Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy jueves 5 de mayo de 2022

Día litúrgico: Jueves 3 de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,44-51):

Jesús dijo a la gente: Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y Yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: “Todos serán instruidos por Dios”. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza viene a mí.

Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo Él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida.

Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.

Pero éste es el pan que desciende del cielo, para que aquél que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo.

Palabra del Señor.

Reflexión

Continuamos meditando el discurso del Pan de Vida. En el pasaje de este día, Jesús utiliza imágenes accesibles a todos, pues forman parte de la vida diaria, son imágenes fuertes para expresar lo que sucede en el encuentro vivo con Él.

Las anteriores revelaciones de Jesús sobre su origen divino -«Yo soy el pan de vida» y «Yo he bajado del cielo» – habían provocado el disentimiento y la protesta entre la muchedumbre, que murmura y se vuelve hostil. Resulta demasiado duro superar el obstáculo del origen humano de Cristo y reconocerlo como Dios. Jesús evita entonces una inútil discusión con los judíos y les ayuda a reflexionar sobre la dureza de su corazón, enunciando las condiciones necesarias para creer en él.

La primera es ser atraídos por el Padre, don y manifestación del amor de Dios por la humanidad. Nadie puede ir a Jesús si no es atraído por el Padre. La segunda condición es la docilidad a Dios. Los hombres deben darse cuenta de la acción salvífica de Dios respecto al mundo. La tercera condición es escuchar al Padre. De la enseñanza interior del Padre y de la vida de Jesús es de donde brota la fe obediente del creyente en la Palabra del Padre y del Hijo.

Escuchar a Jesús significa ser enseñados por el Padre mismo. Con la venida de Jesús queda abierta la salvación a todo el mundo; ahora bien, la condición esencial que se requiere es dejarse atraer por él, escuchando con docilidad la Palabra de vida. Aquí es donde el evangelista precisa la relación entre la fe y la vida eterna, principio que resume toda regla para acceder a Jesús.

Sólo el hombre que vive en comunión con Jesús se realiza y se abre a una vida duradera y feliz. Sólo «quien come» de Jesús -que es el pan de la vida- no muere; pues da la inmortalidad a quien se alimenta de él, a quien, en la fe, interioriza su Palabra y asimila su vida.

¿Dónde tengo puesto mis anhelos de felicidad? ¿Jesús es todo para mí? ¿Me dejo conducir por Jesús, me dejo instruir por sus enseñanzas?

Te alabamos, Padre, porque la Eucaristía preanuncia el encuentro definitivo en la mesa de tu Reino, porque tu Espíritu da vida nueva a nuestros corazones, y porque la palabra de Cristo nos urge a comulgar su cuerpo y su sangre, garantía segura de vida eterna. Amén.

Bendiciones.

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