Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 7 de junio de 2021

Día litúrgico: Miércoles 14 del tiempo ordinario

Ver 1ª Lectura y Salmo     

Texto del Evangelio (Mt 10,1-7): Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia.

Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: “No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy comenzamos a reflexionar el capítulo 10 del evangelio de Mateo, el que contiene el segundo gran discurso de su narración, conocido como “el discurso misionero”.

Al convocar y enviar a los apóstoles, Jesús los capacitó invistiéndolos con el poder que viene de lo alto. Será muy importante que ellos recuerden siempre el origen de su función: “el poder de Jesús”, para no creer que tienen esta autoridad por mérito propio.

La misión a la que alude este texto es misión previa, como entrenamiento, diríamos. Junto a la proclamación de la cercanía del Reino de los cielos, han de realizar un doble servicio: un servicio de curación espiritual, expulsando espíritus inmundos, y uno corporal, curando toda enfermedad y dolencia. Unos versículos antes Mateo aplicaba a Jesús esa misma misión. Los apóstoles han de continuar la misión de Jesús.

Esa es la tarea de la Iglesia. No tiene evangelio propio, ni misión propia. Su misión es la de Jesús: predicar el Reino de los cielos, y adelantarlo curando, haciendo el bien, acercándose a los necesitados, a los que sufren. Es necesario unir a la Palabra heredada de Jesús y proclamada por los apóstoles, la acción de ayuda en el cuerpo y en el espíritu a los mas necesitados.

No todos somos sucesores de los apóstoles, pero todos somos seguidores de Jesús y debemos continuar, cada uno en su ambiente, la misión que Él vino a cumplir. Todos los bautizados formamos la Iglesia “apostólica” y “misionera”.

¿Damos testimonio del amor y la cercanía de Dios a nuestro alrededor, curando las dolencias, expulsando los demonios de nuestra sociedad, ayudando a que todos puedan vivir su existencia con esperanza y sentido?

Señor Jesús, ayúdanos a dar testimonio de tu amor en medio de la sociedad que sufre por no conocerte. Te pedimos por todas aquellas almas que aún no te han conocido y andan en tinieblas, para que algún día abran los ojos de sus corazones al amor de Dios.

También te pedimos por aquellas personas que aun conociéndote no se acercan a ti. Amén.

Bendiciones.

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