Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 24 de septiembre de 2021

Día litúrgico: Viernes 25 del tiempo ordinario

24 de Septiembre: La Virgen de la Merced

Texto del Evangelio (Lc 9,18-22):

Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con Él, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy Yo?”

Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”.

“Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy Yo?”

Pedro, tomando la palabra, respondió: “Tú eres el Mesías de Dios”.

Y Él les ordenó terminantemente que no lo anunciaran a nadie, diciéndoles:

“El Hijo del hombre debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”.

Palabra del Señor.

Reflexión

El evangelio que leemos hoy nos relata la confesión de fe de Pedro  y el anuncio de la pasión; este relato sigue al de la multiplicación de los panes, en la que Jesús dando de comer a una multitud realizó el signo mesiánico por excelencia y al de la inquietud de Herodes que indaga sobre la identidad de Jesús.

Tras la oración, Jesús toma la iniciativa. Abre espacio para que sus discípulos se expresen; les formula dos preguntas directas: “¿Quién dice la gente que Soy Yo?” “Y ustedes, ¿quién dicen que Soy Yo?”; ambas plantean la cuestión acerca de la percepción que tienen los lejanos y los cercanos acerca de su identidad.

Después de un buen tiempo viviendo con Jesús, los discípulos están ya en condiciones de no confundirlo con un profeta más, pues han vivido de cerca la mayor parte de los acontecimientos que hasta ahora ha narrado el evangelio: las curaciones, la expulsión de demonios, las enseñanzas, y al igual que la muchedumbre, han podido hacerse una idea acerca de quién es el Maestro.

En el diálogo que sostiene Jesús con los suyos, la gente aparece un tanto despistada respecto al Señor, no así los discípulos que ya han entendido que es el Mesías de Dios, el esperado, y Pedro, una vez más, es su acertado portavoz. Sin embargo Jesús impone silencio a los suyos, justo antes de indicarles su fin próximo, en la perspectiva nada satisfactoria de la cruz. ¿Por qué? Quizá porque la fe mesiánica, sin la cruz, resulta nada convincente, parcial e insuficiente.

Hoy podemos intentar responder a la pregunta que Jesús hace a sus discípulos. Quizá no nos salga una respuesta tan clara y contundente como la de Pedro. Quizá en el fondo no entendamos bien a este galileo ni su forma de comportarse. Quizá a veces nos parezca poco prudente o demasiado radical. Pero lo que tenemos que seguir escuchando es su invitación a seguirle, a estar con él, a escucharle.

La pregunta que hace Jesús a sus discípulos se nos repite periódicamente a nosotros, y no es superflua: ¿quién es Jesús para nosotros? Claro que “sabemos” ya quién es Jesús. No solo creemos en Él como el Hijo de Dios y salvador de la humanidad, sino que lo queremos seguir con fidelidad en la vida de cada día. Pero tenemos que refrescar con frecuencia esta convicción, pensando si de veras nuestra vida está orientada hacia Él, si lo aceptamos, no solo en lo que tiene de maestro y médico milagroso, sino también como un Mesías que va a la cruz, que es lo que Él añade a la confesión de Pedro.

Esto último es lo que más les costaba a los apóstoles aceptar en su seguimiento de Jesús, porque el mesianismo que ellos tenían en la cabeza era más bien triunfalista y sociopolítico.

La pregunta puede completarse en dirección a nuestro apostolado con los demás: en la catequesis, en la predicación, en la reflexión teológica, ¿A qué Jesús anuncio yo? ¿Al Jesús del evangelio, o al que nos “gusta” porque lo presentamos más cómodo y según la tendencia ideológica de turno? La Buena Noticia no nos la inventamos. Nos viene de Cristo, consoladora y exigente al mismo tiempo.

Los momentos más importantes de la vida de Jesús estaban precedidos por la oración.

¿Necesitamos de ella como del aire para respirar? ¿Cuál es la imagen que tenemos de Jesús? ¿Es la imagen que nos presenta la Palabra de Dios o es la imagen que a nosotros nos acomoda?

Señor Jesús, te creemos resucitado y vivo hoy como ayer, y estamos seguros que vives en nosotros por tu Espíritu. Concédenos conocerte a fondo por la fe y la amistad; y haz que, amando a los hermanos, nos entreguemos a la fascinante tarea de amarte apasionadamente a ti. Amén.

Bendiciones.

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