Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 25 de enero

Día litúrgico: 25 de Enero: La Conversión de san Pablo, apóstol

Texto del Evangelio (Mc 16,15-18):

Jesús se apareció a los Once y les dijo:

“Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará. El que no crea se condenará.

Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán demonios en mi nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán”

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. No celebramos su martirio, que recordaremos conjuntamente con el de Pedro el 29 de junio, sino su encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco, cuando debía contar con unos treinta años de edad.

En la conversión de Pablo, la iniciativa es de Cristo Jesús. Pablo era la última persona que uno esperaría que fuera llamada como apóstol de Cristo. Recordemos que había estado presente en el martirio del diácono Esteban. ¡Las sorpresas de Dios!: “Soy Jesús, a quien tú persigues”. Pero lo elige como testigo suyo: “Ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre”. Jesús le da un voto de confianza. La historia de las vocaciones nunca deja de sorprendernos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y ahora.

Admiramos la respuesta de Pablo, tan decidida como la de Pedro y los otros cuando dejaron las barcas y siguieron a Jesús. Pablo tenía una buena disposición humana y religiosa: “¿Quién eres, Señor?”. Su respuesta fue instantánea: se puso a predicar y a demostrar a los judíos que Jesús era el Mesías que esperaban, y a partir de entonces dedicará todas sus energías a la nueva causa.

Las muchas dificultades que encontró en el camino y que Ananías ya le había anunciado, no enfriaron su entrega. Pablo se mostró siempre intrépido y nadie lo pudo hacer callar. Su amor a Cristo fue el motor de toda su vida: “para mí, vivir es Cristo”, “ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”, “sé de quién me he fiado”. Hasta que, en tiempos de Nerón, dio el supremo testimonio en Roma con su vida.

La enseñanza que nos deja la celebración de la conversión del apóstol Pablo es evidente: si la gracia de Dios pudo transformar un fanático perseguidor en valiente defensor y propagador del Evangelio, ¡cuánto más no podrá hacer por nosotros, que hemos nacido ya en la fe del Señor. Lo importante es que estemos dispuestos a dejarnos cambiar; que no pongamos impedimentos a la acción del Señor que quiere hacer de nosotros sus entusiastas apóstoles.

En el final de su evangelio, Marcos nos transmite la gran consigna de Jesús: la evangelización a todo el mundo y hasta el final de los tiempos. Consigna muy oportuna cuando estamos celebrando la vocación de un apóstol tan admirable como Pablo.

La misión es para toda la comunidad cristiana. Los apóstoles, en primer lugar y, entre ellos, Pablo, a título especial, aunque no fuera de los doce primeros, cumplieron con heroica generosidad este encargo de anunciar el evangelio de Cristo Jesús.

¿Estamos de verdad dispuestos a dejar que actúe en nuestra vida la gracia de Dios y nos convierta en discípulos y apóstoles del Señor? ¿Qué sentimientos nos inspira la vida del apóstol san Pablo y qué enseñanza práctica nos sugiere para vivir según Cristo?

Apóstol san Pablo, haz que cada vez más te conozcamos, amemos e imitemos; que seamos miembros activos de la Iglesia, cuerpo místico de Jesucristo. Suscita muchos y santos apóstoles que aviven el cálido soplo de la verdadera caridad, extendiéndolo por todo el mundo. Haz que todos conozcan y glorifiquen a Dios Padre y a Jesús Maestro Divino, Camino, Verdad y Vida. Amén.

Bendiciones.

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