Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 6 de enero de 2026

Día litúrgico: La Epifanía del Señor

Texto del Evangelio (Mc 6-34, 44):

Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Éste es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a los campos y poblaciones cercanos a comprar algo para comer”.

Él respondió: “Denles de comer ustedes mismos”.

Ellos le dijeron: “¿Tendríamos que ir a comprar doscientos denarios de pan para dar de comer a todos?” Jesús preguntó: “¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver”.

Después de averiguarlo, dijeron: “Cinco panes y dos pescados”.

Él les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. Entonces Él tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente.

Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres.

Palabra del Señor.

Reflexión

El evangelio de hoy, relata el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Jesús es presentado como el pastor compasivo que se conmueve ante la muchedumbre que lo sigue porque son como «ovejas sin pastor» y como un nuevo Moisés, primero instruye al pueblo con su palabra y después lo alimenta multiplicando los panes y los peces.

La compasión y amor de nuestro Dios al ver a sus hijos como ovejas sin pastor, hace que se olvide de sí; aun cansado sigue enseñándoles, les instruye con calma. Tanto es así que les llegó la noche. Los discípulos, en sus razonamientos, tenían una solución para que no pasaran hambre: «que vayan a las aldeas cercanas a comprar». No se molestan en preguntar al maestro buscando una solución, sino que han hecho sus razonamientos y van hacía Él, a manifestar lo que han decidido.

¡Cuántas veces somos de estos discípulos que van al Señor a decirle lo que tiene que hacer! Hoy el Señor nos sigue invitando a implicarnos, a ponernos en movimiento, a no permanecer indiferentes ante la situación de nuestros hermanos que mas sufren o se pierden por no tener quién les hable de Dios. Podemos y debemos ayudarlos con lo que somos y tenemos.

En medio de un mundo egoísta, que solo piensa en sí mismo, este evangelio nos enseña lo que puede ocurrir cuando se comparte lo que se tiene. Eran solo unos cuantos panes y pescados y fueron suficientes para alimentar a toda una multitud.

Es que precisamente cuando se comparte, es cuando se puede experimentar la multiplicación. Muchas veces pensamos que lo que tenemos (especialmente cuando se trata de recursos económicos) apenas nos alcanzaría para nosotros y para nuestra familia. Es necesario hacer la prueba y darnos cuenta que cuando ponemos nuestros dones al servicio de Dios y de los demás, estos se multiplican enormemente.

La abundancia nace del compartir. El atesorar nos empobrece y empobrece a muchos, el compartir nos enriquece y nos permite participar del amor de Dios.

Con el milagro de la multiplicación de los panes, el Señor está indicando que los tiempos mesiánicos han llegado, porque Él es el nuevo Moisés que entrega el nuevo Maná, Él es el nuevo Elías que multiplica los panes, como antes lo hizo Elías, pero sobre todo Él es el Buen Pastor “que siente compasión por su pueblo, que los hace recostar en verdes praderas, que repara sus fuerzas y que pone delante de él una mesa”. Los apóstoles serán los encargados de seguir repartiendo ese Pan Celestial en la Eucaristía, que es alimento de Vida Eterna.

¿Comparto de lo que he recibido, con los hermanos más necesitados? ¿Tengo compasión por los problemas de la humanidad? ¿Estamos dispuestos a colaborar con el Señor en la obra de la salvación?

Señor Jesús, tu fuiste compasivo y diste de comer a los que te seguían, comunicándoles tu verdad. Te pedimos que también nosotros, seamos compasivos con los que sufren carencias materiales y espirituales. Amén.

Bendiciones.

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