Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 24 de octubre de 2025

Día litúrgico: Viernes 29 del tiempo ordinario

24 de octubre: San Antonio María Claret, obispo

Texto del Evangelio (Lc 12,54-59):

Jesús dijo a la multitud: Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede. Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.

¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo? Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y éste te ponga en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy, nos encontramos con dos llamadas que nos hace el Señor, una que tiene que ver con el discernimiento, la lectura de los signos de los tiempos; y otra, sobre la reconciliación fraterna.

Anunciado por los profetas, Jesús se hizo presente en un momento histórico que la teología cristiana ha denominado «la plenitud de los tiempos»; los signos de esta época fueron anunciados en el Antiguo Testamento. En el texto del pasaje bíblico que leemos, el Señor exhorta a reconocer esos signos y a modificar nuestro comportamiento conforme a ellos.

El tiempo se nos brinda como momento de gracia y oportunidad de salvación. En el concilio Vaticano II se desarrolló toda una teología de los signos de los tiempos como base para el diálogo de la Iglesia con el mundo y del evangelio con el hombre de hoy. Por eso todos los cristianos estamos invitados a escrutar, discernir, a hacer una lectura creyente de los acontecimientos de nuestra vida, una lectura creyente de la historia de salvación que Dios lleva con cada uno de nosotros.

Esta lectura exige de nuestra parte, interpretar los signos de los tiempos, desde y con la luz del evangelio. Estar vigilantes a detectar los indicadores de la presencia y acción de Dios. Hay que saber mirar y ver con la luz de la fe, porque el reinado de Dios está ya presente y actuando entre nosotros, en todo lo que es bondad, amor, bien y paz. No anda lejos el Espíritu de Dios. Porque todo ello es reflejo y semilla, presencia de Dios entre nosotros.

Para la gente que vivió en el tiempo de Jesús no fueron suficientes todos los signos, los milagros, las curaciones que realizó, para reconocer en él la presencia del mismo Dios. También nosotros, somos muy inteligentes para conocer hasta los más recónditos misterios de la ciencia, pero muchas veces nos pasa desapercibido el Dios del amor, que día a día se manifiesta y nos da muestras de su presencia entre nosotros, invitándonos a vivir en él.

«Para entender los signos de los tiempos, antes que nada, es necesario el silencio: hacer silencio y observar. Y después reflexionar dentro de nosotros. Un ejemplo: ¿Por qué ha ocurrido algo? Y orar… silencio, reflexión y oración. Solamente así podremos entender los signos de los tiempos y obrar según la voluntad de Dios, que se nos va revelando poco a poco en la historia y no extraordinariamente como nosotros quisiéramos» (Papa Francisco).

El segundo llamado que hoy nos hace el Señor, es a la reconciliación fraterna. Es muy complicado querer acercarnos a Dios con heridas en el amor a los hermanos. Caminamos juntos con otros, también en nuestro entorno, pueden haber pequeños o grandes conflictos, muy claramente Jesús también nos da una pauta para que nuestras decisiones, nuestro discernimiento en cada situación, sea conforme a lo que Dios quiere.

¿Qué puedo hacer para favorecer la paz, qué puedo hacer para favorecer la acogida, qué puedo hacer para evitar que la naturaleza sufra, qué puedo hacer para acompañar la soledad, para aportar comprensión en un conflicto, qué puedo hacer…?

Para poder presentarse ante los hombres, los creyentes tienen que testimoniar a Cristo vivo en el amor, “miren como se aman”, y en la unidad, “Que todos sean uno para que el mundo crea”. Nos jugamos mucho para poder cumplir nuestra misión como sacramento de unidad y de salvación. Tremendamente importante es la unidad, la comunión…, todo fruto del amor.

Aplicamos nuestra inteligencia a muchas cosas. ¿La aplicamos para las cosas de Dios? ¿Nos detenemos a contemplar los signos de su presencia en nuestra vida? ¿Sabemos descubrir su voluntad a través de los acontecimientos que nos ocurren?

Señor Jesús, te agradecemos la posibilidad de encontrarnos una vez más con tu Palabra, te pedimos nos ayudes a ponerla en práctica. Que descubramos tu voz en ella y que nuestro compromiso vaya siempre en la línea de la reconciliación y la justicia. Amén.

Bendiciones.

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