Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 22 de septiembre de 2021

Día litúrgico: Miércoles 25 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 9,1-6): Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para sanar las enfermedades. Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos, diciéndoles: “No lleven nada para el camino, ni bastón, ni provisiones, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno. Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”.

Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y sanando enfermos en todas partes.

Palabra del Señor.

Reflexión

El evangelio de hoy describe con detalle como Jesús decide enviar a sus apóstoles a una  primera misión. Para Lucas la misión de los discípulos es una extensión de la misión de Jesús.

Los Doce son convocados solemnemente por Jesús; es como si los volviera a llamar. Jesús les da investidura para que ejerzan la misión con autoridad, les comunica la misma fuerza que lo ha acompañado en el combate contra el demonio y el mismo poder con que ha hecho curaciones. La misión apunta a la victoria sobre el mal -los demonios- y a la recuperación del hombre -superación de las enfermedades-. La obra de los apóstoles va más allá de los exorcismos y de los milagros en sí mismos, sus acciones son signo de lo que se proclama de viva voz: ¡Ha llegado el Reino de Dios!

Jesús los ha dotado de autoridad y poder, los apóstoles por su parte deben renunciar a sus seguridades habituales. Por eso Jesús los instruye para que «No lleven nada para el camino». Los apóstoles: viajan como personas que van de prisa, que deben cubrir una gran distancia en un tiempo reducido; confían plenamente en la providencia de Dios; dejan todo para recibirlo todo de Dios. Su renuncia es signo de su fe en que Dios Padre, origen de la misión suplirá sus necesidades; están siempre y completamente disponibles para el trabajo evangélico.

Igualmente deben saber vivir la acogida y el rechazo; saben recibir lo que les ofrezcan en la misión y no intentan buscar un mejor alojamiento en otra parte; saben vivir el fracaso en la tarea apostólica con la acción simbólica de sacudir el polvo de los pies, eximiéndose así de toda responsabilidad en la condenación de quien ha rechazado voluntariamente a Jesús y como testimonio de acusación para el día del juicio.

Lucas nos informa que los Doce hicieron al pie de la letra aquello para lo cual fueron enviados: «Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el evangelio y curando en todas partes». Es así como testimonian el mensaje, con las mismas obras de Jesús.

Así, Jesús envía a sus seguidores a anunciar el evangelio en unas condiciones que hoy nos resultarían casi inadmisibles, pues nos parece una locura ir por ahí sin llevar nada para el camino; nos hemos acostumbrado a planificar, a proyectar y calcular los pasos que damos.

En una misión así ¿quién nos alojará? ¿qué vamos a comer? ¿y qué pasa si no me quieren recibir? Hoy debemos recordar que Todos los bautizados estamos llamados a la misión. “Somos discípulos misioneros” y esta tarea misionera, que es un envío, supone, necesariamente, humildad, disposición y pobreza de espíritu. Tal vez hoy nos falta hacer caso a Jesús: ir, anunciar y despojarnos de todo aquello que nos impide poner nuestra seguridad en su Palabra.

Como los discípulos, los misioneros de hoy, deben ser libres interiormente, sin demasiado equipaje. No deben buscarse a sí mismos, sino dar ejemplo de desapego económico, no fiarse tanto de las provisiones o de los medios técnicos, sino de la fuerza intrínseca de la Palabra que proclaman y del “poder y autoridad” que Jesús les sigue comunicando para liberar a este mundo de todos sus males y anunciarle la noticia de la salvación de Dios.

¿Cómo estoy viviendo mi vocación de discípulo misionero?

¿Pongo mi confianza en el Señor que me envía?

¿Estoy dispuesto a emprender la misión sin equipaje?

Señor, Tú nos quieres disponibles con la libertad de la pobreza para compartir con los demás lo que Tú nos regalas. Líbranos de tanto bagaje inútil que nos instala y entorpece en el anuncio del Reino, para que no ahoguemos el espíritu de la misión. Amén.

Bendiciones.

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