Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 22 de mayo de 2024

Día litúrgico: Miércoles 7 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 9,38-40):

Juan le dijo a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros”. Pero Jesús les dijo: “No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros”.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy vemos como los discípulos, se sentían privilegiados y con ciertos derechos por pertenecer al grupo de Jesús. Juan actuando de portavoz, le manifiesta a Jesús la preocupación que tienen porque un extraño exorcista que no pertenecía a su comunidad, expulsaba demonios «en nombre de Jesús»: es decir, con su autoridad.

La escena recuerda un caso conocido en el Antiguo Testamento, descrito en el libro de los Números ( (cf. 11,26-29). Dos hombres que habían sido convocados para ir a la tienda del encuentro y recibir el espíritu de profecía por medio de Moisés, no asistieron. A pesar de ello, el espíritu descendió también sobre ellos y empezaron a profetizar. Esto alarmó a alguno, que se apresuró a informar a Moisés. Josué le pidió expresamente a este último que impidiera esta profecía, aparentemente ilícita. La respuesta de Moisés manifiesta su amplitud de miras: «¿Tienes celos por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo profetizara y el Señor infundiera en todos su espíritu!».

Del mismo modo, los discípulos al querer prohibir a este hombre el ejercicio de exorcista «como no es de los nuestros, se lo prohibimos». concebían el seguimiento como un privilegio antes que un servicio, lo pensaban en términos de «exclusividad» antes que en términos de universalidad. Les faltaba la «amplitud de miras», suficiente para superar la estrechez de su experiencia. Les faltaba sobre todo una apertura misionera, una sensibilidad altruista, porque estaban empeñados en defender más que en difundir lo que eran y lo que tenían.

Jesús no les reprende, sino que les corrige amablemente usando un argumento de sentido común. Realizar un exorcismo significa poseer la fuerza de Cristo para vencer a satanás. Quien usa esa fuerza, está necesariamente, en comunión con Cristo. Por consiguiente, no puede ser enemigo suyo. El texto concluye aludiendo un dicho sapiencial: si alguien no es enemigo tuyo, es amigo tuyo. Jesús se revela así como un maestro del buen sentido, abierto a la diversidad, que no es oposición, sino expresión de un sano pluralismo.

Hoy Jesús nos llama a abrir el corazón y los brazos a todo hombre y a toda mujer de buena voluntad, “aunque no pisen nuestros templos”. Hay mucha gente que hace cosas buenas, sin que haya recibido nuestra fe. La pertenencia eclesial no es el único criterio de adhesión a Cristo y al Reino de Dios. Cuantos aman al prójimo y trabajan sinceramente por un mundo más humano y por los derechos de la persona, especialmente de los menos favorecidos, están a favor del evangelio y, mientras no rechacen expresamente a Cristo, están a su favor y están con nosotros, sus seguidores.

Quien trabaja por el bien ya está en el camino del bien: ahí encontrará a Jesús. ¡No le cortemos el camino!

¿Nuestra actitud cotidiana, se parece a lo que manifestaron los discípulos? ¿Caemos en la pretensión-tentación de tener la verdad en exclusiva? ¿Estamos dispuestos a trabajar siempre pensando en que somos Iglesia, comunitaria?

Líbranos, Señor, de todo sectarismo, intransigencia y mezquina estrechez de espíritu frente a los demás; y haznos una comunidad de puertas abiertas para cuantos te buscan con rectitud y sinceridad. Amén.

Bendiciones

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