Día litúrgico: Viernes 33 del tiempo ordinario
21 de noviembre: La Presentación de la Santísima Virgen María
Texto del Evangelio (Lc 19,45-48):
Jesús, al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: “Está escrito: «Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones»”.
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.
Palabra del Señor.
Reflexión
Hoy es la fiesta de la presentación de la Virgen María. La celebración de hoy se centra de manera especial en la figura de la Santísima Virgen María, madre de Dios y madre de los redimidos por Cristo. Es verdad que no tenemos una biografía suya presentada al estilo moderno, pero en la revelación encontramos sobrados apoyos para destacar las gracias con que el Señor la enriqueció a fin de transformarla en su morada dignísima y, a la vez, asociarla de modo inseparable a su Hijo hasta su Asunción a los cielos y glorificación eterna.
En los planes de Dios, al lado e inseparablemente unida a su Hijo hecho hombre está María, templo restaurado en el primer instante de su ser natural en previsión de los méritos de su Hijo, altar nuevo en que se ofrece el sacrificio redentor, adornada con coronas de gloria, animadora de las celebraciones litúrgicas y de las verdades a integrar, puerta siempre abierta para entrar en el templo de su Hijo.
Hoy el gesto de Jesús es profético. A la manera de los antiguos profetas, realiza una acción simbólica, plena de significación de cara al futuro. Al expulsar del templo a los mercaderes que vendían las víctimas destinadas a servir de ofrenda y al evocar que «la casa de Dios será casa de oración», Jesús anunciaba la nueva situación que Él venía a inaugurar, en la que los sacrificios de animales ya no tenían cabida. San Juan definirá la nueva relación cultual como una «adoración al Padre en espíritu y en verdad» (Jn 4,24). La figura debe dejar paso a la realidad.
El Rito Nuevo es la palabra de Jesús. Por eso, san Lucas ha unido a la escena de la purificación del templo la presentación de Jesús predicando en él cada día. El culto nuevo se centra en la oración y en la escucha de la Palabra de Dios. Pero, en realidad, el centro del centro de la institución cristiana es la misma persona viva de Jesús, con su carne entregada y su sangre derramada en la cruz y dadas en la Eucaristía.
Jesús es el templo de Dios en medio del mundo y para el mundo. Él ha purificado y purifica del mal que representa el pecado, los destructores y vendedores de lo consagrado al culto y alabanza de Dios. Estos últimos, en concreto, son los que profanan lo espiritual con su compraventa, es decir, lo que Dios ofrece y otorga gratuitamente en beneficio de todos. Ninguna persona humana puede arrogarse el señorío sobre lo espiritual. Es Cristo, templo del Dios vivo, el que dignifica la casa a la que todos están llamados y la ha convertido en «casa de oración», comenzando por el templo de su Madre María.
Cierto que no puede reducirse la «casa de oración» a construcciones materiales, aunque estas sean necesarias y han de mantenerse con el debido decoro. Jesús usó el templo de Jerusalén para la enseñanza de las verdades de Dios y mantenía a la gente pendiente de él y escuchándolo de corazón.
El Señor, templo espiritual, está vivo en su asamblea eclesial que precisa de espacios para ofrecer el sacrificio de Cristo y recibirlo en comunión, para la escucha de su palabra, meditación de sus enseñanzas, para orar de tantos modos, derramar los sentimientos, alimentar la vida, celebrar los sacramentos y tantas otras festividades. Pero hay que trascender siempre, de los signos, hasta llegar a lo significado por ellos, hasta las verdades en toda su hondura que transmite nuestra fe.
¿Es el templo lugar de encuentro con la comunidad? ¿Qué cambios debemos hacer en nuestra comunidad para no «merecer» ser expulsados por Jesús del templo? ¿Nuestras celebraciones son expresión del gozo y la alegría del encuentro comunitario con el Dios de la vida?
Padre Santo, te rogamos que la luz del espíritu guíe la fe de los que formamos la Iglesia iniciada por tu Hijo Jesús y, como él pide, nuestros templos sean casas de oración y de alabanza a ti. Amén.
Bendiciones.
Regina Coeli Una Señal de Esperanza