempre Tu Palabra “Ánimo, soy Yo, no tengas miedo”. Amén.

Bendiciones.

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